Sunday 22 de January de 2017

La Guerra Fallida

     15 Apr 2011 04:00:00

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El gobierno mexicano lo ve como un problema de seguridad pública  y yo diría  que el
gobierno lo dimensiona como un problema de seguridad nacional;  por esa razón, en Estados Unidos la tarea es de médicos y en México es de soldados

Rubén Aguilar y Jorge Castañeda, vocero oficial y canciller de México respectivamente, durante el gobierno de Vicente Fox, analizan el asunto de la llamada “guerra” contra el narco desde una perspectiva que, inteligentemente, difiere del planteamiento bélico de Felipe Calderón, en el libro de lectura obligada: “El Narco: la Guerra Fallida”, de editorial Punto de Lectura.

Al leer el capitulo “La Razón de Estado” no pude menos que dar una mirada retrospectiva a los años 80 en Zacatecas.
Refieren los autores la entrevista del entonces embajador de Estados Unidos en México, John Gavin el 19 de abril de 1985 con Miguel de la Madrid, en la cual, el embajador le informó al presidente que el hijo del General Arévalo (entonces secretario de la defensa) y varios gobernadores, estaban mezclados en asuntos del narcotráfico.
Citan entre otros al de Sinaloa (Antonio Toledo Corro), al de Chihuahua (Oscar Ornelas) y al de Zacatecas (José Guadalupe Cervantes Corona).
Obviamente no estamos en condiciones de dar crédito, aunque tampoco desmentir la afirmación de Gavin. Lo que es cierto, es que en los primeros años de la década de los 80, había en Zacatecas, si no autorización en el mercado de drogas, sí cuando menos cierta permisibilidad y dinero, empleos y tranquilidad en cuanto a seguridad pública se refiere.
Prácticamente, bordeando la carretera en Villa de Cos, se observaban plantíos de marihuana y en algunas regiones del cañón de Juchipila destacaba la flor de la amapola. La convivencia entre narcotraficantes y policías a nadie sorprendía.
Los primeros apoyaban para los servicios públicos en comunidades y en sus necesidades más apremiantes a personas de escasos recursos y los abogados penalistas disfrutaron de un auge económico sin precedentes.
Rubén Aguilar y Jorge Castañeda, con datos y estadísticas, incluso de carácter oficial, desmienten la versión, muy propagada por cierto, de que las tasas de incidencia en consumo de marihuana y cocaína han aumentado.
Las estadísticas reflejan que entre Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay, España Canadá, Estados Unidos y México, nuestro país es el que menos uso hace de las drogas citadas.
Chile es el de mayor incidencia y ni esta nación ni las otras se han visto obligadas a inventar su guerra de las drogas.
“Los estadounidenses seguirán consumiendo drogas y nunca darán “la guerra” contra ellas”, dicen los autores, afirmando que la estrategia de Estados Unidos y México es distinta.
El gobierno norteamericano asume que el caso es un problema social, dependiendo su solución de las instituciones de salud pública. El gobierno mexicano lo ve como un problema de seguridad pública y yo diría que el gobierno lo dimensiona como un problema de seguridad nacional.
Por esa razón, en Estados Unidos la tarea es de médicos y en México es de soldados.
En colaboración anterior se había hecho mención de la institución ubicada en Oakland, California, que algunos conocen con el nombre de la Universidad de la marihuana y otros con el nombre de Oaksterdam, lugar donde se cultiva la cannabis y se enseña a la gente a hacerlo de la mejor manera.
Quince estados de la unión americana han legalizado el uso médico: Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawai, Mayne, Maryland, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregon, Rhod Island, Vermont y Washington.
Los requisitos para obtener la droga legalmente, son: la recomendación de dos médicos certificados por el estado, portar un carné que identifique a los usuarios y la posesión de la dosis médica suministrada.
El uso terapéutico es recomendado para el cáncer, la glaucoma, el sida, la hepatitis C, la esclerosis, la enfermedad de crhon, el alzheimer, la tiña, los espasmos musculares y la epilepsia, generando para el gobierno una ganancia superior a los 14 mil millones de dólares anuales.
Javier Sicilia, ante el asesinato de su hijo, pidió al gobierno de Calderón forjar acuerdos para que la delincuencia organizada respete a la población y para que el ejercito respete los derechos humanos. Inmediatamente voceros oficiales se rasgaron las vestiduras con el señalamiento de que el gobierno no acuerda con delincuentes.
Esto mientras en el vecino país, “los narcos pactan a cada rato sus entregas con la policía, con el ejército y con el gobierno, incluso negocian con la DEA su extradición a Estados Unidos para volverse testigos protegidos y echar de cabeza a distintos socios o competidores”, dicen los autores.
La pretensión del gobierno norteamericano al inducir u ordenar a Felipe Calderón la guerra en contra del narco, se percibe en los encabezados de un periódico nacional: “Está fuera de control la violencia en México, dice el director del FBI”. “Contempla EU envió de tropas a México en contra del narco”.
Llegar a este extremo, que hoy parecerá fantástico a algunos, nos pondrá al borde del abismo como la nación viable y anhelada, dice Jorge Carrillo Olea.

*Profesor universitario




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