Thursday 19 de January de 2017

La lectura despreciada

cartas desde el exilio

     19 Dec 2011 03:30:00

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La coyuntural polémica sobre los dislates y errores de Enrique Peña Nieto no sólo han revelado que las preferencias de la mayoría de los medios de comunicación laten del lado del candidato del PRI, sino algo que debería de preocupar aún más a la ciudadanía. Me refiero a las prejuicios que actores políticos y opinion makers tienen sobre la lectura.
Es saludable que medios, burócratas y periodistas defiendan a su gallo de manera transparente en los distintos espacios de difusión. Pero intentar dar maromas para defender el absurdo es un acto escasamente ético, sobre todo, si tomamos en cuenta que los mismos vehículos masivos de información han optado por crear foros interactivos donde ocurrencias e insultos fluyen con disparatada demencia.
En este esperpéntico circo, los contorsionistas más cínicos han puesto bajo sospecha los efectos positivos de la lectura. Acaso porque la concepción que agitan es puramente instrumental. Algunos arremeten directamente contra aquellos intelectuales y académicos, de suyo defensores de los libros como elementos de la formación cultural, por ser unos tipejos arrogantes y elitistas. Montados en sus privilegios mediáticos, repiten sin gracia lugares comunes y sofismas risibles, creyendo que de ese modo la prole tomará con resquemor las críticas a Peña Nieto.
Para Ciro Gómez Leyva, por ejemplo, leer no es una condición necesaria y suficiente para ser presidente de un país. Ésas son cosas de intelectuales exigentes, el pueblo espera de un candidato que sepa gobernar. Las ideas de Ciro destilan un tufillo de voluntarismo casposo que, por cierto, nada tiene que ver con la complejidad de los tiempos modernos.
Creo que los aspirantes a un cargo político algunas ideas tendrán de cómo resolver los problemas de México. Si esto es cierto, entonces el señor o la señora, según sea el caso, habrán utilizado el cerebro para producirlas y, por tanto, cabría suponer que para ello debieron nutrirse de textos teóricos y prácticos, algunos administrativos y políticos, otros no. De ahí que saber leer e interpretar escritos es una condición necesaria, aunque ciertamente no suficiente, para crear modelos de intervención gubernamental.
Ahora bien, algunos opinadores advierten con sorna que no es necesaria la lectura de artefactos literarios para saber conducir a un país. Esto es cierto, si y sólo si, se considera que el desarrollo de una nación discurre únicamente por las vías de los intereses económicos y de poder. Esta hipótesis es profundamente agreste y reaccionaria, porque de golpe y porrazo los apologistas del analfabetismo funcional consideran los territorios del arte y la cultura como ornamentos de la vida de México, cosas que no producen dinero ni relaciones de poder, vamos, prescindibles.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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