Tuesday 17 de January de 2017

La tragedia de un cuerpo

Cartas desde el exilio

     4 Jul 2011 04:00:00

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Ahora, a sus cuarenta y cinco, tendido lánguidamente en la cama, recordaba Francesco un pasaje de ese libro inclasificable del escritor véneto Tiziano Scarpa, titulado Corpo. Hurgando en su ombligo tradujo mentalmente aquel fragmento: “Mi ombligo es lo contrario de una planta carnívora que se nutre de insectos. Mi ombligo fabrica hormigas y moscas, de lana y algodón”.  
Ahora tenía tiempo para reencontrarse con su cuerpo: tocarlo, explorarlo, pensarlo, consentirlo, hablarle directamente y sin tapujos, preguntarle por su estado. Cerraba los ojos para escuchar la fricción de la sangre en las paredes de las arterias y las venas. Aquel chirriar agónico le horrorizaba, sabía que las grasas y el colesterol habían fastidiado los preciosos túneles de irrigación, engrosando los canales de distribución y transformando, poco a poco, la bendita sangre suya en atole viscoso.
Con celeridad, palpaba la barriga y notaba la correlación que había entre el sufrimiento del aparato circulatorio y el bestial ensanchamiento de la cintura. Parecía ésta una cama de agua, fofa y gelatinosa. Atrás había quedado el estómago plano de futbolista atlético. El lugar de aquella resbaladilla reluciente y nervosa había sido ocupado por una impresentable bolsa de aire y grasa.
Sobresaltado, Francesco intentaba levantarse de la cama para verse en el espejo, pero los calambres musculares se lo impedían. Sentía cómo las tarascadas canibalescas de los músculos fagocitaban la carne de sus piernas, muslos y lomo. El cuerpo estaba siendo desgarrado frente a sus propios ojos.
Después de varias horas, cesaron los trepidantes espasmos y sólo quedaba de fondo un sostenido dolor muscular, así como un lastimoso crepitar de articulaciones. Las manos funcionaban perfectamente, no así la columna vertebral, el lumbago mancillaba su espalda. En ese momento maldijo la escritura que redujo el cuerpo suyo a recipiente de pensamientos y lenguajes.
Había registrado metódicamente el acontecer de los otros; había creado personajes tortuosos y fantásticos; había fijado su mirada naturalista en el comportamiento de las personas; había escrito miles de historias en millones de hojas, pero había olvidado el acaecer de su propio cuerpo. Ese cuerpo convertido en extraña vasija, pétrea y estática, que no había sido escuchado por Francesco, estaba a punto de colapsar, de sucumbir a causa de los lances arrogantes de la aristocrática conciencia.
En ese punto extremo, recordaba otro pasaje de Scarpa dedicado a la cabeza: “Jurídicamente es un distrito autónomo, una ciudad-estado, una región con estatuto especial”. Lleno de terror, Francesco comenzaba a escribir la historia trágica del propio cuerpo, empleando la piel suya como espacio memorial de la carne.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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