Friday 24 de March de 2017

La amenaza que viene

     19 Sep 2012 04:00:00

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Felipe Calderón no debió esperar mucho para sentirse aborrecido por el pueblo, a menos que en su México imaginario haya creído que eran para otro los gritos de ¡asesino, asesino! que le fueron prodigados la noche del sábado anterior en la ceremonia del Grito en la Plaza de la Constitución.
Los rayos láser, apuntados a su cara, fue otra agresión de la que no pudo escapar. Y para su mala fortuna, hasta un fuerte aguacero lo obligó a acortar la ceremonia, última de un sexenio próximo a terminar y ya considerado como el más nefasto de los últimos 30 años.
Pero antes de irse, como postrera venganza contra un pueblo que mayoritariamente no lo aceptó desde el principio de su gestión presidencial, queda su empeño en el proyecto de reforma laboral, que con carácter de iniciativa preferente envió a la Cámara de Diputados para su pronta resolución, y que de aprobarse tal como está, sería un arma legal para liquidar los derechos laborales que aún están vigentes, al menos en el papel, porque en la práctica casi han sido conculcados.
¿Para qué una reforma laboral? Según dicen Gobierno Federal y empresarios, para dar certeza a las relaciones entre trabajadores y empresarios; certeza a las inversiones nacionales y extranjeras y promover la creación de empleos, uno de los más graves problemas económicos que nos dejan seis años de gobierno de Felipe Calderón.
Por lo que los dirigentes de partidos expresan, la mayoría de los nuevos diputados está dispuesta a aprobar una reforma que no resolverá el problema del desempleo, ni reactivará inversiones ni producción, y en cambio significará un gravísimo daño a los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de muchos años.
Será un retroceso que establecerá la contratación temporal, abaratará los despidos, legalizará la intermediación (outsourcing) limitará el pago de salarios caídos en los conflictos obrero-patronales, dificultará las huelgas y reducirá sus derechos y alcances. En fin, una reforma al gusto de empresarios deshonestos y expoliadores.
A pesar de que esto significa un fuerte golpe para la clase laboral e incluso para la misma economía del país, porque propiciará la reducción de salarios, un creciente empobrecimiento de la mayoría de la población y por tanto la debilitación del mercado, hasta ahora no hay señales claras y contundentes de rechazo de los trabajadores, aunque es posible que sean ocultadas por los medios de comunicación, cuya mayoría ya demuestra su adhesión a los poderes dominantes hoy.
Impedir que la iniciativa calderonista se imponga parece tarea imposible, pero si las fuerzas sindicalistas libres y democráticas optan por unirse y nuclear a la clase trabajadora, podría echarse abajo. No formar ahora un frente en defensa de los derechos laborales sería una claudicación de la cual difícilmente podría reponerse la sociedad mexicana.

*Periodista
ricgomm@hotmail.com




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