Wednesday 18 de January de 2017

La dimensión ética y el nacionalismo revolucionario

\"La demanda central de los electores era: más democracia, más honestidad y más equidad\"

     6 Jan 2011 00:00:00

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Ya comenzó el año 2011 y, con él, ha iniciado también la etapa más importante e intensa de la sucesión presidencial del 2012. Básicamente, llegamos a ese momento con tres intentos de relatos (no son, propiamente, narrativas) de grupos políticos que intentarán competir por la Presidencia de la República.

El primer relato es el que encabeza el PRI. Las ideas centrales tienen que ver con la falta de éxitos de los dos sexenios panistas, con la incapacidad para gobernar y generar acuerdos y con la falta de liderazgo que han demostrado los presidentes emanados de Acción Nacional, tanto en materia de política interna como de política exterior.
Ante este panorama, el PRI arguye experiencia para gobernar, capacidad de liderazgo y habilidad para negociar (inclusive, en el tema de frenar la delincuencia organizada).
El segundo relato lo encabeza, sin duda alguna, Andrés Manuel López Obrador. El argumento central tiene que ver con culpar a las elites políticas y empresariales del país de los problemas nacionales, y centra el mensaje en el combate a la corrupción, el tráfico de influencias y los privilegios.
La crítica de muchos de los detractores de López Obrador es que esta argumentación se alimenta del rencor social y que carece de sustento programático.
Y el tercer relato, que es en el que me gustaría abundar en esta entrega, aún no ha quedado claro por quién será encabezado. Es, básicamente, un argumento “anti-PRI” que se ha fortalecido con las coaliciones PAN-PRD en diversos estados (Oaxaca, Sinaloa, Puebla, Hidalgo, Durango y, muy probablemente, Nayarit y el Estado de México) y asoma rasgos liberales, democráticos y la posibilidad de incluir candidaturas ciudadanas.
Hasta hoy, pareciera ser que el verdadero estratega de dicho relato es Manuel Camacho Solís y que el actor con mayores posibilidades de montarse en una coalición de este tipo es el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard.
Ello, fundamentalmente, porque ninguno de los posibles candidatos de Acción Nacional a la presidencia ha podido construir una plataforma programática consistente y que tenga impacto en las preferencias de los ciudadanos.
Este relato demócrata-liberal tendría una gran capacidad de ser apoyado por sectores independientes, de los denominados “switchers”, como lo han demostrado las coaliciones PAN-PRD, pero tiene varias limitantes.
La primera es la carencia de una narrativa programática más detallada. Los agentes que promueven dicho relato no han empujado iniciativas de forma conjunta ni proyectado, hasta ahora, políticas públicas en las que pudieran coincidir. Es decir: los ciudadanos no tienen claras las banderas que los identifican.
Este asunto podría sortearse fácilmente, especialmente si tanto el PRD como el PAN presentaran a sus respectivos candidatos en el 2012. La simple identidad “anti-PRI” podría permitir que muchos votantes tradicionales de Acción Nacional migraran a un hipotético apoyo hacia Marcelo Ebrard, con tal de contener el regreso del Revolucionario Institucional a la Presidencia.
Pero en donde sí hay un déficit importante para el relato “anti-PRI” es en su dimensión ética, como se observó en la elección de Zacatecas.
Los electores que tienen aversión hacia un partido político lo hacen por alguna explicación racional. En el caso del PRI, el rechazo a dicho partido se dio por atribuirle valores negativos como: el autoritarismo, el corporativismo, el clientelismo, el caudillismo y el compadrazgo como forma de gobierno.
Es decir; detrás de la alternancia política, tanto en los estados como a nivel nacional, la demanda central de los electores era: más democracia, más honestidad y más equidad.
Sin embargo, tanto el PAN como el PRD han vivido, en los últimos años, un proceso acelerado de descomposición moral.
Los gobiernos panistas y perredistas en los estados se han caracterizado por prácticas autoritarias (como la tendencia al “dedazo” o la intolerancia de gobiernos como el de Jalisco), corporativas, clientelares y por el tráfico de influencias (préstamos personales a familiares y amigos, negocios al amparo del poder público).
Es decir: han demostrado que en la dimensión ética no existe una diferencia fundamental con el PRI. Incluso, se apropiaron de los valores negativos del nacionalismo revolucionario, al grado de enfrentar cotidianamente los procesos electorales bajo los mecanismos tradicionales de acarreo, compra de votos y cooptación de electores a través de programas sociales.
Aquí en Zacatecas, el electorado no compró la tesis de que era negativo “volver al pasado priísta” porque los gobiernos perredistas tuvieron una descomposición ética al reproducir lo que muchos denominamos como el sistema “PRD-Gobierno”. Y algo similar podría suceder si quienes construyen el relato liberal no se alejan de prácticas anti-democráticas en la realidad.
En resumen: aunque una alternativa liberal hacia el 2012 tiene un gran potencial de crecimiento, dicho escenario no se podrá concretar si los sectores liberales del PAN y el PRD no demandan un replanteamiento ético en sus respectivos partidos.
El discurso "anti-PRI" será realmente poco efectivo si se sigue demostrando que los gobiernos del PAN y el PRD profundizan los pecados del nacionalismo revolucionario.

*Diputado local
 




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