Friday 20 de January de 2017

La tele, deporte nacional

     1 Aug 2012 04:00:00

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Días de descanso por vacaciones de verano; días en que la mayoría practica con devoción el deporte preferido de los mexicanos: ver televisión.
Televisión, portento de “magia” y tecnología; instrumento que un duopolio devenido máximo maestro y orientador ideológico ofrece con desinterés a seres ávidos del aprendizaje y de la parafernalia esperpéntica que cotidianamente brilla en casi todos los hogares.
Y del otro lado de la pantalla, los doctos y profundos comentaristas que, por ejemplo, de futbol saben más que cualquier pateador, árbitro, juez de línea o entrenador. Son los gritones, pontífices del micrófono, ilustradas señorías en permanente cátedra del buen decir y el mejor jugar.
¡Ah, cómo saben esos magníficos narradores! Tanto que pueden describir perfectamente lo que piensa cualquier jugador cuando está cerca de la portería; saben lo que idea, siente y ve cada uno de los que corren sobre la cancha.
Hemos llegado a la máxima justa deportiva del universo, proclaman ellos. La fiesta de la paz, del encuentro de almas provenientes de 204 naciones, peroratan. Todos, bellos y bellas montados voluntaria o involuntariamente en el tren de la comicidad.
Deporte olímpico aderezado pródigamente con trivialidades vociferadas por muchachas hermosas, de piernas destellantes de sabiduría, de rostros magníficamente iluminados por la luz del conocimiento. Así es el deporte en México; así es la televisión-aula.
Dos semanas para que en la más llamativa enajenación mental el pueblo telenovelero se olvide de conflictos electorales, de gasolinazos, de la carestía sin límite, de la represión de activistas sociales; de agresiones a periodistas, de los zarpazos del narcotráfico.
Viva México porque somos campeones en los “100 muertos planos”, en “a-salto con garrote”, en “tiro con-narco”, en “lanzamiento de bala” y en otras especialidades que el histrionismo popular se endilga. Todo para olvidar lo que fuimos y ya no somos y quién sabe cuándo volveremos a serlo.
Será por todo esto por lo que el señor Felipe Calderón aparece todos los días en las pantallas caseras, en por lo menos un acto público, a veces hasta tres. Siempre gracioso ya; simpaticón el hombre que con voz modulada obsequia ironías, gracejadas y críticas mordaces endulzadas con sonrisa socarrona. Pensará que a mal tiempo buena cara.
En cierta conferencia preguntaba hace pocos días una prestigiada investigadora de medios de comunicación: "¿De qué se ríe todos los días el Presidente en sus discursos?", alguien de la concurrencia le respondió: “de nosotros, y de los güeyes que le aplauden”.
El cinismo personificado por quien ya ni la burla perdona y sólo se encierra con sus pocos seguidores y esperanzados curiosos que van a ver si ya dice algo nuevo.
En fin. Días de carros de fuego, días de hacer deporte de alto rendimiento con pants, tenis, botanas chatarra y chelas, amonados frente a la tele.


*Periodista
ricgomm@hotmail.com




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