Sunday 22 de January de 2017

La eficacia de la palabra Dios

El Día del Señor

     10 Jul 2011 03:40:00

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INTRODUCCIÓN
En cada eucaristía que celebramos con fe viva y operante, se proclaman los textos bíblicos que iluminan y dan sentido al acontecer de la presencia de Cristo, real, verdadera y substancialmente en el sacramento del altar. Hoy, los textos se refieren a la eficacia que tiene en sí, la palabra de Dios transmitida por Cristo y con la fuerza y el amor del Espíritu Santo.
En efecto, la primera lectura tomada del profeta Isaías  nos habla de la Palabra de Dios, eficaz como la lluvia y la nieve que caen del cielo para fecundar la tierra y dar pan a los hombres.
San Pablo, en la segunda lectura se refiere a la creación que espera y aguarda su liberación asociada a la suerte de los hombres, inteligentes y libres ante Dios, ante sí mismos y ante la creación.
Por último, la lectura evangélica tomada de San Mateo nos habla del Reino de Dios por medio de la parábola, del sembrador y los diversos terrenos sobre los cuales cae la semilla que dará fruto, según la capacidad diversa de esos terrenos en los cuales el sembrador la esparce a voleo.

EL SEMBRADOR ES DIOS
El evangelio se refiere en primer lugar a Dios como el sembrador. Su palabra es su Hijo  hecho  hombre, quien ha venido a la tierra para instaurar el reino divino, con su encarnación, su profetismo, su obra santificadora y como pastor que conduce a su rebaño para abrevarlo y para que se alimente en pastos feraces y sabrosos.
La semilla que el sembrador derrama sobre la tierra es su palabra fecunda y que trae vida abundante, nueva y feliz.
Refiriéndonos a Jesús que enseña por medio de esta parábola el misterio del reino de Dios, instaurado por Él con su misma persona, su predicación, su testimonio y su servicio de amor, hasta dar la vida por todos los hombres que quieran salvarse, escuchando activamente esa palabra y dándole respuesta generosa.
Isaías afirma en la primera lectura de este día, “Esto dice el Señor: Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca, no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.
Este texto profético, se refiere a Cristo como semilla fecunda e inmortal, que al hacerse hombre, se siembra en la tierra como grano de trigo generoso, eficaz y fecundo. Así podemos más o menos describir la eficacia de la obra salvadora y redentora del Hijo de Dios hecho hombre.
La semilla que es Cristo produce  con las palabras de su predicación acerca del reino, las semillas que tienen la misión de iluminar las inteligencias, las conciencias y las voluntades libres de los hombres, llamados a la conversión moral y espiritual para el seguimiento de Jesús y lograr la liberación del pecado y de sus terribles consecuencias.
Estas se manifiestan en el desamor, la incredulidad, la violencia, los odios, las guerras, los secuestros y extorsiones que llevan de una manera u otra a los homicidios y crímenes que siegan la vida de muchas víctimas llenando de dolor y amargura a familias enteras, pueblos y naciones.

LOS DIVERSOS TERRENOS SOBRE LOS CUALES CAE LA SEMILLA DEL REINO DE DIOS
La parábola que hoy estamos reflexionando para asimilar su enseñanza profunda y clara, es explicada por el mismo Jesús. Quien valora positivamente su eficacia que consiste en la semilla que se siembra.
Estamos ante una parábola que es balance final, como respuesta de Cristo a quienes ponían en duda los resultados de su anuncio del reino, debido al rechazo de la buena nueva por la mayor parte del antiguo pueblo de Dios.
Al sembrar Cristo la semilla inmortal del reino está seguro de la eficacia de su palabra, pues la tierra fértil compensa con creces la esterilidad de las otras parcelas no tan fecundas y receptivas: el camino, el pedregal y las zarzas. La tierra buena ha de dar frutos al cien por ciento; al sesenta y al treinta.


CONCLUSIÓN
Para terminar estas reflexiones, no queda otra cosa sino preguntarnos: ¿qué clase de terreno somos cada uno de nosotros, cada familia, pueblo y nación?
La respuesta sincera la hemos de dar cada uno personalmente, en primer lugar, y comunitariamente, después.


ORACIÓN
“Te bendecimos, Padre, por Cristo, esperanzado sembrador de la semilla de tu Reino a pesar de todos los obstáculos.
“Jesús fue el primer grano de trigo que, muriendo en el surco, dio una cosecha espléndida de vida y resurrección. Su optimismo nos contagia y estimula a dar fruto abundante.
“Abre plenamente nuestros corazones a tu palabra, Señor, para que, por culpa nuestra, no repitamos la yerma esterilidaddel áspero sendero, del duro pedregal y de las zarzas inhóspitas.
“Haz de nosotros el campo de la sementera de tu Reino, para que demos el ciento por uno a base de amor, constancia, servicialidad, desprendimiento y conversión continua. Amén”.

Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, a 10 de julio de 2011.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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