Thursday 19 de January de 2017

La errática nomenclatura citadina

De mis apuntes

     15 Dec 2012 03:20:00

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Si los orígenes como raíces del pueblo minero desde sus principios fue incierto o circunstancial, su desarrollo urbano creció de igual manera.
Un legajo de testimonios y evidencias de su errática conformación nos dicen que la traza urbana nunca fue objeto de ninguna planeación. Abundan ejemplos que corroboran tal presunción que no son otra cosa que producto de contados aciertos, sin embargo también se aprecian hasta desconcertantes, inclusive desquiciantes decisiones por cierto sin fundamento.
Ejemplos abundan generosamente para ilustrar cualquier crónica que hable de lo que ha sido el Fresnillo en el transcurrir del tiempo. Abordaremos en esta oportunidad sintetizados puntos de vista sobre la nomenclatura citadina.
De acuerdo a nuestra percepción consideramos que las primeras calles y plazas de la naciente comunidad para localizarlas fueron identificadas con nombres relacionados con la Iglesia Católica. Son en consecuencia los nombres de mayor antigüedad en este mineral.
Para empezar citaremos la calle de La Concepción. Su nombre data de hecho desde el año 1592, precisamente cuando nace la Hospitalidad de Nuestra Señora de la Purísima Concepción y templo adjunto. A mediados del siglo XVIII todavía aparece en referencias históricas la Plaza de la Concepción (frente a la actual Presidencia Municipal).
Esta arteria en el segundo tercio del siglo XX aparece como calle Venustiano Carranza, después se le impuso el nombre de uno de los primeros españoles que estuviera en este paraje: Juan de Tolosa.
En otro orden aparece la calle de Santa Ana, seguramente con alusión el templo que data de principios del siglo XVII. El cual se construye al frente de la capilla del Cristo de la Santa Veracruz, (que por cierto todavía existe y permanece de pie aunque dificultosamente). A la rúa se le impuso el nombre de Emiliano Zapata, que para nosotros no tiene nada que ver con la historia de esta población.
Enseguida aparece la calle del Tránsito, evidentemente con referencia al templo que tiene sus orígenes en el año 1707. En la actualidad usted la conoce como calle Belisario Domínguez, que dicho de otra manera al igual que Zapata merecen quizá otros lugares, no precisamente en aquellos en los cuales la historia local tiene sus propios orígenes.
Después encontramos otras calles que han sido despojadas de sus nombres originales para dar cabida a otros sin idea alguna. Por ejemplo la calle del Rosario, con referencia a la cofradía del Santísimo Rosario cuya influencia en la comunidad era importante. Hoy se le llama Aquiles Serdán.
Luego aparecen las callecillas San Miguel, que ahora se le llama Artículo 123; la San Fernando es Pino Suárez; La Juan Bautista se convierte en la 20 de Noviembre. La calle del Ángel es ahora parte de la Juárez y la Guadalupe es Luis Moya.
Como usted lo puede apreciar, nos aventuramos a señalar que quienes impusieron tales nombres a las arterias en cuestión, de plano no querían nada con el clero y su legado. Como que pretendían cambiar la historia.
Cuando se levantan las primeras construcciones en este lugar entre los años de 1567 y 1568, precisamente cuando se empiezan a explotar las minas de Proaño por gambusinos venidos de San Demetrio es cuando surge un caserío de piedra y lodo para alojar en ellas las rústicas haciendas de molienda y fundición de las viviendas.
Es en ese tiempo (1568) cuando surge el presidio o fuerte militar para protección de los primeros habitantes; es la primera edificación formal. Lo anterior vine a impulsar la expansión urbana y brotan más construcciones por distintos rumbos y sin ningún orden.
En nuestro tiempo resulta que la mayoría de nuestras calles llevan nombres que para varios historiadores e investigadores carecen de fundamento. Se atribuyen a las imposiciones y caprichos de gobernantes en turno o influencias de otra índole. Quizá algunos de ellos lo merezcan, sin embargo de otros hasta se desconoce su origen y relación con la comunidad.
Resulta que tenemos calles con nombres de emperadores aztecas, conquistadores, de la Independencia, Reforma y Revolución, incluso de varios estados. Bueno hasta políticos y gobernantes, instituciones, doctores, periodistas, historiadores, poetas, músicos, pintores, hasta de minerales, árboles y plantas. También hay de sindicatos, técnicos, etnias, hasta de extranjeros, incluso otros a cuan más inexplicables o sorprendentes.
Los que no aparecen por ningún lado son de quienes le dieron un nombre propio a este paraje, de los primeros habitantes, primeras familias, de mineros, curas, alcaldes mayores y de los personajes ilustres (hombres y mujeres) porque si los hay.
Dicho lo anterior, palabras más, palabras menos, no contamos con arterias y plazas que nos hablen de NUESTROS PERSONAJES y de su historia.
Para terminar una especie de colofón: Como no contamos ni hemos tenido autenticas autoridades representativas de la comunidad que velen por reordenar nuestra ciudad,cualquier intento que conlleve a lograr lo anterior se perderá como ha sucedido en incontables ocasiones.
Consecuentemente: ¿Seguiremos soportando el reinado de la imposición y anarquía en esta cuatro veces centenaria población minera?
 




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