Friday 20 de January de 2017

La transfiguración de Cristo

El Día del Señor

     20 Mar 2011 03:40:00

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INTRODUCCIÓN
Estamos ahora en el segundo domingo de Cuaresma, en el cual la Iglesia nos presenta el hecho de la Transfiguración de Cristo en un  monte elevado, según la tradición el monte Tabor.
Reflexionemos en este hecho maravilloso y saquemos aplicaciones evangélicas para renovar nuestras vidas a la luz de esa transfiguración del Señor. No olvidemos que estamos avanzando en nuestro camino cuaresmal con la mira puesta en la celebración anual de la Pascua de Resurrección.
Cristo, con el hecho de su manifestación gloriosa en el monte, quiere alentarnos en nuestra experiencia cuaresmal, en la cual Dios nos invita a transformar nuestro modo de ser y vivir a la luz de su revelación, patente en Cristo como revelador por excelencia del plan de su Padre para liberarnos de todo pecado y oscuridad que destruyen la felicidad verdadera como meta de toda una búsqueda para ser felices en la historia que recorremos dentro del espacio y el tiempo y más allá en la eternidad de la cual Jesús, al transfigurarse, nos ofrece un girón de gloria que impulsa y alienta nuestra esperanza de peregrinos por este mundo.

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE
Los tres evangelios  sinópticos nos dan cuenta de este hecho. Hoy, la Iglesia nos presenta la narración de San Mateo, dentro del Ciclo A de nuestras celebraciones eucarísticas dominicales y cuaresmales.
Jesús subió al monte Tabor con sus discípulos Pedro, Santiago y Juan. Se puso a orar... y de improviso, ante la mirada atónita y extasiada de sus discípulos acompañantes, se transfiguró: “su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús”.
Hablaban de la suerte de Jesús, quien al ir camino a Jerusalén, había anunciado a sus discípulos que allí sería condenado y entregaría su vida en manos de sus perseguidores, pero que resucitaría al tercer día.
Ante la gloria esplendorosa del Señor, Pedro tomó la palabra para decirle a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí!, si  quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Luego San Mateo relata que “cuando (Pedro) aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias. ¡Escúchenlo!”...

LA PARTICIPACIÓN DE LOS CRISTIANOS EN LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS
El acontecimiento de la Transfiguración de Cristo sigue teniendo validez y actualidad con el paso del tiempo y de las generaciones que se suceden unas a otras.
Como desde un centro que irradia círculos concéntricos, la luz gloriosa de Cristo en el monte elevado del Tabor ilumina y da sentido a la presencia de los hombres en este planeta, camino abierto hacia la Resurrección del Señor, de la cual su Transfiguración es una muestra y manifestación de esa plena gloria que ha conquistado con su Pascua doliente y gloriosa, pasando por la pasión y la muerte, tras la conquista de su plena y perfecta glorificación.
Nuestra fe cristiana debe vivirse y dar testimonio apoyada en la seguridad consoladora de la Resurrección. Dios nos ha hecho para Él y nuestras almas y cuerpos suspiran por la adquisición de la felicidad que no se acaba en el cielo.
La Transfiguración de Jesús debe alentar, confortar a todo discípulo que crea en su mensaje evangélico de salvación.
Somos con Jesús en este mundo por el bautismo y demás sacramentos, hijos del Padre celeste y hermanos suyos, alentados por la energía del Espíritu Santo.
Nuestra vocación cristiana es un llamado para ser, con Jesucristo, luz del mundo por el testimonio de nuestras buenas obras que hacen viva nuestra fe.
Ciertamente la humanidad se debate siempre al avanzar en la historia, entre luces y sombras; el pecado y la corrupción en sus diversas manifestaciones aquejan nuestra existencia en la tierra, asimismo las penas y sufrimientos de los desastres naturales.
Pero Cristo nos invita siempre a superar las amarguras y tristezas de este mundo, para que participemos de su gloria siendo con su gracia y amor verdaderamente santos.
Hoy el mundo nos pide, como discípulos y misioneros de Cristo, que luchemos por ser solidarios con todos los hombres; que las tristezas, sufrimientos, alegrías y anhelos de superación en la verdad y el bien sean patrimonio de todos.

ORACIÓN CONCLUSIVA
“Dios de nuestros padres te bendecimos agradecidos porque el mensaje de la Transfiguración de Jesús, tu Hijo, anticipa su gloria luminosa de pascua de resurrección. Tal esperanza alienta nuestra vida errante, especialmente cuando esta presenta el lado hiriente de la cruz con Cristo, cuando nos cercan la oscuridad y la duda, el temor y la fatiga.
Entonces Jesús, como los apóstoles del Tabor, nos dice: Levantaos, no temáis; yo estoy con vosotros en el camino, y en la raya del horizonte despierta ya la aurora pascual. Haz, Señor, que cumplamos la condición de la fe que nos pides, escuchando a Jesús y siguiendo sus huellas con alegría por este camino de la vida terrena, vigilia inmortal de gozo pascual para la eternidad del cielo. Amén”.
*Obispo Emérito de Zacatecas
 




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