Friday 20 de January de 2017

La gloria de Dios brilla en el amor a Dios y al prójimo

El Día del Señor

     28 Apr 2013 03:40:00

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El evangelio de San Juan recuerda la glorificación de Jesús en Dios.
El evangelio de San Juan recuerda la glorificación de Jesús en Dios.

INTRODUCCIÓN
Hoy celebramos el V Domingo de Pascua, avanzando en el tiempo litúrgico de la Cincuentena Pascual. Todos estos días en nuestras iglesias y capillas ha brillado la luz del cirio pascual que representa a Cristo, muerto sí, pero sobre todo resucitado, lleno de vida y poder, después de haber sufrido la ignominia de su pasión que culminó en el sacrificio de la cruz, recapitulando de esta manera todas las cosas: las del cielo y las de la tierra.
Ahora vive inmortal y glorioso por los siglos de los siglos y nos espera con los brazos abiertos para que participemos del gozo, la paz y el esplendor de su reino eterno en el cielo, hacia donde con Cristo, vamos caminando para ser “alabanza de su gloria”.

LA GLORIA DE DIOS EN CRISTO BRILLA SERENA E INMORTAL
El evangelio de este día, según San Juan nos revela y nos hace vivir lo que Jesús dijo a sus discípulos en el cenáculo de Jerusalén:
“Ahora ha sido glorificado el hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará”.

¿QUÉ SIGNIFICAN LA GLORIA DE DIOS Y LA DE CRISTO?
En la enseñanza revelada de la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, la gloria de Dios, uno y trino, ha sido participada en Cristo heredero de la vida divina que resplandece y se derrama sobre todos los hombres y sobre el universo entero en la consecución de la salvación como haz de luz que rasga las tinieblas y sombras del pecado y de la muerte para dar paso a la luz inapagable de la gloria divina.
Podemos, brevemente en esta homilía, dar una semblanza de lo que significa la gloria de Dios y de Cristo Jesús, para que de nuestras almas brote la alabanza a esa gloria que se nos ha manifestado y nos llena de paz, seguridad y bien espirituales a raíz de nuestra fe por la cual ponemos toda nuestra gratitud y confianza en Dios por Cristo.
En la Biblia la palabra “gloria” implica la idea de “peso”. Es el cúmulo de peso de todas las virtudes y perfecciones del ser divino: existencia eterna desde siempre y para siempre; bondad, verdad, belleza, sabiduría, poder creador y salvador, que infunden respeto, adoración, veneración y abatimiento de la criatura ante las maravillas acumuladas con “peso” inabarcable e infinito.
Es la luz y el resplandor de Dios en su naturaleza que brilla y se difunde antes y después de la creación y que luego está presente e inunda con su brillantez el ser de todas sus criaturas, especialmente los hombres, hechos por creación y elevados a la vida sobrenatural por Cristo y su Espíritu para ser imagen y semejanza del Dios de la vida y de la felicidad, porque en Dios no existen sombras de tinieblas, ni muerte. Él es vida perfecta e imperecedera.
Pero donde se manifiesta en máxima comunicación la gloria de Dios por Cristo lleno del Espíritu Santo, es en su Pascua de dolor, pasión,  muerte, resurrección.
En efecto, por la resurrección y ascensión ha entrado ya Cristo en la gloria divina que el Padre en su amor, le había dado antes de la creación del mundo y que le pertenece como Hijo igual al Padre con el Espíritu de amor, poder y sabiduría.
Cristo, el Verbo encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre está lleno en plenitud de la gloria de Dios altísimo. Y esa gloria debe brillar, por voluntad de su Padre en todos y cada uno de los hombres redimidos y liberados del reino del pecado, corrupción y muerte, que yacen siempre en oposición a Dios y a Cristo, bajo el poder de Satanás, el maligno que rechaza la gloria divina queriendo constantemente arrebatar de las manos de Dios a todos los hombres y queriendo envolver con sus tinieblas al mundo entero.

LA GLORIA DE DIOS Y DE CRISTO, EN EL CUMP0LIMIENTO DEL DOBLE PRECEPTO DEL AMOR
San Juan en el texto que hoy nos ocupa, nos revela: “Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo, que se  amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.
He aquí en apretada y fundamental síntesis la gloria del Padre y de Cristo, trasvasada en nuestras almas y cuerpos para dársela en retorno de amor y de adoración a Dios en, con y por Cristo.
En el amor a Dios y a los hermanos a ejemplo y por virtud del mismo Cristo, se encierran todas las enseñanzas de los profetas y de Cristo, quien lleva a plenitud la revelación del ser divino que es como un sol que brilla a partir de su ser que es amor.
Dios es amor y este amor debe inundar las cosas y seres de la creación elevada trascendentemente para realizar el amor de Dios en todas las criaturas del cielo y de la tierra.

CONCLUSIÓN
Cristo nos ha dicho, que su amor a nosotros debe brillar en todos sus creyentes y seguidores para que sean reconocidos como hijos adoptivos de su Padre, hermanos suyos como el Primero entre muchos y que el Espíritu Santo nos consagre como seres de luz y gloria que emerge desde nuestros bautismos y demás sacramentos, por los cuales esplende la gloria de la gracia en nosotros ya libres del pecado y la condenación eterna.
La gloria de Dios y de Cristo ha de brillar, más allá de los odios y divisiones; más allá de las guerras fratricidas; más allá de las desigualdades sociales...para que todos seamos por la acción evangelizadora de su Iglesia que somos todos los que creemos en Él, “alabanza de su gloria” en nuestros hogares, en nuestros pueblos y nación, en nuestras instituciones educativas y en todas las actividades que realicemos, llenando de luz y gloria todos los ambientes de la cultura y valores humanos y sociales.
¡Cristo resucitado, sé ahora y para siempre, nuestra gloria de luz e inmortal hasta que brillemos contigo y tus santos en el paraíso que nos haz conquistado precisamente con la gloria de tu Pascua, camino luminoso que nos conduzca y  contemplemos para siempre el resplandor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo!...

*Obispo emérito de Zacatecas
 




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