Saturday 21 de January de 2017

Las nanas del poeta

     27 May 2011 04:00:00

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A raíz de mi artículo de la semana pasada, dedicado a Eugenio Mercado, varios lectores me comentaron que les habían gustado los párrafos que incluí del poema “Elegía”, aunque algunos de ellos no conocía la obra de Miguel Hernández.
Yo conocí al poeta a través de Joan Manuel Serrat, cuyas canciones me acompañaron durante mi adolescencia y juventud. Como sucede con los libros de cabecera, los discos de Serrat me ayudaron a pensar y a darle forma a los problemas existenciales de esas etapas de la vida.
Además, como el cantante solía musicalizar poemas de escritores españoles, también estimuló el gusto en mí por la poesía.
Recuerdo, por ejemplo, el disco “Dedicado a Antonio Machado, poeta”, que salió en 1969. Allí musicalizó el poema del escritor  llamado “Retrato”, que quedó grabado en mi memoria para siempre y cuyo final dice: “Y cuando llegue el día del último viaje, y esté a partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”.
Dos años después, en 1972, salió el disco “Miguel Hernández”, donde hay una clara comunión entre las letras del escritor y la música de Serrat. En aquella época, lo escuché tantas veces que sentí el imperioso deseo de conocer la vida y la obra del poeta.
Nació en Orihuela, España, en 1910. Desde temprana edad se dedicó al pastoreo de ganado y en el tiempo libre leía poesía. En su juventud estuvo en Madrid, con la ayuda de su tutor literario Ramón Sijé (seudónimo de José Marín Gutiérrez, a quien le dedicó “Elegía” tras su deceso), y allí conoció a otros famosos escritores como María Zambrano, Pablo Neruda y Vicente Aleixandre.
Durante la guerra civil española, formó parte del movimiento republicano, participó en distintas batallas, asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas y estuvo varias veces en la cárcel.
Condenado a muerte en la última detención, se le conmutó la pena por 30 años de cárcel, pero murió de tuberculosis en 1942, a los 31 años de edad. Pese a su temprana muerte dejó un obra prolífica.
Cuando estaba en prisión, su esposa le envió una carta donde decía que ella y su segundo hijo (el primero había fallecido) sólo tenían pan y cebolla para comer. Eso lo llevó a escribir una de las más famosas poesías que Serrat musicalizó en el disco mencionado: “Nanas de la cebolla”, donde, entre otras cosas dice: “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea”. Vale la pena releer al poeta.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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