Thursday 19 de January de 2017

La voluntad forzada de Calderón

     13 Nov 2012 03:30:00

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Cito al filósofo clásico Aristóteles para entender un poco más los 12 años del PAN en la Presidencia de la República: “si hubiésemos sabido más y mejor, es de suponer que habríamos actuado de otro modo”, pero agrega en el libro III de su Ética a Nicómaco, “(las) circunstancias, en la mayoría de los casos, no deben dispensarnos de actuar”.
Con esa lógica actuó el presidente panista Felipe Calderón Hinojosa -alumno del filósofo e ideólogo Carlos Castillo Peraza-, durante los seis años del gobierno que están por concluir este 1 de diciembre, cuando regrese el PRI investido en el mexiquense Enrique Peña Nieto. Calderón se va con la estela de asesino, rijoso, militar, sanguinario, etcétera, según leemos en columnas y análisis, pero ¿actuó de acuerdo a las circunstancias?
Por supuesto que sí. Actuó porque este país no toleraba más la paz de sepulcro que se vivía desde la época de Luis Echeverría Álvarez (este sí es un asesino con pedigrí) cuando se fueron amarrando fuertes intereses entre el poder del Estado, federales, estatal y municipal, con las mafias del narcotráfico, y que dejó pasar el antecesor de Calderón, el “panista” Vicente Fox Quesada.
Es decir, Calderón Hinojosa actuó obligado por las circunstancias y como lo haría en el clásico ejemplo del capitán del barco que en plena tempestad debe optar por aventar la carga al mar para aligerar la nave -con el riesgo de que mueran marinos durante las maniobras- o correr el riesgo de zozobrar. Y aquí cito al filósofo español Fernando Savater ante este dilema: “Es cierto que existe una elección y por tanto voluntariedad, pero es una voluntad forzada a optar por algo que sólo quiere en contra de su querer más amplio”.
Vendría una pregunta estúpida a Calderón: ¿quiso que murieran más de 80 mil personas por la guerra declarada a los cárteles del narcotráfico durante su sexenio? Y vendría una respuesta estúpida: “No”. Nadie, en su sano juicio, respondería sí. De ahí que me parece siempre muy tramposo colgarle la etiqueta de asesino al Presidente saliente. La pregunta es ¿qué hará Peña Nieto con este asunto?
Vuelvo a citar a Aristóteles: “Si obramos por ignorancia, sin suficiente conocimiento, o con un concepto erróneo del estado de las cosas en las que vamos a intervenir, es justo afirmar que nuestro acto no es sólo voluntario, porque hacemos lo que sabemos del todo lo que hacemos”. He ahí la diferencia entre Calderón Hinojosa y Fox Quesada, ambos presidentes de militancia panista, y con los gobiernos del PRI que construyeron un supra poder del Estado mexicano.
La historia se encargará de colocar a Felipe Calderón en su justa dimensión, como ha ocurrido con Echeverría y López Portillo, pero quedan aún facturas con Salinas, con Zedillo y con Fox. El primer indicador será la estrategia de seguridad que Peña Nieto desarrolle durante los próximos seis años.

*Periodista freelance Director de elhorizontal.com
edgarfelix@elhorizontal.com



   




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