Tuesday 17 de January de 2017

La recompensa es grande

     19 Dec 2012 04:00:00

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Sólo faltaban cinco días para la Navidad. Aún no me había atrapado el espíritu de estas fiestas. Los estacionamientos llenos, y dentro de las tiendas el caos era mayor. No se podía ni caminar por los pasillos. ¿Por qué vine hoy? Me pregunté. Me dolían los pies lo mismo que mi cabeza. En mi lista estaban los nombres de personas que decían no querer nada, pero yo sabía que si no les  compraba nada se resentirían.
Llené rápidamente mi carrito con compras de último minuto y me dirigí a las filas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calculé que serían por lo menos 20 minutos de espera.  
 Frente a mí había dos niños, un niño de 10 años y su hermana de 5 años. Él estaba mal vestido con un abrigo roto, zapatos deportivos muy grandes, a lo mejor tres tallas más grande.
Llevaba en sus sucias manos unos cuantos billetes arrugados. Su hermana lucía como él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba un par de zapatos de mujer dorados y resplandecientes.  
 Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro. La cajera les entregó el recibo y dijo: son 69 pesos. El niño le entregó sus billetes arrugados y empezó a rebuscarse en los bolsillos. Finalmente contó 32 pesos y dijo: bueno, pienso que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compraremos.
Ante esto la niña dibujo un puchero en su rostro y dijo: “pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos” volveremos a casa trabajaremos un poco más y regresaremos por ellos. No llores vamos a volver. Sin tardar yo le complete el dinero que le faltaba a la cajera. Ellos habían estado esperando en la fila por largo tiempo y después de todo era Navidad.
En eso un par de bracitos me rodearon con tierno abrazo y una voz dijo: “muchas gracias señor”.
Aproveché la oportunidad para preguntarle que había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña con sus grandes ojos respondió: “mi mamá está enferma y yéndose al Cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra dice que las calles del Cielo son de oro reluciente, tal como estos zapatos.
Creo que mi mamá se verá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos"
Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante. Por supuesto que sí, le respondí. Y en silencio le di gracias a Dios por usar a estos niños para hacerme recordar el verdadero valor de las cosas.

*padrefelix98@hotmail.com




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