Wednesday 18 de January de 2017

La vocación de los cristianos para seguir a Cristo

El Día del Señor

     10 Feb 2013 03:40:00

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El evangelio describe a los primeros discípulos de Jesús.
El evangelio describe a los primeros discípulos de Jesús.

INTRODUCCIÓN
Este domingo bien puede llamarse “vocacional”, ya que sus lecturas bíblicas tocan este tema. En efecto, la primera lectura nos habla de la vocación del profeta Isaías; la segunda se refiere a la vocación de San Pablo y el evangelio nos narra la vocación de los primeros discípulos de Jesús que son llamados para seguirlo y recibir luego una misión.
Toda la vida de los hombres que hemos venido a este mundo por voluntad de Dios, se puede decir que al venir a la existencia es la primera y fundamental vocación que después se va concretando durante el desarrollo y progreso de la vida. Nuestra vocación a la existencia es un don de Dios que luego queda unido al don de la vocación sobrenatural, de la cual nos hablan las lecturas bíblicas de este día.
Tanto el Antiguo Testamento (primera lectura), como el Nuevo (segunda y tercera lecturas), se complementan progresivamente, dentro del desarrollo de la historia de la salvación, en la cual Dios se ha revelado hasta culminar con la venida de Jesucristo, quien da sentido pleno a toda vocación para el tiempo y la eternidad.
Reflexionemos, pues, en el tema vocacional que la liturgia de la palabra de este domingo nos presenta.

TRES VOCACIONES: LA DE ISAÍAS, LA DE PABLO Y LA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS DE JESÚS
A).- Vocación de Isaías: El libro de Isaías nos describe la vocación o llamado que Dios hace a este gran profeta: Dios aparece tomando la iniciativa de esta vocación, que es característica de toda vocación. Dios es el que llama y el hombre debe responderle libremente. En esta narración aparece el esplendor de la majestad divina, su trascendencia, la plenitud de su vida santa, luminosa y perfecta.
El hombre queda estupefacto y con temor ante la magnificencia y trascendencia divinas. Se reconoce ante Dios pobre pecador y sin mérito alguno. Pero Dios purifica, como cuando un serafín con unas tenazas y un carbón encendido, toca los labios del profeta, purificándolo y disponiéndolo para recibir y aceptar la vocación que Dios le hace. Después de purificado, Isaías responde seguro y con generosidad: “Aquí estoy, Señor, envíame”.
B).-  Vocación de San Pablo: En la segunda lectura de la Primera Carta a los Corintios, Pablo es llamado para trasmitir y testimoniar la Pascua de Jesús, es decir, el mensaje fundamental de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Este mensaje “núcleo” es el fundamento de la vida cristiana que consiste en unirse estrechamente a Jesús, como Mesías y Salvador de los hombres y participar de esa pasión muerte y resurrección conquistando de esta manera la vida eterna. El apóstol Pablo asimiló y testificó con toda su vida, desde que Jesús lo llamó en el camino hacia Damasco, predicando la buena nueva del reino de Dios que consiste precisamente  en esa Pascua que tan ardientemente y con fidelidad admirable, predicó con amor incansable a Cristo y a todos los hombres con los cuales se encontró para que aceptaran el mensaje y se salvaran.
C).- Vocación de los primeros discípulos de Jesús: Estando Cristo en las orillas del lago de Tiberíades o Mar de Galilea, predicando a una gran muchedumbre de gentes quien lo escuchaban ávidos de verdad y arrobados por su  predicación, tuvo que subirse a una de las dos barcas que estaban cercanas. Pidió subirse a la barca de Simón y de su hermano Andrés, pidiéndoles que llevasen la barca mar adentro para pescar. Simón y sus compañeros habían terminado su trabajo de pescar con tan malos resultados que casi no habían pescado, sin embrago Simón obedece a Cristo y ya sabemos lo que luego aconteció: una gran pesca que hacía zozobrar, no solo la barca de Simón, sino también la barca de los otros dos compañeros: "Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y exclamó: ¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pobre pecador! Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de  Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón. No temas, desde ahora, serás pescador de hombres. Luego llevaron las barcas a tierra y dejándolo todo, lo siguieron”.

NUESTRAS VOCACIONES A LA LUZ DE LO QUE ACABAMOS DE CONTEMPLAR
La homilía de cada celebración eucarística nos da la gracia de responder a Dios a partir precisamente de las lecturas bíblicas que la Iglesia nos presenta. Los cristianos debemos responder a la voz de Dios, quien por Cristo y su Espíritu nos llama a cada instante para que se haga vida concreta y comprometida, el evangelio que se proclama en el ámbito de la Iglesia, en la cual el Señor se nos manifiesta.
Hago ahora unas breves reflexiones o propuestas para que a partir de la Palabra celebrada en esta eucaristía concretemos nuestra vocación...la de todos y la de cada uno.
Empiezo por decir que toda vida es vocación y llamada de Dios a la vida y a existir como personas con proyecto definido en el presente y teniendo el futuro como horizonte real. Llamados a ser verdaderos hijos de Dios Padre, a la santidad y a la Iglesia, al amor de unos con otros como distintivo de los auténticos cristianos, a la libertad y a la esperanza, construyendo la fraternidad, la comunión en las familias y construyendo nuestras convivencias en la verdad y la justicia.
El seguimiento de Cristo es la gran vocación al discipulado, ni más ni menos como aquellos primeros seguidores de Jesús de los cuales nos habla el evangelio y todo esto en salud y enfermedad; con éxitos y pruebas duras de fracasos y frustraciones; permanecer firmes en la fe, sobre todo cuando ésta es probada de múltiples maneras a la largo de nuestra existencia en la tierra. Vocación que nos hace estar firmes con el auxilio divino que continuamente debemos implorar, a través de errores y soledad humana, porque Dios nos renueva cada día si estamos vigilantes y atentos en su presencia con la oración en sus variadas formas.
Termino exhortándoles, diciendo, que siempre es tiempo propicio y oportuno para dar el sí a él y a los hermanos en el servicio y la donación de nuestras vidas. Siempre podremos como personas de fe cristiana empezar con alegría cada mañana, porque la Pascua de Cristo es avanzar en el espacio y el tiempo históricos, unidos a Dios y a los hermanos en la conquista segura de la vida eterna y perfecta. Activos e impulsados por la esperanza y con el amor a nuestro Señor y al prójimo.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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