Saturday 21 de January de 2017

La inmanencia de los otros

CARTAS DESDE EL EXILIO

     30 Jan 2012 03:30:00

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Había un tono extraño en su forma de hablar, acaso le había molestado nuestro comentario socarrón sobre los delirios psicoanalíticos de la interpretación. Jamás pensamos que una crítica tan suave y convencional le harían torcer furibundamente las comisuras de los labios. En aquel momento descubrí que los santos y los dogmas habitan no sólo en las mentes religiosas.
En verdad nos afligió descubrir el gesto autoritario de Cendra, sobre todo porque le habíamos tomado cariño. Durante los años del internamiento forzado, nos trató con desparpajo y cercanía. Llegué a pensar que tal vez en su familia había alguien tan deteriorado e impredecible como nosotros.
Se divertía a raudales con cada una de nuestras historias improbables, a las que ponía una atención especial, incluso tomaba apuntes y preguntaba con abundancia cuando algo despertaba su curiosidad. Le divertía especialmente Wolen cuando se vestía de payaso siniestro y usaba el tono afectado de los habitantes de las altas landas; su tétrico rostro chocaba con la dicción amanerada, el contraste era fabuloso y todos reíamos sin parar.
Claude, por el contrario, era el personaje genial que se consideraba incomprendido. Era un experto en reconocer cualquier tipo de patrones, lo mismo en la naturaleza que en el comportamiento humano. En las reuniones se burlaba de la pobreza de nuestro vocabulario. Identificaba las cruentas reiteraciones lexicales de cada uno de nosotros y las dibujaba en pizarras, los resultados eran desastrosos. Nuestra precariedad lingüística se igualaba a la de los asnos.
A Lupo, sólo ella lograba controlarlo. Sus conversiones ocurrían durante las sesiones de terapia. Había en sus ojos un odio visceral hacia los humanos, Cendra decía que la culpa la tenían los burócratas porque, una y otra vez, le habían destrozado la vida. Cuando recuperaba su forma, Lupo se aislaba en una esquina del laboratorio y permanecía viendo a la luna en marmóreo silencio.
Fue en una sesión perturbadora cuando Cendra comenzó a comportarse extrañamente. Nos dejo de hablar para enfocarse en la situación de Lupo, al que por otro lado empezó a llamar Roland. Además, intentó llenarle la cabeza de ideas inverosímiles. Le decía que éramos invenciones de su delirante personalidad y él poco a poco fue creyendo esas patrañas, pero nosotros estábamos allí, dentro de Lupo, totalmente visibles.
Una noche Wolen convenció a Lupo de su existencia y le pidió que lo dejara hablar con Cendra en la terapia matutina. Llegado el momento, Wolen se levantó del diván y dijo con voz profunda: “Todos nosotros somos Lupo, y él también es nosotros. Algún día, cuando dejes de poner prótesis al espíritu, lo entenderás Cendra”.  

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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