Tuesday 17 de January de 2017

La batalla ajena

Días antes de la Toma de Zacatecas, los capitalinos vivían el esplendor porfiriano y no sospechaban la dimensión del combate que villistas y federales librarían el 23 de junio de 1914

     23 Jun 2011 03:20:00

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  • La pompa del Porfiriato se aprecia en uno de los festejos por el aniversario de la Independencia, celebrada por lo alto con un magno desfile. La pompa del Porfiriato se aprecia en uno de los festejos por el aniversario de la Independencia, celebrada por lo alto con un magno desfile.
  • Aspecto de la vida cotidiana. Aspecto de la vida cotidiana.
  • En las principales calles del Centro se veía la bonanza. En las principales calles del Centro se veía la bonanza.
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Días antes de que Zacatecas se convirtiera en el escenario de una de las más cruentas batallas de la Revolución, su población seguía disfrutando de la cómoda vida a la que se había acostumbrado durante las felices décadas del Porfiriato.  
“La ciudad mantuvo su ritmo de forma casi escandalosa”, afirma el historiador Marco Antonio Flores Zavala, quien sostiene la idea de que los pobladores de Zacatecas no estaban identificados con ninguno de los bandos en disputa, y que la ciudad fue rehén de ambos ejércitos.   
Edgar Hurtado, quien al igual que Flores es maestro del Posgrado en Historia de la UAZ, coincide con esa idea, y agrega que en la ciudad había una sensación general de tranquilidad, pues se desconocía el tamaño de la fuerza atacante, y por otro lado se confiaba en la capacidad de defensa del ejército federal.   
Los cerca de 10 mil efectivos que Victoriano Huerta había enviado a Zacatecas para detener el avance de Francisco Villa debieron parecer imbatibles a la población, que no imaginaba que la División del Norte trajera poco más del doble.
Entre ambas fuerzas sumaron 30 mil combatientes, la misma cantidad de habitantes que tenía Zacatecas hacia 1914.
Sin sospechar la magnitud del enfrentamiento, tiendas, cantinas, casinos, cines, lo mismo que oficinas de gobierno, abrieron con normalidad en los días previos al 23 de junio.
De hecho, la constante llegada de refuerzos federales animó las calles, que se colmaron de puestos y ventas de todo tipo de productos.
Botón del Porfiriato
Para 1914, Zacatecas era una ciudad concentrada en 10 calles empedradas, que a la fecha son las principales del Centro Histórico.
La Avenida Hidalgo como calle principal era el lugar de los bancos, las oficinas de gobierno y las casas comerciales, de las cuales varias eran propiedad de extranjeros.
La bonanza de la minería era visible a lo largo de esta avenida, en la que destacaban dos nuevos edificios como lo eran el Mercado González Ortega y el Teatro Fernando Calderón, los grandes símbolos de la prosperidad que vivía Zacatecas desde la segunda mitad del siglo 19.
“La ciudad era un testimonio de los esfuerzos modernizadores que había emprendido la administración porfirista”, asegura Hurtado.
Durante esos años previos a la Toma de Zacatecas se empedraron varias calles, una parte del Arroyo de la Plata se embovedó, la ciudad se embelleció con jardines como la Alameda y el Jardín Independencia, y se introdujeron el agua potable, el drenaje y la luz eléctrica en las principales calles.
“Era una ciudad moderna; una buena parte de su población se dedicaba al comercio y a los servicios”, dice Flores Zavala, quien pone como ejemplo la existencia de dos cines, algunos automóviles y un tranvía que atravesaba la avenida Hidalgo.
Contrastes
 La élite económica y política de la ciudad, integrada por propietarios de minas, grandes comerciantes y algunos hacendados, habitaban las lujosas casas del centro, y tenían su centro de reunión en el Casino Zacatecas, que por años se ubicó en el Teatro Calderón.
En los últimos años, a la par de esa élite había surgido una clase media dedicada al pequeño comercio o las labores de oficina; sus integrantes tenían estudios, algunos eran profesionistas.
El Instituto de Ciencias y la Escuela Normal permitían obtener una educación y alcanzar un puesto mediano en la administración pública. Había un buen número de escuela de primeras letras, una biblioteca y un hospital.
La clase media podía pagar por una entrada al cine, o ir a clubes con cantina y billar. Y surgieron las sociedades cooperativistas, que servían como cajas de ahorro.
La situación era diferente en los alrededores de la ciudad, ahí estaban los barrios pobres. Se trataba de caseríos desordenados sobre las laderas de los cerros y entre las barrancas formadas por la explotación minera.
También a las afueras de la ciudad estaba la estación de tren. Aquí llegaba diariamente un tren que iba a la Ciudad de México y otro a Ciudad Juárez.
A mediados de junio de 1914 ya sólo corría en un sentido, pues los revolucionarios se habían apoderado del norte del país.  
Pasividad general
Flores Zavala afirma que los pobladores de Zacatecas no tuvieron muchas oportunidades de abandonar la ciudad en las vísperas de la batalla.
“La infraestructura de ese entonces no permitía una evacuación masiva. Por otro lado había la confianza en que la ciudad estaba bien defendida”, dice.
Hurtado explica que la gente no pensaba que los rebeldes pudieran ganar. Había algo de información sobre lo que pasaba en el norte, pero se trataba de rumores.
Los periódicos, basados en información oficial, hablaban sobre algunos levantamientos aislados, que de ninguna manera representaban un peligro para Zacatecas.
Para junio de 1914 la ciudad llevaba viviendo casi un año bajo el régimen militar que Huerta había implementado en los estados bajo su control.
Salvo contadas excepciones, nadie en Zacatecas se había opuesto al golpe militar de Huerta. Los supuestos maderistas, y por lo tanto sus opositores naturales, lo reconocieron como Presidente desde el Congreso estatal.  
Hurtado advierte que no hay que juzgar a quienes reconocieron el golpe, pues entonces se vivían momentos de gran incertidumbre, y no es extraño que gobernadores y congresistas locales hayan apoyado a un general tan prestigioso como Huerta.
Esfuerzo externo
La de Zacatecas era una sociedad católica y tradicional que no había participado masivamente en ningún momento de la Revolución.
Los insurrectos fueron casos excepcionales y de ninguna manera representaron a la ciudad o el estado. La mayoría de los dirigentes se habían pronunciado por la espera y la prudencia.
De acuerdo con Flores, la élite política zacatecana era un grupo muy cerrado y en proceso de envejecimiento.
La conformaban liberales de la vieja guardia y católicos recalcitrantes, muchos de los cuales habían permanecido como diputados hasta por cinco periodos.
“La clase media no mostraba el mínimo arrojo por disputar el poder, y no había una figura militar que encabezara la Revolución, como sí la hubo en otros estados”, explica.
Luis Moya, el símbolo maderista en el estado, había muerto en 1911. Para 1914, Pánfilo Natera trataba de impulsar la Revolución desde Sombrerete, pero no tenía la fuerza suficiente, y falló en su intento de tomar Zacatecas en los primeros días de junio.
Fue por ello que Villa y la División del Norte se movilizaron desde Torreón, ciudad que acababa de tomar en una cruenta batalla, y avanzó contra el que era el último bastión federal.
Flores Zavala afirma que la batalla de Zacatecas no decidió gran cosa, pues la suerte de Huerta ya estaba echada.
Aun si hubiese podido defender Zacatecas, con el norte perdido y el Puerto de Veracruz tomado por la Marina estadounidense, que intervino a favor de los revolucionarios, no podía revertir la situación.   
 




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