Tuesday 24 de January de 2017

La Revolución Mexicana

Los días del Bi-100

     20 Nov 2012 04:00:00

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En el Cerro de la Bufa se le rinde homenaje a tres de las figuras principales de la Revolución Mexicana.
En el Cerro de la Bufa se le rinde homenaje a tres de las figuras principales de la Revolución Mexicana.

Los movimientos en contra del régimen porfirista, manifestados bélicamente, en 1910, fueron parte de las respuestas a las contradicciones políticas y sociales, tanto de carácter nacional, como provenientes de las regiones de México.
En las más de dos décadas (1884-1910) del gobierno de Porfirio Díaz ocurrió un inédito crecimiento económico en prácticamente todo el territorio nacional.
Esto fue merced a la construcción y el funcionamiento del ferrocarril; al mejoramiento de los caminos existentes y a la proyección de un mercado nacional.
Estas condiciones colaboraron en el auge minero del norte del país, la agricultura de exportación del centro y sur y en la industrialización del norte y centro de México. Destáquese que tuvieron eminentes rasgos monopólicos.
Estos factores auxiliaron en la configuración de nuevos grupos sociales: la incipiente clase obrera, los grupos intermedios en las ciudades y los pequeños propietarios en el campo. Pero, el desarrollo económico no redujo los extremos entre los ricos y los sectores que se afanaban en disfrutar las nuevas condiciones económicas.
Agréguese al escenario de contención en el ascenso social, la misma situación en la política. Se consolidó el sistema educativo nacional, como institución necesaria en el programa liberal del régimen, para seguir construyendo la ciudadanía de la República.
Cada entidad tuvo su dirección de instrucción pública elemental y un instituto científico. Pese a las posibilidades de integrar a los sectores sociales, no ocurrió así.

Frenos en la dinámica social
Los políticos denominados “científicos”, ejecutaron su programa darwiniano, para frenar la educación pública. Creían impropia la instrucción en las haciendas y en los pueblos pequeños. Argumentaban que la existencia de una clase educada presionaría el crecimiento de la burocracia ante la falta de empleo.
La existencia de grupos políticos gobernantes regionales, con muy poca rotación en las diferentes instancias de poder, implicó otro freno en la dinámica social. Las jefaturas políticas (instancia intermedia entre el gobierno estatal y los ayuntamientos), los asientos en los congresos estatales, los tribunales de justicia y las oficinas gubernamentales estuvieron ocupadas por los integrantes de los grupos liberales y científicos.
Estos, a su vez, sólo eran dos generaciones entreveradas de políticos: una era la que luchó en las guerras de Reforma e intervención francesa, y otra la que emergió en los años del régimen porfirista. Así, los excluidos eran los jóvenes provenientes de sectores intermedios.

Un respiro
Las insatisfacciones, ante el régimen, tuvieron respiro institucional en las elecciones generales de 1910. Cuando intervino Francisco I. Madero. Éste hacendado educado en el extranjero, coordinó la formación del Partido Antirreeleccionista.
Lo hizo junto con otros individuos que no estaban del todo incluidos en las instancias de poder regional.
El antirreeleccionismo era una red, con alcance nacional, de clubes políticos, sociedades de lectura, mutualistas de trabajadores urbanos, juntas patrióticas y redactores de periódicos con influencia local.
En esta red intervinieron los excluidos de la política regional, los liberales opuestos a la conciliación con la Iglesia Católica, los republicanos de pueblos que reivindicaban sus derechos ancestrales, algunos católicos que demandaban su derecho a ejercer una ciudadanía activa, los pequeños propietarios, los trabajadores y clasemedieros de las ciudades, como los profesores, estudiantes, protestantes y masones.
Madero fue derrotado en las elecciones. También fueron excluidos los candidatos al congreso general, los que reivindicaron la bandera antirreeleccionista. Entonces, en octubre de 1910 organizó el levantamiento armado.
En el Plan de San Luis puso fecha y hora para el inicio de la manifestación armada: 20 de noviembre de 1910.

El triunfo a medias
La guerra civil inició sin fuerza política y social suficiente. Paulatinamente aumentaron los contingentes. Esto ocurrió sobre todo en el norte de México, en el estado de Chihuahua. Unas veces triunfantes y otras, las más, fueron derrotados los revolucionarios.
En mayo de 1911 fue ocupada Ciudad Juárez, uno de los puntos fronterizos de México con Estados Unidos. Entonces el gobierno general fue obligado a negociar. Díaz y más de una docena de gobernadores dejaron su cargo y se comprometieron a convocar nuevas elecciones generales. A través de ellas, Madero triunfó (noviembre de 1911).

Frustraciones desatadas
El ascenso de Madero no redujo las insatisfacciones incubadas en el porfirismo. En cambio si desató mayores frustraciones. Su gobierno no logró aplacar las movilizaciones de los contingentes que le apoyaron, quienes reivindicaban sus derechos políticos y sociales. Tampoco dominó las ambiciones de una parte de sus correligionarios y de los leales al porfirismo, quienes se levantaron en armas.
Atento el gobierno para controlar a Pascual Orozco en Chihuahua; Emiliano Zapata, en Morelos; y al general Félix Díaz, en Veracruz,  dejó en vilo los efectos democráticos y liberales del antirreeleccionismo.
Derrotada la efímera presidencia de Madero (febrero de 1913), más por la deslealtad del ejército porfirista y por una parte de los gobiernos encabezados por antiguos maderistas, la presidencia fue ocupada por el general Victoriano Huerta.

La victoria del constitucionalismo
Como reacción, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, convocó a una nueva movilización armada.
El fin era derrotar a las fuerzas de Huerta. Quien, es dable señalar, tuvo el reconocimiento de casi todos los gobiernos estatales de México. Carranza encabezó una nueva fase de la movilización política y militar de la Revolución mexicana (marzo de 1913-febrero de 1917). De manera regional, estuvieron más cercanos a él que al gobierno de Huerta los líderes revolucionarios que emergieron en noviembre de 1910.
El triunfo del constitucionalismo sobre Huerta y los líderes revolucionarios regionales (Francisco Villa y Emiliano Zapata) permitió formular un nuevo pacto en México: la Constitución de 1917.
En ella asentaron las reivindicaciones de los grupos sociales y políticos insatisfechos con el régimen porfirista: nuevo reparto agrario, nuevos derechos para los trabajadores asalariados, la permanencia del Estado laico y la educación pública gratuita para todos...

*Historiador y profesor universitario




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