Thursday 19 de January de 2017

Las malas yerbas

Tren Parlamentario

     17 Jan 2013 03:20:00

A- A A+

Compartir:

El Congreso de la Unión se transfiguró ayer en un recodo del camino adonde el maíz mexicano se ha dado un encontronazo con Monsanto, Pioneer, Idao y Agroscience, las multinacionales del agro que ya están, como las malas yerbas, amenazando todos los llanos y cultivos del país, y de modo muy especial a la gramínea sobre la cual afincada está la cada vez más lejana soberanía alimentaria nacional.  
“Imagínense lo gravísimo del problema”, soltó en la tribuna de la Comisión Permanente el diputado federal del PRD Fidel Demédicis Hidalgo. “Miles de campesinos en el país de repente van a ver que donde sembraron semillas nativas, aparecen, sin darse cuenta, plantas de semillas transgénicas. Y si compañías como Monsanto se dan cuenta de eso, pues van a ir con ese campesino que no sabe cómo llegó (la semilla), pero ya está ahí, y entonces Monsanto presentará las demandas correspondientes, y ese campesino estará obligado frente a la ley a pagarle a Monsanto una indemnización por estar utilizando semillas no autorizadas. Así de grave es el problema”.
Ejemplificaba el perredista con Monsanto; pero hacía un orador, el diputado priísta de Chihuahua Abraham Montes Alvarado también hubo dicho: “lejos de ser un problema solamente campesino, lo que está en juego es quién definirá lo que comemos todos, quiénes tendrán acceso a la comida, cuándo sí y cuándo no y a qué precio”. Y apostillaba: “por eso el gobierno mexicano debe retomar la rectoría en el tema de producción de semillas y ser parte activa en la generación de tecnologías de transgenia y que los resultados obtenidos sean un bien público que permita controlar y poner orden a los particulares”.
En la sesión de la Comisión Permanente de este miércoles, el Pleno en el orden del día tenía temas candentes, como el de los casinos, el de Walmart y Teotihuacan y el del incremento de la gasolina. Pero éste, el del maíz y los transgénicos, venía aupado sobre uno de los jinetes del Apocalipsis que ha estado haciendo restallar las pesuñas de su mítico corcel por todo el país: el del hambre. Y más allá de las malas yerbas, de súbito los legisladores se encontraron también con el argumento y el contra argumento, trenzados éstos en un feroz combate en el cuadrilátero de la realidad.
Se trataba de un punto de acuerdo que el Pleno tenía que votar. El punto en el que se proponía exhortar a los titulares de Agricultura (Sagarpa) y Medio Ambiente (Semarnat), el coahuilense Enrique Martínez Martínez y el mexiquense Juan José Guerra, respectivamente, “para primero realizar una evaluación de los permisos que se han otorgado para la siembra de maíz transgénico en México, a empresas multinacionales, como Monsanto, Pioneer, Idao, Agroscience, entre otras, y, en su caso, revocar y negar aquellos que atenten contra la tierra, la producción y la salud de los mexicanos”.
Y se ha sustentado el punto de acuerdo en lo que mandata el Artículo 69 de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, de que “en cualquier momento y sobre la base de nueva información científica o técnica acerca de los posibles riesgos que puedan provocar los organismos genéticamente modificados a la salud pública o al medio ambiente y a la biodiversidad biológica, podrán revisar los permisos otorgados y, en su caso, suspender sus efectos o revocar dichos permisos”.
Luis Espinoza, del PRD, culpó sin ambages al gobierno de Felipe Calderón, quien el 29 de noviembre de 2012, a dos días de la entrega de la Presidencia, abrió mediante un decreto la puerta para que los transgénicos se les sembrara en el país. “Esta medida”, decía el diputado, “pretende favorecer a algunas empresas, para que siembre transgénicos ya sin ninguna restricción en campos agrícolas de Sinaloa y Tamaulipas”.
El PAN habló en voz de Francisco Domínguez Servién, quien, a dos manos, dijo primero que había que “cuidar las variedades criollas, pero también no podemos detener (a los transgénicos), a sabiendas de que somos un país importador de maíz”.
Asegundó el panista entonces: “quisiera abundar que no sólo Tamaulipas y Sinaloa son grandes productores, también Jalisco, Guanajuato y algunos otros estados donde se produce fuertemente maíz”.
El contra argumento fue del panista, quien añadió: “si nos referimos a la producción promedio nacional de los productores agrícolas mexicanos, estamos levantando 3 toneladas por hectárea, y con este tipo de semillas modificadas genéticamente pudiéramos aumentar a 13. Y México lo necesita, los pecuarios lo necesitan. Por eso se creó el Centro Nacional de Referencia en Detección de Organismos Genéticamente Modificados, y se liberaron 15 permisos, con lo cual quedó demostrado que (las multinacionales) cumplen con todos los requisitos de ley”.
Carla Padilla, del PVEM,  atajó al panista, diciendo: “resulta preocupantre que los cultivos experimentales con maíz transgénico pudieran desarrollarse en cualquier momento, aun cuando estados como Tlaxcala tienen legislación al respecto para salvaguardar a nuestras especies”.
Todos votaron aprobatoriamente el exhorto, pero notorio fue que el panista Domínguez Servién y el priísta Abraham Montes se pusieran detrás del mismo argumento: Hay riesgos en el uso de semillas transgénicas”, dijo el priísta, “pero el riesgo más grave es el monopolio mundial de la producción de alimentos”.
Por eso convocaba el priísta, en su discurso, a la intervención del Estado en un campo donde han crecido exponencialmente empresas como Monsanto.

vicentebello1@hotmail.com




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.94
Venta 22.44
€uro
Compra 23.31
Venta 23.81

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad