Thursday 19 de January de 2017

La exposición como espacio de diálogo

Periferia: Arte contemporáneo

     22 Mar 2013 04:00:00

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Exposición de arte de A. Balasubramaniam. (Cortesía)
Exposición de arte de A. Balasubramaniam. (Cortesía)

Todo objeto o acción artística es producida para ponerse a la consideración de un público, sea éste un actor desinteresado en busca de placer o conocimiento, o el cliente que paga la producción de la obra.
Esto ha hecho que la exposición sea el formato más utilizado para mostrar arte.
Una exposición es un arreglo temporal de objetos e información en formatos diversos, presentados en un espacio determinado, con la intención de mostrar un tema o contenido y provocar una experiencia en el espectador.
Sin embargo, una exposición no tiene, generalmente, el objetivo de transmitir un mensaje unívoco, sino de crear un espacio para el diálogo y la reflexión.
El espectador puede, y lo hará, establecer una cantidad infinita de relaciones entre los objetos y la información que se le presenta. Cada espectador, en una experiencia solitaria, crea su propia lectura.
En ese sentido, la exposición nunca está terminada, aún cuando esté limitada por el espacio y el tiempo, mientras las ideas propuestas y los argumentos derivados de ella sigan discutiéndose.
El significado o sentido de una exposición será  el resultado de ese diálogo entre el artista, la institución que promueve la exhibición y el espectador.
Toda exposición, independientemente de su contenido, es un acto político porque es una intervención o presentación pública, porque las reacciones que provoca, aunque individuales, ocurren en la esfera de lo público.
Entonces, especialmente cuando la organiza un museo, la exposición puede considerarse también un aparato del Estado, y detrás hay la pretensión de usarla como un medio de propaganda.
A diferencia de otros aparatos, como la policía y las cárceles, que ejercen control sobre los ciudadanos basados en la represión y el uso de la violencia, los aparatos culturales tratan de convencer a los individuos de aceptar volunta-
riamente la realidad, o al menos eso que el Estado dice que es la realidad.
Así, la exposición se muestra al público en un espíritu contrario a la generación de conocimiento y el diálogo. Lo presentado no está ahí para ser discutido, sino para ser reverenciado.
La exposición se vuelve el mecanismo apropiado para la validación de “obras maestras”, “artistas consagrados”,  “valores culturales”; en fin, para reafirmar o promover una identidad nacional deseada.
De ahí, la importancia que se le da al número de exposiciones, salas, y visitantes o al “éxito” de la inauguración, por encima de criterios subjetivos acerca de la pertinencia de los argumentos implícitos en la exposición y su vinculación con la comunidad.

Coordinador del Muno




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