Sunday 22 de January de 2017

La histeria del geriátrico

     30 Jul 2012 03:30:00

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No deja de llamar la atención que en un país mayoritariamente poblado por jóvenes persista una hostilidad hacia ellos, hacia sus manifestaciones socioculturales y políticas. En las televisoras nacionales no existen programas medianamente inteligentes que busquen explorar su inquietudes, situaciones existenciales y prácticas estéticas, a excepción de algunos canales estatales.
Las mercancías disponibles en la pantalla son infames, sólo representan a un pequeño segmento de la juventud, quizá el más adocenado y hueco, aquel más propenso a idolatrar el consumo y a digerir sin rechistar la homologación de la estulticia.
Las “academias” y los concursos de “talentos” son fábricas ortopédicas donde la gerontocracia forma muchachos tempranamente avejentados, que sólo repiten éxitos del pasado, participando así en el ritual del eterno retorno de lo rancio y archiconocido.
No hay puertas para lo genuino, luminoso y crítico porque las “Yuris”, los “José José”, las "D’Alesio" y demás ruinas de la industria ancestral deben marcar con tinta indeleble los corazones de aquellos mexicanos dispuestos a revolcarse eternamente en el charco del vibrante y vernáculo suspiro melancólico.
También se cuecen habas en las cenáculos intelectuales que se autoproclaman liberales o de izquierda, basta recordar cómo vapulearon a los noveles escritores del llamado “grupo del Crack”, Volpi y compañía, por el atrevido manifiesto que lanzaron contra el conformismo literario hace ya dos décadas. Mientras tanto los viejitos y las maduritas vacas sagradas mantienen la licencia para decir tontería y media o disparates envueltos en ropajes ideológicos.
Los museos mexicanos son templos para los artistas y pensadores canonizados por las élites.  Los jóvenes son maiceados con bequitas, siempre y cuando, eso sí, tengan el visto bueno del caudillo cultural o institucional del momento. La fidelidad, es sabido, se premia con creces, pero el desafío se combate.
Es más fácil crear un sistema universitario elitista que evaluar rigurosamente el estructura educativa en su conjunto, expulsando a políticos, docentes ineptos y dirigentes sindicales corruptos. Por el contrario, son los jóvenes quienes deben pagar con la exclusión esa ruina pedagógica y administrativa de los gobiernos ineficaces.
Cuando los chavales por fin se movilizan contra los supuestos valores de las élites y los espíritus gerontocráticos, aquellos son demonizados de nueva cuenta por los gacetilleros y los escritores políticamente correctos. Inexistentes y escasos son los análisis finos y las críticas lúcidas. Ante todo, se busca mancharlos, magnificar sus errores y silenciar el entusiasmo que los anima, el ímpetu de cambio que los catapulta. Los añejos y maduritos de hoy olvidan sus propios yerros de antaño y de hogaño, se comportan como si hubiesen sido impolutos y propietarios de una inteligencia prenatal; olvidaron la propia juventud, pobrecillos.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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