Sunday 22 de January de 2017

La deshumanización en curso

     7 Jan 2013 04:00:00

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LOS RIESGOS DE LA EXASPERACIÓN
Hay otra guerra peor que la que libran los cárteles de la droga, la guerra entre ciudadanos de un país azotado por la violencia; es la guerra que ya empezó y que nos puede conducir a vivir situaciones aún más crueles que las que en estos momentos causan tanta desolación y dolor, no sería la primera vez que eso sucediera en México y hay una amplia gama de experiencias en la historia reciente de América Latina.
Cada vez es más frecuente escuchar a ciudadanos pacíficos exclamar exaltados frases de aprobación e inclusive de apremio para que “maten a esa escoria”, “que no quede ni uno vivo”, “que bueno que se maten entre ellos”, “eso y más merecen”. Los foros y las redes sociales dan testimonio de un endurecimiento del lenguaje que nos pinta la situación como extremadamente grave, pues en unos pocos años la mentalidad de los mexicanos retoma formas de pensar que desearíamos superadas como resultado de los procesos civilizatorios, pero no es así, por el contrario crecen los partidarios de la pena de muerte judicial y extrajudicial y los que no se conmueven ante las evidencias del resurgimiento de la tortura aun cuando se aplique a inocentes.
Es, desde la lógica de las instituciones, contraproducente la expresión del procurador de Justicia en Zacatecas cuando dice, refiriéndose a los 12 caídos en reciente batalla en el municipio del que es originario, que con la muerte de esos 12 “Río Grande tiene un respiro”. ¿Acaso su tarea de levantar cadáveres no le ha enseñado lo fácilmente remplazables que son los caídos en estas refriegas?
A lo mejor al licenciado Arturo Nalhe, el cotidiano contacto con los muertos le produce el mismo efecto que los que somos amigos de un veterano médico forense le notamos cuando nos narra fascinado sus vivencias con los restos de asesinados o accidentados, cuya  causa de fallecimiento  debe certificar; sus oyentes escuchamos su relato entusiasmado de cómo encuentra las entrañas del infortunado, sin darse cuenta que la carne asada que nos disponíamos a devorar se queda en espera de algún can apetente.
La violencia transforma la personalidad de quien se expone a su contacto prolongado, así le sucedió a don Miguel Hidalgo que a los seis meses de iniciada la guerra de Independencia ya no era el cura bonachón y alegre del principio, sino un endurecido jefe insurgente capaz de las órdenes más duras.

CIRCUNSTANCIAS DESHUMANIZANTES
La historia de México da cuenta de un fomentado culto popular a la violencia desde que la jerarquía católica estimulaba la presencia masiva de la gente mediante las “piadosas” indulgencias para  los que acudían a presenciar los alaridos del quemado vivo en cumplimiento cabal de la sentencia del Tribunal del Santo Oficio.
Los fusilamientos durante el periodo revolucionario obligaban a escoger el momento en que la población no se volcara curiosa para no perder detalle del emocionante momento y el público norteamericano de aquellos tiempos disfrutó frenético los fusilamientos y ataques de caballería que una empresa norteamericana pudo filmar basándose en puntual contrato con el general Francisco Villa, que encontró en el morbo estadounidense una fuente de financiamiento para la  causa.
A nadie puede alegrar el hecho de que entre algunos se escuche el virulento alegato en pro del exterminio, tampoco nadie puede ser ajeno a las razones del creciente endurecimiento de algunos segmentos de la sociedad. Tenemos un lustro de vivir con miedo, la lista de desaparecidos crece y crece. Las balaceras se han vuelto cotidianas y hasta ahora todo lo que se emprende carece de buenos resultados, pero todo esto puede ser peor si no nos prevenimos de una polarización entre ciudadanos como efecto de la exasperación.

EN LOS LINDEROS DE LA BARBARIE
Después de lo vivido en los últimos años es el momento de la agenda ciudadana para la recuperación de la seguridad pública que elimine la ominosa perspectiva de la degradación compartida de víctimas y victimarios, para ello es útil partir de algunas premisas:
El fortalecimiento de la cultura de la legalidad es el modo de conjurar la reproducción de la descomposición social, ello compromete en primer término a los servidores públicos, el disimulo ante los abusos, tortura y ejecuciones extrajudiciales es moralmente inadmisible.
No hay  estrategia federal posible sin participación eficaz de las fuerzas municipales y estatales.
El gobierno no puede solo, necesita de la participación ciudadana, pero no como comparsa.
Las sociedades aprenden unas de otras mediante el debate informado, estimularlo en vez de inhibirlo nos dará la claridad que necesitamos.
Entre más se tarde la justicia social, más impotente será la justicia penal.
Nos encontramos el jueves en El recreo.
 




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