Monday 16 de January de 2017

La compra de votos: mitos y realidades

     12 Jul 2012 04:00:00

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Andrés Manuel López Obrador ha escogido la compra del voto como la narrativa con la que justificará su derrota del domingo 1 de julio.

Habilidoso, como es, elige un discurso en el que puede tener una especie de triunfo ético: abanderando una causa justa, en la que denuncia un sistema clientelar y corporativo que la mayor parte de la opinión pública liga a su adversario de ocasión. En este caso: el PRI.
Sin embargo, yo sostengo que la discusión amerita dos interrogantes, a las que daré respuesta. La primera es de orden moral: ¿Existe alguna justificación para avalar dicha práctica? Y la segunda es sobre su eficacia: ¿La compra de voto definió la elección del 2012?
Me parece que hay que responder primero la segunda pregunta para descubrir la respuesta a la primera.
Yo he analizado este tema de manera teórica y de manera empírica, y para responder utilizaré los datos de la elección presidencial.
Ricardo Monreal dijo que la compra del voto se dio, con mayor énfasis, en los estados de México, Jalisco y Veracruz.
Si esta operación hubiera sido realmente definitoria, no se explicaría la altísima diferenciación del voto en esos estados.
En Jalisco, por ejemplo, el candidato a gobernador de Movimiento Ciudadano obtuvo 500 mil votos más que López Obrador (aun y cuando a Andrés Manuel lo apoyaron los tres partidos de la Coalición Movimiento Progresista). Un 65% más de votos para Alfaro que para AMLO, en ese estado.
No falta quien señale que este fenómeno se dio porque cuando se “compró” el voto, solamente se hacía exigiéndolo para la elección presidencial.
Sin embargo, y paradójicamente, el fenómeno inverso se dio exactamente en estados como Veracruz y el estado de México, donde López Obrador obtuvo 200 mil votos y 100 mil votos más, de manera respectiva, que los candidatos a senadores y diputados federales.
¿Hay algún procedimiento tan sofisticado de compra de voto que pueda explicar estos resultados electorales? No desde mi punto de vista.
Lo mismo sucede en el caso de Zacatecas. La izquierda desestimó la capacidad reflexiva de los zacatecanos. Las postulaciones de Claudia Corichi y David Monreal demostraron una malinterpretación de las encuestas; personajes conocidos pero con alta imagen negativa y poca capacidad de crecimiento. En el distrito de la capital, ni siquiera tuvieron una candidatura que cumpliera con los requisitos legales hasta la última semana de la elección.
No es casualidad que López Obrador haya obtenido 8 mil votos más que su candidata a diputada federal en el Distrito 4. Tampoco lo es que David Monreal haya obtenido más votos en el distrito de Fresnillo que Juan García Páez.
Esa nueva ciudadanía yo me la encontré hace dos años en Guadalupe. En la campaña, muchas voces me señalaban que habría compra masiva de votos por parte del gobierno de Amalia García. Nunca reaccioné a esos delirios, aunque fuera testigo del desvío de recursos públicos de mis adversarios.
La gente votó en una proporción del 60% por Miguel Alonso, del 40% por Roberto Luévano y un servidor y del 25% por Clemente Velázquez. A Miguel Alonso lo votaron porque lo conocían y a Clemente, no lo votaron por la misma razón. Nosotros fuimos beneficiados con la duda, de gente que escogió caras nuevas en el contexto de un proyecto estatal.
A lo largo de las últimas semanas, he platicado con muchos amigos. Una buena parte de ellos votó por López Obrador, otra por Vázquez Mota y algunos por Enrique Peña; cuando les pregunto por quién hubieran votado si el candidato hubiera sido Marcelo Ebrard, la respuesta es apabullante.
La izquierda erró en sus candidatos. En algunos lugares, a grado tal que obtuvieron menos votos que López Obrador, y en algunos lugares, sólo se vio que el verdadero error fue seleccionar a AMLO, como Jalisco y el DF, donde perfiles ciudadanos obtuvieron (entre los dos) 1 millón de votos más que Andrés Manuel.
Por eso creo que no hay ninguna justificación para la práctica de compra de voto. Porque no es funcional y porque sólo le trae descrédito a la política.
Eso no lo entienden quienes han llenado el calcetín de lodo y lo han aventado al ventilador para salpicar a la política. No entienden que mientras sigan alimentando el mito, habrá gobiernos (tanto a nivel federal, como estatal y municipal) que se vean tentados a incurrir en estas conductas.
La compra del voto es, en principio, una ofensa directa a los ciudadanos, a quienes se les acusa de vender su voluntad al mejor postor, pero también es un discurso que sólo beneficia a algunos cuantos políticos, que elección tras elección llenan sus bolsillos con el pretexto de “operar”.
El león cree que todos son de su condición, pero afortunadamente los mexicanos hemos cambiado mucho en los últimos años.

*Diputado local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com




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