Tuesday 24 de January de 2017

La democracia secuestrada por los partidos políticos

     9 Jul 2012 04:00:00

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La democracia no tiene contentos a los mexicanos.
Cuando en la transición del 2000 se dijo que por fin la democracia llegaba a México las esperanzas de cambio y transformación fueron muchas.
La mayoría pensó que con eso se resolverían todos los problemas, sin considerar que la democracia no es la solución a ningún problema, sino sólo una forma diferente de hacer las cosas.
Especialmente en periodos como este, posterior a las elecciones, la democracia parece más decepcionante que nunca, porque los ciudadanos piensan, con razón, que los partidos ensucian las elecciones, cierran la puerta a ciudadanos que podrían ser buenos gobernantes, se reparten el pastel en lo oscurito y a fin de cuentas, todo resulta igual.
El severo juicio a que está sometida la democracia en México es muy duro y en muchos aspectos, injusto.
Porque con todos sus defectos, la democracia mexicana sí ha abierto muchos cambios positivos.
Por ejemplo, gracias en buena medida a la democracia, una forma diferente de hacer las cosas, el país dejó atrás las crisis económicas y logró la estabilidad; se avanzó en libertad de expresión y en muchas otras libertades ciudadanas.
Pero al mismo tiempo, se volvió una democracia ineficiente porque no encontró la puerta al crecimiento económico y con ello cerró la puerta para que muchos mexicanos dejaran atrás la pobreza.
Sin duda el sistema democrático mexicano necesita mejorar, perfeccionarse y dejar atrás mucha de la simulación en la que se basa.
Por ejemplo, el Código Federal de Procedimientos Electorales, una de las piezas clave de esta democracia a la mexicana, pone límite a los gastos en elecciones para evitar la inequidad en la competencia electoral.
El límite para estas elecciones presidenciales es una verdadera simulación: 360 millones de pesos, lo cual significa que cada candidato a la Presidencia gaste poco más de 10 millones de pesos en la campaña de cada estado.
Falso e imposible. Y ante la simulación surgen las entregas de despensas, cemento, tarjetas precargadas etcétera, todo lo que vimos en las pasadas elecciones.
Y junto a esto, la puerta cerrada a los ciudadanos, dentro de los propios partidos donde se permite que todo lo decidan las burocracias partidistas.
Y son los partidos los que tienen que aprobar, con sus diputados y senadores en las Cámaras, las reformas políticas que den más poder al ciudadano.
El resultado: no hay reforma política.
Parece entonces que el principal defecto de la democracia mexicana es la impunidad de los partidos para decidir todo y por eso, nos mantenemos en la simulación y en un entramado de reglas que le dan poco a nulo poder a lo ciudadanos y todo o casi todo, a los grupúsculos o familias que controlan los partidos.
En ese tenor, la democracia mexicana parece atrapada en un círculo vicioso: sólo puede perfeccionarse si cambian los partidos y sólo los partidos pueden decidir los cambios y su velocidad.
Y mientras esto permanezca así, la democracia en México será cada vez más una simulación y no una forma en verdad diferente y mejor de hacer las cosas.
Hasta el próximo lunes con nuevas... PERSPECTIVAS.


*Periodista




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