Sunday 22 de January de 2017

Las islas Diomedes

     2 Feb 2013 04:00:00

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Si ustedes han tenido la oportunidad de viajar a Europa o “cruzar el charco” como comúnmente decimos en alguna ocasión de nuestras vidas, el principal problema al que todo organismo de nuestro continente se topa es la alineación con el horario local.
Este proceso generalmente toma entre uno o dos días y, los síntomas más comunes son el despertarse a deshoras en el lugar, andar somnoliento gran parte del día, o tener hambre a horas que ni siquiera los restaurantes están abiertos.
Todas estas molestias van pasando con el tiempo de estancia en el país de visita y si se acompaña uno de unos buenos tintos o alguna bebida local, el proceso de aclimatación es mucho más sencillo. Estoy seguro que ya después de estas líneas, se estarán preguntando ¿qué tiene que ver el proceso de los horarios en nuestros organismos con la columna de esta semana?
En esta ocasión los llevaré a un lugar en el mundo donde los territorios de Estados Unidos y Rusia están a menos de cuatro kilómetros de distancia, pero separados por una fecha.
Este lugar son las recónditas y poco conocidas Islas Diomedes en el Estrecho de Bering, que es el espacio marítimo que separa a Alaska del extremo oriental de Asia. Se dice que este lugar muy probablemente sirvió de paso a los primeros pobladores del continente Americano. En dicho lugar existen dos islas conocidas como Gran Diomedes y Pequeña Diomedes que están separadas por un estrecho de 3 mil 700 metros que permanece congelado gran parte del año y permite el paso a pie entre ellas.
Geográficamente hablando, lo curioso está en que la Gran Diomedes es el punto más al este de Rusia y la Pequeña Diomedes es el punto más cargado al oeste de Estados Unidos.
Durante la guerra fría, los nativos que habitaban las islas antes de las colonizaciones rusa y americana, tenían prohibido circular entre ellas e incluso intercambiar cualquier tipo de información en el área que llegó a llamarse “telón de hielo”. A fines de la segunda guerra mundial, todos los nativos de la isla rusa fueron trasladados al continente y el archipiélago quedó con solo un pequeño poblado en la isla americana. Este pueblo actualmente cuenta con una población de aproximadamente 170 habitantes.
Lo más curioso de este caso es que entre las islas no solo pasa la frontera de estas dos potencias mundiales, sino que también pasa la línea internacional de cambio de fecha, lo que hace que desde la Pequeña Diomedes puedas ver la mañana y; de la Grande puedas voltear al ayer. La diferencia horaria oficial entre ambas es de 21 horas, de manera que cuando en el lado ruso es mediodía, a cuatro kilómetros al este son las 3 de la tarde del día anterior. En realidad y como marca la lógica, la hora solar en ambas islas es la misma.
En invierno, que por cierto es casi todo el año, el mar se congela, las dos islas quedan unidas por el hielo, y ese trozo de océano se convierte en el único lugar en el mundo donde se puede cruzar de ayer a hoy o de hoy a ayer a pie y en unos cuántos segundos. La popularidad de este lugar saltó a la fama en 1987 cuando una nadadora americana atravesó a nado el estrecho en un gesto de aproximación entre las superpotencias que entonces se esforzaban en estrechar lazos por tanto tiempo rotos.
Actualmente en tiempos de paz, hay varios proyectos para levantar monumentos simbólicos del acercamiento entre los dos países; el principal es el puente de la memoria que uniría a las dos islas y se convertiría en el primer enlace físico entre Asia y América.
Turísticamente hablando la pequeña isla de Diomedes tiene la característica de castigar a sus visitantes. Con una temperatura de 67 grados bajo cero, hace que estos estén de mal humor y con un gesto torcido por el hielo. Los vientos polares en esta zona soplan de una manera que le recuerda a la gente el deseo de la isla de estar sola, y seguir perdida en una de las esquinas del mundo. Allí, los hombres definitivamente se sienten fuera de lugar.
Interesante la reflexión al leer sobre este recóndito lugar del mundo, que aunque usted no lo crea tiene escuela, iglesia y helipuerto, donde según visitantes del lugar y por motivos meramente de investigación, lo mejor es dejarlo con el saludo de los últimos habitantes esquimales del mundo.
Para terminar solo me resta agradecer la plática informativa de mi amigo el ingeniero Rabling, quién me abrió los ojos en lo que a este rincón de nuestro planeta se refiere. Si por algún motivo se le ocurre ir a estas islas, no olvide que deberá ir abrigado y que allá si sufrirá las inclemencias de un clima inimaginable. Después de esto, ¿sigue quejándose del clima en Zacatecas? Le recuerdo que estamos en la gloria. Hasta la próxima.

*Presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Zacatecas
(Amhmzac)
rmunozc1970@hotmail.com




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