Thursday 19 de January de 2017

La anécdota como método

     6 Aug 2012 04:00:00

A- A A+

Compartir:

Con el mismo andamiaje institucional y, en esencia, las mismas reglas de la competencia, ganaron la Presidencia de la República Vicente Fox en el 2000, Felipe Calderón en el 2006 y ahora Enrique Peña Nieto el pasado 1 de julio.

Pero también en ese marco legal Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal electo en 1997 y tomaron su curul los diputados y senadores del PRD, PT y Movimiento Ciudadano (Convergencia) de las últimas cinco legislaturas, así como protestarán su cargo los miembros de la 62 Legislatura que inicia el próximo 1 de septiembre.
El marco institucional de las elecciones tiene como eje desde por lo menos 1996 al Consejo General del IFE y al Tribunal Electoral y a una serie de leyes, acuerdos y resoluciones que establecen, en su conjunto, condiciones de equidad en la contienda. No es un esquema perfecto en la medida que el acceso al dinero y a otros recursos, desde los orígenes de la democracia en los países capitalistas, no deja de ser un elemento determinante. (El menos malo de los sistemas, Churchill dixit). Pero estas son precisamente las condiciones en las que siempre han aceptado participar todos los candidatos (López Obrador de hecho ya dos veces, o tres si se incluye la elección en el DF que ganó en el 2000). Son también las condiciones que todos los partidos avalan día a día.
Pero ahora los seguidores intelectuales de Andrés Manuel López Obrador claman fraude, y pretenden probarlo... con anécdotas (véase, "Fraude 2012", escrito por Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, et. al., un folleto de cerca de 50 páginas).
El proceso electoral mexicano es uno de los más regulados en el mundo. Prácticamente todos los pasos, aspectos, hipótesis, accidentes, etc. que suceden o pueden suceder en una elección traen aparejados una disposición que los norma, ordena o sanciona. Pero ni un Leviatán -ominpotente u ominpresente- puede evitar que los ciudadanos, empresas, partidos o candidatos transgredan la ley. Lo que sí puede es castigarlos. Y de hecho, todas las acciones ilegales presuntamente cometidas por los contrincantes de López Obrador están consideradas en el Código Penal, el Cofipe y otras disposiciones jurídicas complementarias.
Sin embargo, aún en el supuesto de que dichas irregularidades hubiesen ocurrido, ello no significa que se hubiese cometido un "fraude" en las elecciones pasadas. Argumentar que la derrota de López Obrador es producto de un fraude es negar lo que se ha construido en las últimas dos décadas (con la participación de ciudadanos, partidos políticos, incluidos el PRD, PT y MC, Consejeros del IFE como el propio abogado de esta causa, Jaime Cárdenas, y otros tantos actores). Y querer hacer una comparación con lo sucedido en las elecciones de la postrevolución, como lo pretenden Taibo, Poniatowska y compañía, es históricamente insostenible. O es una muy mala historiografía o simplemente no se conoce la historia política del siglo 20.
Las reglas que rigen las elecciones en México no son perfectas, pero tampoco lo son las de cualquier otra democracia moderna en Norteamérica, América Latina o Europa occidental. Nuestro sistema establece bases para elecciones competitivas en las que, por lo menos, tres partidos (PRI, PAN y el PRD) tienen posibilidades de ganar la Presidencia de la República.
Contra esta realidad concreta, estructural y jurídica, los seguidores más devotos de Andrés Manuel López Obrador cuentan historias de abusos, excesos y dispendio, como que "en Pahuatlán funcionarios públicos reparten machetes... En Tlacuilotepec reparten material de construcción, en Chila serán tarjetas telefónicas; en Ahuazotepec se distribuyen despensas la noche anterior a las elecciones".
Un hilo de anécdotas no son evidencia de un fraude; ni siquiera califican en la mayoría de los casos como pruebas para una impugnación ante el Tribunal Electoral.
En cualquier caso, a pesar de que muchas de estas historias fuesen verdad y tuvieran el alcance que pretenden los cronistas de "Fraude 2012", el querer descalificar las elecciones presidenciales a partir de ellas es, por lo menos, simplista. Significa, entre otras cosas, desconocer el funcionamiento de un sistema electoral probado y sofisticado (del que se ha beneficiado el propio PRD). Las presuntas infracciones y delitos están tipificados y deben sancionarse en su caso. Pero aun de probarse su existencia, esto no se traduce en una elección fraudulenta -aunque haya perdido López Obrador.

*Exconsejero electoral del IFE
emilio.zebadua@hotmail.com




Lo más leído
Google se 'viste' de luto tras ataque en colegio de Monterrey
Choque entre camión de arena y autobús en India deja 20 niños muertos 
Se reúne Alejandro Tello con Rosario Robles 
Balean una casa en la colonia Alma Obrera durante la madrugada 
Analizan implementación del operativo mochila en Zacatecas 
#Video ‘No hay pena más grande que ver sufrir a nuestros hijos’: EPN 
Clausura la Profeco una mina en el Estado de México por irregularidades 
Disney confirma que todas las cintas de Pixar están conectadas
Evalúan factibilidad para edificar un campus de la UAZ en Monte Escobedo 
Se deslina exdirector de Volkswagen de manipulación en control de emisiones 
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 22.00
Venta 22.5
€uro
Compra 23.29
Venta 23.79

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad