Friday 20 de January de 2017

La plata zacatecana durante La Colonia

     26 Sep 2011 03:20:00

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En la Historia de México, Zacatecas ocupó el primer lugar como la mayor productora de plata durante el Virreinato, gracias a la cual fue considerada como una de las ciudades más importantes de la Nueva España y de las colonias españolas.
La historia inicia cuando los ambiciosos españoles buscaban en sus incansables expediciones en tierras americanas, la mítica ciudad dorada, repleta de oro, plata y piedras preciosas que los convertiría de una vez, en hombres ricos, famosos y nobles.
Juan de Tolosa, el célebre “Barbalonga” que realizó innumerables excursiones para encontrar tan anhelado tesoro.
Cuentan las crónicas, que un día, al encontrarse en las cercanías de Guadalajara un indio le mostró un trozo de piedra argentina, lo que llamó poderosamente su atención, al preguntarle al indio su origen, éste le mostró el rumbo en donde había muchas más piedras de plata.
Codiciosamente organizó una expedición con otros españoles e indios pacíficos que le guiaron hacia el norte. Después de largas y duras jornadas, el 8 de septiembre de 1546, Día de de la Natividad de Nuestra Señora, llegaba Tolosa a las faldas de un cerro que él denominó de la Bufa porque parecía una vejiga de cerdo, encontrando riquísimas vetas de plata. A partir de entonces la incipiente población se fue habitando alrededor de la cañada al sur de esta veta.
Al principio, las casas fueron construidas de manera rústica y elemental, pero cuando se dieron cuenta que la plata se encontraba a flor de tierra, comenzaron a construir casas fuertemente edificadas que les resguardaran del ataque de los aguerridos indios huachichiles, del inclemente frío y que además les diera cobijo a las familias que llegaron con ellos.
Meses después se realizó el establecimiento formal de las Minas de los Zacatecas, un 20 de enero de 1548 por los cuatro españoles fundadores: Juan de Tolosa, Diego de Ibarra, Baltazar Temiño de Bañuelos y Cristóbal de Oñate.
Pocos años después en 1588, gracias a las importantes cantidades del argentífero metal de Zacatecas que recibía la corona española, el Rey Felipe II de España le otorgó el título de Muy Noble y Leal Ciudad y más tarde el escudo de Armas, privilegios que solo se concedieron a las ciudades más importantes como Perú, y la Ciudad de México.
Como sabemos, la riqueza proveniente de las minas del Potosí en Perú y de Zacatecas en la Nueva España permitieron a la corona española pagar sus innumerables deudas y financiar las guerras contra Francia y los protestantes.
La riqueza de los hombres más poderosos de la Colonia provenía principalmente de los yacimientos de oro y plata de Zacatecas: los condes de Santa Rosa, del Jaral y de Santiago de la Laguna por ejemplo, obtuvieron fortuna y nobleza gracias a la abundante producción de sus minas.
Aunque muchas leyendas de lujo y opulencia se hilaron alrededor de su producción argentífera, lo cierto es que el devenir de Zacatecas lo conforman historias de bonanza y escasez, ya que muchos hombres se hicieron ricos de la noche a la mañana gracias al descubrimiento de ricas vetas e intempestivamente se quedaron en la ruina por la inundación de alguna mina.
La riqueza obtenida de las cuantiosas cargas del preciado metal, propiciaron así mismo la expedición hacia el norte de México y el Sur de Estados Unidos encabezada por Fray Antonio Margil de Jesús, así como la construcción de las más hermosas edificaciones civiles y religiosas como la Catedral Basílica de Zacatecas, considerada el máximo ícono del Barroco Mexicano.
Diversas órdenes religiosas se establecieron recién fundada la ciudad, atraídas por la fama que muy pronto adquirieron las minas, por el importante flujo de personas y los muchos indios que había que convertir al cristianismo, construyeron magníficos conventos e iglesias. El primero fue el Convento de San Francisco, posteriormente los de San Agustín y Santo Domingo que fueron los más importantes e influyentes en la sociedad novohispana y cuyos vestigios albergan en la actualidad museos.
Estos recintos religiosos fueron dotados de los más preciosos objetos de orfebrería y joyería en oro, plata y piedras preciosas elaborados por los artesanos más prestigiados de la Nueva España, quienes tuvieron el encargo de elaborar las más bellas piezas.
Historiadora de arte




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