Monday 23 de January de 2017

La conversión o arrepentimiento ante la misericordia y la gracia de Dios

El Día del Señor

     3 Mar 2013 03:40:00

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Jesús es paciente y sabe perdonar a los que se arrepienten y le piden perdón.
Jesús es paciente y sabe perdonar a los que se arrepienten y le piden perdón.

INTRODUCCIÓN
El tema central y oportuno para este tiempo de Cuaresma en su tercer domingo es la misericordia y la gracia que, Dios abundantemente ofrece y otorga a los hombres que creen en él e iluminados con su palabra, responden con el arrepentimiento y con el dolor de haber pecado, mereciendo con esto la pena  o castigo que puede llevar a la muerte del alma como separación de Dios quedando impenitentes y alejados de él temporalmente y  por desgracia definitiva, impenitentes para siempre con la condenación eterna.
La revelación divina en las sagradas escrituras, nos hace ver a Dios quien es lento a la ira, rico en piedad y misericordia, que él no quiere la muerte de los pecadores, sino que se conviertan y vivan. Ahondemos hoy en esta realidad consoladora y sobre todo en la Cuaresma como oportunidad apremiante para unirnos al Señor con la respuesta a su llamado renovándonos con su perdón y su gracia.

LA NECESIDAD DE NUESTRA CONVERSIÓN EN ESTA CUARESMA
La conversión o arrepentimiento son actitudes esencialmente necesarias para volver a Dios después de que lo hemos ofendido.
Esta conversión tiene que ser exterior como cambio de vida en la práctica y sobre todo cambio interior del corazón. Es pasar del estado de pecado al estado de gracia. Supone un desprendimiento de lo que pecaminosamente ata alejándose de Dios y cayendo en las redes del demonio, quien busca siempre perder a los hombres rompiendo sus relaciones con Dios y entre sí.
El evangelio nos llama al arrepentimiento rechazando la mala vida y se nos invita a entrar arrepentidos y purificados al reino de Dios que ya está en medio de nosotros.
A partir de este tercer domingo de la Cuaresma, la liturgia de la palabra se centra abiertamente en el tema de la conversión para la renovación bautismal de los creyentes. La conversión, antes de que sea demasiado tarde, es la respuesta adecuada a la paciencia de Dios.
La vida de los hombres sobre la tierra es muy corta; estamos siempre ante la mirada de Dios altísimo, quien conoce íntimamente lo que acontece en nuestras conciencias y los afectos del corazón; sus tendencias pecaminosas y el desorden de las pasiones.
Todo esto lleva a pecar, a ofender al Señor y a nuestros prójimos, cayendo en la idolatría aferrándose a las cosas de este mundo, que deben ser encausadas sabiamente, para conseguir los bienes y riquezas del reino de Dios y vivir resucitados del pecado y la muerte eterna. Este es precisamente el camino para llegar a participar en el gozo del cielo.

LA MISERICORDIA Y LA GRACIA DEL SEÑOR DEBEN SER LAS FUENTES DE UNA CONVERSIÓN ADECUADA PARA GANAR EL REINO DE LOS CIELOS Y SALVARSE.
Cristo nos ha mostrado que seamos misericordiosos como lo es su Padre. En las escrituras santas, podemos trazar un bosquejo de lo que quiere significar la misericordia de Dios. En primer lugar el vocablo significa la compasión que un ser siente por otro. Es compartir con los débiles y que sufren, una identidad como “metiéndose en el pellejo del otro”.
Dios sabe que estamos hechos de barro, flaqueza y debilidad. Al compadecerse de los hombres pecadores, no nos trata como merecen nuestros pecados. Es paciente y sabe perdonar a los que se arrepienten y le piden perdón.
También el término misericordia en Dios significa la piedad, como relación entre dos seres que implica fidelidad como solidaridad consciente, libre y generosa.
Es la puesta en marcha del amor de Dios hacia sus criaturas pecadoras, ejercer la compasión, la clemencia, la bondad.
De esto que estamos diciendo, Dios desde un principio al crearnos y luego perdonarnos y salvarnos, da a conocer su ternura con ocasión de la miseria humana. Y el hombre a su vez, arrepentido, debe mostrarse misericordioso como lo es su Creador y Redentor.
Por otra parte, la misericordia divina va asociada de manera complementaria e inseparable, con la gracia que Dios otorga a los hombres que deben ser recreados y ser capacitados para volver a él, a quien se ha ofendido.
El salmo 50, nos hace pedir que por la gracia divina y su poder, tenga la bondad de crear un corazón nuevo. Que olvide las ofensas de sus hijos pecadores, quienes arrepentidos quieren volver a él y cumplir sus mandamientos.
La gracia en el orden sobrenatural es el don o regalo gratuito que encierra y abarca todos los demás dones. El don de dones es Jesucristo, quien lleno de la vida del Espíritu Santo, ofrece con amor y libertad sin límites, su vida, su entrega generosa hasta la muerte y muerte de Cruz, que luego es coronada por su gloriosa resurrección.
La gracia así entendida es la vida que nuestra Señor inmerecidamente, de nuestra parte, se nos da para el tiempo y para la eternidad. Es prenda y arras de la vida que con la fe, la esperanza y la caridad, queremos alcanzar con Cristo, camino, verdad y vida.

CONCLUSIÓN
La Cuaresma nos invita a no dejar pasar la misericordia y la gracia de Dios. Ellas son las fuentes de donde brota la vida nueva y gozosa, más allá de las tristezas y amarguras del pecado y de la muerte. Ellas nos conducen a la verdadera vida que tendrá su esplendor perfecto y definitivo con Cristo y sus santos en el paraíso.
Nuestra conversión nos debe llevar a una vida sin pecado y con conversión continuada y progresiva hasta el encuentro definitivo con Dios. Conversión que transforma la vida familiar, según el diseño de Dios. Instaurar nuevas relaciones de comunión y participación en todos los ámbitos de la vida social, atendiendo a los más desamparados y miserables.
Por último, perdonando y restaurando con el poder de la misericordia y gracia divinas, nuestras relaciones de fraternidad y amor con los enemigos y con quienes nos hacen daño.
¡Que esta Cuaresma sea la oportunidad para abrevarnos como los ciervos sedientos, a las fuentes de la misericordia y gracia que surgen del corazón amoroso de Cristo, vida nuestra!...

*Obispo emérito de Zacatecas




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