Tuesday 24 de January de 2017

La democracia en la que veo

     7 Jun 2012 04:00:00

A- A A+

Compartir:

"¿Es verdad que dijo que 'si regresa el PRI no sería un retroceso para el país'?
Sí, no sería un retroceso para el país. Eso está, también, en el código de la contienda democrática.

¿Eso lo pensó?
Sí. Eso depende de los ciudadanos que van a las urnas.
¿Un cambio con Peña Nieto?
Bueno… si la gente vota por él.
¿Tiene todos los elementos técnicos para sostenerlo?
Sí. Ahora, a mí me gustaría que subsista el equilibrio de poderes. Pero dependerá de los votantes. No de mí”.
Entrevista de Fernando del Collado a José Woldenberg, publicada en Milenio el 13 de mayo de 2012.
Al inicio de esta semana, en la columna política más influyente a nivel local (El runrún, de Francisco Reynoso), inicié un debate que hoy me parece pertinente retomar.
No lo haré desde la visión aldeana de quienes no se interesan por el desarrollo del proceso electoral, y piensan que lastimando mi imagen se les abrirá el camino para espacios políticos en el 2013. Espacios, que por cierto, no buscan para impulsar cambios legales o administrativos, sino para obtener un sueldo y una serie de privilegios personales que en ningún otro lugar podrían tener, dada su escasa formación profesional y su limitada capacidad productiva.
Retomo este debate porque me preocupa el tono que han ido adquiriendo las campañas en días recientes. Los spots del PAN y del PRI son ejemplos evidentes, como también lo es la campaña permanente contra Peña Nieto en redes sociales.
El problema no es que haya personas que estén en contra de Enrique Peña o de López Obrador. La fragilidad de una democracia, dice Giovanni Sartori, “no se da a partir de la intensa contraposición de ideales”. Lo preocupante es que, en medio de la polarización, se defienda abiertamente el veto hacia alguno de los participantes en una contienda electoral, a base de mentiras y calumnias.
En Estados Unidos, por ejemplo, en la actual elección presidencial, el debate de la contienda interna republicana fue tremendamente ríspido. Mitt Romney, el candidato ganador, lanzó anuncios de televisión en los que se vestía a su contrincante Rick Santorum de francotirador (se disfrazaba a un personaje que simulaba ser él en el rol de “Rambo” con una metralleta).
Los republicanos sacaron a relucir la vida personal de cada uno de los aspirantes a la nominación: sus matrimonios, sus aventuras, sus creencias religiosas, el pago de sus impuestos. Hoy, tanto Newt Gingrich, como Jon Hunstman y Rick Santorum, están haciendo campaña junto al ganador de la interna, Mitt Romney.
¿Cuál es la diferencia de lo que pasa en Estados Unidos y en México? Allá nadie se atrevería a decir que “de ganar un candidato, habría fraude”, con todo y que la iniquidad es mucho mayor, dadas las fuentes de financiamiento. Romney, por ejemplo, gastó cuatro veces más que Santorum en las primarias.
Aquí, por el contrario, las campañas transcurren en medio de fanatismos.
A algunos les parece un exceso que yo me atreva, siquiera, a defender la autoridad moral de Andrés Manuel López Obrador (aunque lo haga para exigirle acciones contundentes por el “pase de charola” que hicieron empresarios ligados a su campaña por un monto de 6 millones de dólares).
También les ha parecido un exceso que me pronuncie respecto a propuestas inteligentes que ha planteado Gabriel Quadri.
Estoy acostumbrado a convivir con el enojo de mis amigos de izquierda que se enojan cuando recuerdo que Manuel Bartlett encabeza la lista de candidatos plurinominales del PT al Senado, y de que un empleado directo de Televisa lo hace en Movimiento Ciudadano.
Estoy acostumbrado, también, a la cerrazón de algunos compañeros de partido, cuando lanzo críticas públicas a personajes como Carlos Romero Deschamps o a propuestas como el IVA generalizado.
Acostumbrado a que me digan que no soy “de izquierda” porque me opongo a fraudes como el Procampo, los subsidios a la gasolina y la actual estructura del impuesto predial, que favorecen a los más ricos.
El primer artículo que publiqué en el proceso electoral del 2006 se titulaba “Las carencias de López Obrador”, cuando mi padre era dirigente estatal del PRD. Entonces, como ahora, mi visión crítica se calificaba como “alta traición”.
No escribo para los fanáticos, ni para los que hoy toman una postura que en seis años pueden modificar por completo por un interés personal. (Muchos defensores acríticos de Andrés Manuel, hace seis años, hoy son defensores acríticos de Peña Nieto)
No hago política para los que apuestan por sembrar divisiones en la sociedad con base a mentiras y vetos a actores en específico, con tal de obtener un beneficio particular.
Apuesto a la evolución de una sociedad que se perfeccionará a sí misma en el contraste de argumentos, en la deliberación pública y consolidando una democracia representativa que sea capaz de incorporar elementos de democracia directa para resolver sus déficits.
¿Quién le servirá más al país a partir del 1 de diciembre?

*Diputado local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com
   




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra
Venta 0.5
€uro
Compra
Venta 0.5

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad