Friday 24 de March de 2017

Las tentaciones de Jesús en el desierto y nuestras tentaciones en el desierto de la vida

El Día del Señor

     17 Feb 2013 03:40:00

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Cristo venció al demonio, quien le pidió al hijo de Dios que lo adorada.
Cristo venció al demonio, quien le pidió al hijo de Dios que lo adorada.

INTRODUCCIÓN
Estamos comenzando el santo tiempo de la Cuaresma, que nos prepara con empeño personal y comunitario a celebrar con fruto espiritual y con deseos realizados de verdadera conversión, la Pascua, arrepintiéndonos de nuestros pecados y de esta manera poder gozar de las gracias y beneficios de la resurrección de Cristo, después de contemplarlo en su pasión y muerte.
El Triduo Sacro de la Semana Mayor nos hará vivir con intensidad la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo.
Es la Pascua del Señor. Es el “núcleo” de nuestra fe cristiana y lo habremos de celebrar escuchando la palabra de Dios, asimilándola y viviéndola, para ser testigos de Cristo salvador en la Iglesia y en el mundo.
El primer domingo de Cuaresma nos presenta las tentaciones de Cristo por el demonio, según el relato de San Lucas.

LAS TENTACIONES DE JESÚS EN EL DESIERTO
El evangelio de San Lucas nos narra cómo Jesús movido por el Espíritu Santo y antes de comenzar su vida pública, se adentró en el desierto, donde pasó 40 días y 40 noches sin tomar alimento, estando en la presencia de Dios con profunda oración.
Fue entonces, al final de esa cuarentena, cuando el demonio lo tentó.
Esto Dios lo permitió, porque  el Hijo de Dios se encarnó, se hizo hombre en todo igual a nosotros menos en el pecado. El demonio tentó a Cristo en su humanidad y no directamente en su divinidad.
El demonio no sabía quién era Cristo y por eso intentó, vanamente, en descubrir la identidad cabal de Jesús, que es verdadero Dios y verdadero hombre.
Cristo al ser asediado por el demonio se mostró fiel al plan de Dios. Fue enteramente fiel en la prueba.
¿Y cuáles fueron las tentaciones que el demonio hizo a Jesús?:
El hambre. Tentar a Jesús, para que si era Dios hiciera milagros.
La idolatría con la cual el demonio quería que se olvidara de Dios y lo sirviera y adorara a él, pidiéndole arrodillarse.
De estas tentaciones Jesús salió fuerte, fiel y vencedor y con esto nos anima a nosotros con su gracia para que como él salgamos también victoriosos en nuestras tentaciones diabólicas.

NUESTRAS TENTACIONES EN EL DESIERTO DE LA VIDA
Los hombres somos débiles e inclinados siempre al mal, con el peligro constante de sucumbir a las tentaciones del demonio, quien como león rugiente anda rondando para ver a quién devorar y al cual debemos resistir con fe sólida, según la enseñanza de San Pedro. Somos tentados porque estamos hechos de barro y Dios permite que seamos tentados para que él como divino alfarero nos rehaga con su poder, sabiduría, misericordia y amor.
Si somos tentados como Cristo, también como él y precisamente unidos a él, podemos salir vencedores de la prueba. Nuestra victoria con Jesús es una posibilidad real, pero hemos de colaborar con la gracia divina para triunfar y santificarnos con las pruebas y retos que nos presenta a cada paso la vida en este mundo.
Las tentaciones que experimentemos, en este desierto de la vida, si luchamos como verdaderos cristianos para vencerlas, nos ayudarán para identificarnos cada vez más con Cristo. Debemos triunfar sobre el espíritu de la soberbia para ser humildes, estableciendo de este modo una moral que nos haga obrar el bien, la verdad, en el seno de nuestras familias, en la escuela y la universidad; en los centros de descanso y recreación; en los trabajos manuales, en las oficinas, en las fábricas; en el campo y en todos los servicios que son fuente de trabajos y empleos; actuando con honestidad, rectitud y generosidad en la promoción del bien común a través de los cargos públicos, que es el trabajo constante e ineludible de nuestros políticos.
¡Que el tiempo de esta Cuaresma que estamos comenzando sea una oportunidad que el Señor nos ofrece para crear una convivencia de perdón, buen entendimiento, desterrando todo pecado y corrupción en nuestras vidas privadas y en el empeño de construir una nueva sociedad en la cual reine el amor, la paz, la concordia y la verdadera fraternidad!

*Obispo emérito de Zacatecas




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