Tuesday 24 de January de 2017

La voz de la ciudad: Rufis Taylor

     14 Feb 2012 04:00:00

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Aquella ciudad de Zacatecas de pocos automóviles, de gritos de aguamiel entre sus callejones, de humeantes ladrilleras de Bracho, de pregoneros de la verdad comunista en la cafetería Acrópolis de la Hidalgo, de techos planos (como describe Mauricio Magdaleno) por la escasez de lluvias y una escandalosa Juana Gallo que cantaba en la madrugada corridos de gloria revolucionaria en la cantina la Casa Verde de la Rayón, tenía la voz de Rufis Taylor, ese hombre que la recorría de punta a punta en un Datsun pintado de colores estridentes con cuatro altavoces, colocados en el toldo, cual rosa cardinal. Al menos eso me parecía en ese tiempo, recién llegado de Villahermosa, Tabasco, y que hoy es para las autoridades y algunos zacatecanos motivo de identidad.
Rufis era como un pleonasmo a las emisiones de radio, cierto, pero les compitió con el lema zacatecano a cuestas de “El trabajo todo lo vence” y utilizó el eco de desniveles y las cajas de resonancia de cada rincón de sus calles, para crear una necesidad. También, en pocas palabras, tal vez 120, como en el Twitter, nos informaba, nos decía, nos invitaba al Rex, al Ilusión, a comprar en La Quemazón, en la Casa Jaquez, en Novedades Olague.
La ciudad de Zacatecas no tenía tantos ruidos ni era tan extensa como ahora, pero Rufis Taylor supo aprovechar, como los habitantes eligieron vivir en el semidesierto y sacarle provecho a la vida a pesar del clima agreste, la oportunidad laboral donde no la había. De ahí, su éxito y el espejo en el que nos vemos con él. Es, sin duda, la voz de aquella ciudad.
El periodista Francisco Esparza publicó en un libro una interesante entrevista con don Rufino Solís Campos, en la que cuenta parte de su historia. Explica que junto con el archiconocido Mario Moreno Cantinflas durante una visita por Zacatecas, abrieron de par en par las apolilladas y enormes puertas de la Plaza de Toros de San Pedro para que todos los zacatecanos disfrutaran de un espectáculo gratuito del comediante. Eran buenos amigos Cantinflas y Rufino, y en esos años hacían justicia regalando el acceso para quienes no teníamos dinero. Yo fui uno de esos beneficiados, junto con un nutrido grupo de niños zacatecanos que era mi pandilla, y que disfrutamos de varias funciones gratuitas en El Ilusión cuando don Rufis nos “hacía la balona” con el boleto para disfrutar del matiné dominical.
Rufino es parte de aquellos años, de esos reflejos congelados en el mural de Diego Rivera del Teatro Insurgentes, en la ciudad de México, donde Cantinflas le quita a los ricos para darle a los pobres. Pero, Rufis Taylor, en la historia, fue la voz de aquel Zacatecas que les cuento y nuestro boleto alcahuete del matiné.

*Periodista




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