Tuesday 17 de January de 2017

La violencia como un negocio redituable

     15 Mar 2013 03:30:00

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La semana pasada participé en un congreso sobre literatura mexicana que se realizó en la Universidad de Texas, en El Paso. Como mencioné con anterioridad en este espacio, el tema que inscribí está centrado en el análisis de la novela Perra Brava de la escritora regiomontana Orfa Alarcón.
Debido a que el contexto del relato es el mundo del narcotráfico, el diálogo posterior a la ponencia resultó dinámico e interesante, orientándose a la discusión sobre la proliferación de obras cuyas historias transcurren en los ambientes de la delincuencia organizada.
La percepción  generalizada es que, salvo honrosas excepciones, esta narrativa responde a las necesidades del mercado, el cual ha convertido la violencia en un negocio muy redituable.
Perra Brava narra la relación amorosa de una joven regiomontana, que estudia literatura en la universidad pública, y un importante jefe de sicarios.
Si bien describe peligrosos acontecimientos que en el universo del hampa se viven, la historia está centrada en la obsesión enfermiza de la protagonista hacia el capo, su fascinación por lo que él representa, su imperante deseo de acatar las órdenes que el sicario le da y su posterior conversión en un ser tan cínico y cruel como su amante.
Alarcón utiliza el lenguaje coloquial del norte del país e intercala letras de las canciones de El Cártel de Santa, caracterizadas por su contenido misógino y violento, una de las cuales lleva por nombre, precisamente, Perra Brava.
En la revista electrónica Silueta de Letras, la autora reconoce que la novela es una especie de homenaje a Babo, vocalista del grupo arrestado por matar a un miembro de la banda en 2007 y liberado después. Ahí señala: “el grupo me encanta porque representa mi casa, refleja totalmente el orgullo de ser norteño y todo esto se mantiene en la novela”.
Ese es el problema de Perra Brava: suponer que la violencia como espectáculo representa el orgullo de una región. Acaso por eso en el relato parecen estar fusionados los lugares emblemáticos de Monterrey, sus calles, y la narcoviolencia, como una especie de denominación de origen.
Así, la obra carece de una perspectiva distanciada y crítica. Ni siquiera hay en ella un atisbo de denuncia o de investigación sobre la temática.
Es una lástima, porque hace falta el punto de vista femenino en tramas del narcotráfico. Además, porque Orfa Alarcón posee la capacidad de crear imágenes nítidas que perduran después de la lectura, ya que sabe narrar con una prosa fresca y directa.
Es deseable que sepa aprovechar sus cualidades literarias en las próximas novelas. Para ello es imprescindible que rebase la seducción económica del mercado editorial.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
bethsang@hotmail.com




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