Monday 16 de January de 2017

Las inversiones pentatónicas

CARTAS DESDE EL EXILIO

     6 Feb 2012 03:30:00

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Platicábamos mi amigo Arni y yo en un café italiano sobre algunos temas menores de la vida nacional cuando apareció el Flaco Spinetta con su guitarra al hombro. Dejó caer su ligero cuerpo en la silla y apesadumbrado balbuceó una frase enigmática para mí: “No entiendo las rarezas pentatónicas de Scott”. Enseguida Arni le respondió emocionado, “no desesperes flaco es la misma escala tocada en diferentes posiciones con inversiones sutiles de intervalos.”
Había quedado marginado de la charla, aunque una apasionada curiosidad estalló al mismo tiempo dentro de mi cabeza. Así que en lugar de marchar a otro sitio, me quedé escuchando la conversación de aquella parejita de trastornados. Arni tomó la guitarra y explicó con ejemplos prácticos al Flaco Spinetta las teorías de Scott. Algo sabía yo de música, pero mis conocimientos eran demasiado rústicos como para entender las complejidades instrumentales que los amigos discutían. Lo mío era el cine, y cuando necesitaba musicalizar las pelis recurría al portentoso Arni.
El Flaco Spinetta no aceptaba de buena gana los malabares de Scott, consideraba que el rock y el blues eran potentes, justamente, por la simplicidad de sus estructuras musicales, compañeras secundarias de la hondura de las letras y del canto. Le asqueaba el protagonismo de los elementos musicales y, mucho más, la glorificación del virtuosismo, signo contundente del triunfo del individualismo contemporáneo.
Arni trataba de convencerlo para que aceptara la saludable emancipación de las formas musicales, argumentando que tanto en el rock como en el blues éstas son inmanentes, aunque ciertamente precarias en su origen. “Flaco, por favor, comprende que ya estaban ahí, en ciernes. No son algo externo, sino larvas que se desarrollan y se convierten en múltiples modos de ser”, le decía Arni.
Ayúdame Solevski a explicarle a este flaco testarudo y reaccionario que la pureza de los géneros es una ficción. Yo qué sé de música, le respondí con festivo gesto. Muy poco, es cierto, me dijo el insolente macarra, pero ocurre algo similar en el cine y tú lo sabes. ¿Qué prefieres, modelo Lumiere o Meliés? Los dos, le respondí sin pensarlo dos veces, aunque debo confesar que me inclinó más por el segundo, pero estoy convencido que el artificio realista es muy poderoso si es considerado como una impostura fructífera.
¡Ya está Flaco!, lo ves. Soleveski tira por el camino de la fantasía, de la experimentación inmanente, pero reconoce que el documentalismo de la imagen realista es parte del cine: la línea y la espiral son dos formas de lo mismo; lo puro y lo impuro, también, concluyó Arni chocando jubilosamente sus propias manos.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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