Saturday 21 de January de 2017

La glorificación sabia de los discípulos de Cristo en el Reino de Dios

El Día del Señor

     23 Sep 2012 03:40:00

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Jesús llama a sus hijos para llevar su palabra a todo el mundo.
Jesús llama a sus hijos para llevar su palabra a todo el mundo.

INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy tomado de San Marcos, nos relata el segundo anuncio de Jesús acerca de su pasión, muerte y resurrección, dirigido a sus discípulos y apóstoles. Mensaje duro de aceptar y que sus seguidores inmediatos, rechazan.
En el domingo pasado con el primer anuncio de la pasión y muerte del Señor, San Pedro se “escandalizó” tratando de disuadir a su Maestro, por lo cual fue reprendido duramente por Cristo al decirle que esos pensamientos eran meramente humanos, pero no según el querer de Dios.
Hoy, cuando Jesús camina junto con sus discípulos y apóstoles, ellos iban por el camino discutiendo quién sería el primero entre ellos, mientras su Maestro hablaba de persecución, dolores de la pasión y muerte ignominiosa para poder resucitar. Ellos no entendían y mostraban temor ante las predicciones de Jesús que se referían a la culminación de su pascua por este mundo en orden a resucitar.
 
JESÚS NOS HABLA, DE SU ABAJAMIENTO, POR MEDIO DE SU PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN
San Pablo en su Carta a los Filipenses en el capítulo segundo nos revela: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo.
Que siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Si no que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese, que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre”.
Los hombres de acuerdo con nuestra naturaleza creada y limitada, aspiramos a sobresalir, tener poder, dinero y disfrutar sin medida de los bienes de este mundo: placeres de todo tipo, posesión de bienes materiales, espirituales y morales pero sin tener su fundamento en la voluntad divina. Se trata de una “glorificación” que consiste en conquistar los aplausos y el beneplácito de la sociedad, de acuerdo a una cultura secularista del “aquí y ahora” sin horizonte de trascendencia... Estas aspiraciones comunes del ser humano brotan del orgullo, la soberbia y las comodidades de este mundo en medio de pruebas, luces y sombras del espacio y tiempo que pasan.
Cristo, en cambio, nos da el ejemplo, el testimonio y su mensaje de humildad, abajamiento, servicio y entrega generosa y total a favor del Reino de Dios.
Vino para salvar a todos los hombres de las garras del demonio, del pecado y de la muerte eterna que separan de Dios y de su plan de salvación. Dios es misericordioso y no quiere la muerte de los suyos, sino que convertidos de su mala vida, pidan perdón de sus pecados con el verdadero y sincero deseo de conversión y arrepentimiento.
 
LA GLORIFICACIÓN SABIA DE LOS DISCÍPULOS DE CRISTO EN EL REINO DE DIOS
Dios por Cristo quiere nuestra salvación, que le respondamos con santidad y justicia. Con Cristo estamos llamados a lograr la glorificación de los justos que aman a Dios y le son fieles. Esta glorificación consiste en reinar con Jesús ahora en el tiempo histórico cumpliendo sus mandamientos y estando unidos a su persona y a su obra de salvación.
La base de la exaltación o glorificación de los discípulos de Jesucristo, en el Reino de Dios, consiste en realizar en nosotros su pascua de pasión, muerte y resurrección. No consiste en una alabanza que se fundamente en el egoísmo, el orgullo y la soberbia.
Consiste, en el amor verdadero y auténtico para con Dios, Uno y Trino y para con nuestros prójimos sin acepción de personas y teniendo muy en cuenta a los pobres y necesitados de ayuda y comprensión.
La vocación a la glorificación que Cristo quiere operar en nosotros, sus seguidores y creyentes, consiste en actitudes de servicio, generosa donación, para compartir nuestros bienes y nuestras personas al servicio de los demás. Construir el Reino de Dios a través de la justicia, la verdad, el bien. Ser humildes dándole gloria a Dios al reconocerlo en las personas de los demás con sus derechos pero también con sus obligaciones. Es a lo que nosotros mismos estamos llamados a realizar.
¡Que la Eucaristía que estamos celebrando en este domingo, nos llene del espíritu de Cristo para llevar a cabo su invitación: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame”. Que seamos los verdaderos seguidores y discípulos del Señor, desde las virtudes de la obediencia, la pobreza y la generosidad, mientras avanzamos en nuestros días hasta alcanzar la glorificación perfecta en la eternidad como corona hermosa de paz.

 *Obispo Emérito de Zacatecas




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