Monday 16 de January de 2017

Lo que no llovió en tres años cayó en dos horas: campesino

Campesinos no tienen con qué pagar las deudas que contrajeron para sembrar

     29 Jul 2012 04:00:00

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  • (Ana García) (Ana García)
  • Los maizales resultaron muy afectados. Los maizales resultaron muy afectados.
  • El agua alcanzó un metro de altura. El agua alcanzó un metro de altura.
  • La vivienda quedó destrozada a consecuencia de las fuertes lluvias. La vivienda quedó destrozada a consecuencia de las fuertes lluvias.
  • El sistema de riego a base de cintillas quedó inservible. El sistema de riego a base de cintillas quedó inservible.
  • Los campesinos observan con tristeza la pérdida de la cosecha. Los campesinos observan con tristeza la pérdida de la cosecha.
  • El agua acabó con los sembradíos. El agua acabó con los sembradíos.
Imagen de


PÁNFILO NATERA.- Tras tres años de pérdidas por la sequía, las comunidades de San Pablo y El Coecillo en Pánfilo Natera y Luis Moya hoy viven entre los escombros que dejó la tromba que las azotó la noche del 19 de julio.
Más de 150 hectáreas de chile, frijol y maíz siniestradas, cercos desparecidos, bardas derrumbadas, animales ahogados y muebles que se llevó la corriente son algunas de las afectaciones que produjo el interminable aguacero.
“Lo que no llovió en tres años cayó en dos horas” dijo Román Samarripa, uno de los tantos campesinos afectados del ejido San Pablo.
Con la voz quebrada y el rostro desencajado recordó como el día del siniestro todo comenzó alrededor de las 9 de la noche como una lluvia esperanzadora que venía a dar vida a los campos después de 36 meses de desolación por falta de agua.
Sin embargo, conforme pasaban los minutos la precipitación comenzó a ser preocupante pues caía con tanta fuerza que producía cierto temor.
“Como a las 10:30 de la noche el problema apareció, al asomarme a la calle vi que el arroyo se había desbordado, entonces corrí y traté de sacar la camioneta, pero no pude, el agua había tumbado las bardas del patio de la casa y ya no podía hacer nada, todo sucedió en cuestión de segundos”, lamentó Samarripa.
Explicó que el miedo lo paralizó por unos instantes, “pero no me podía quedar sin hacer nada, así que agarré a mi familia y salimos hacía la parte alta de pueblo”.
Pero, comentó que el corazón le dio un vuelco cuando vio que la familia de su hermano que vive en la casa contigua a la suya no había salido, de modo que se arriesgó y aunque el agua ya le llegaba al pecho decidió regresar para sacarlos.
Los encontró dormidos, ya prácticamente entre el agua y apunto de que sus sobrinos se ahogaran.
Como ellos, alrededor de 30 familias sufrieron la misma pesadilla aquella noche, mismas que hoy están en la casa pastoral de la Iglesia la cual fue habilitada como albergue.
Expresó que la mayoría de las personas comen y duermen ahí, pero durante el día se van a tratar de rescatar lo que quedó de sus viviendas.
Todos perdieron prácticamente el 100% de sus muebles, pues el agua los arrastró, lo que lograron rescatar como colchones y bases no tardará en echarse a perder, ya que por más que trataron de secarlos la humead los está consumiendo.
Con la desesperanza impregnada en sus palabras, Samarripa comentó que el patrimonio que hizo en años, se le fue en unos minutos.
Tendrá que invertir alrededor de 80 mil pesos en reconstruir las bardas que el agua le tumbó y que a fuerza debe levantar, pues los robos a casa-habitación por razones que aún no saben se incrementaron en los últimos meses.
Las cerca de ocho hectáreas de frijol, maíz y chile que sembró fueron arrastradas casi en su totalidad, no cree salvar ni el 10 por ciento.
Cuatro borregos y un cerdo que era el ganado que poseía se los llevó el arroyo.
Además, no sabe como pagará los casi 20 mil que consiguió para sembrar, pues hoy no tiene ni para vivir.
Abraham Hernández, habitante de la comunidad, es uno de los voluntarios que la noche del siniestro acudió a prestar ayuda cuando las campanas de la iglesia sonaron cerca de las 12 de la noche.
Sin saber que pasaba, ya que él vive en una parte alta en la que la inundación no era tan visible, se fue al centro de la localidad.
De inmediato se incorporó a las brigadas de ayuda y a bordo de una máquina pesada se fue con otros compañeros a rescatar a las familias atrapadas en las azoteas de sus viviendas.
Sólo ellos y elementos de Protección Civil aparecieron aquella noche para ayudar a las personas que estuvieron cerca de morir ahogadas.
Al día siguiente arribó el secretario de Gobierno, Esaú Hernández, quien se comprometió a enviar una máquina para desazolvar el arroyo que causó la inundación.
El voluntario comentó que el aparato fue sólo una hora y se retiró, actualmente trabaja una máquina de menor potencia propiedad del municipio y los voluntarios.

Desgracias que se podrían evitar
En el ejido El Coecillo en Luis Moya, las afectaciones en por lo menos 20 viviendas y 50 hectáreas de sembradíos se debieron a la ruptura de los dos bordos que tiene la comunidad.
Rosendo Guerrero quien perdiera las casi 20 hectáreas de frijol y maíz que este año labró, explicó que dichos “tanques” fueron construidos hace cerca de 40 años y desde entonces no han recibido mantenimiento.
“Todos los gobiernos nos tienen abandonados, nomás se preocupan por pedir los votos, pero nunca hacen nada por los campesinos”, expresó con furia.
Reprobó que en todos estos años nadie se haya preocupado “por meterle mano a esos bordos y hacerles unas compuertas decentes”.
“El gobernador debería venir y ver con sus propios ojos los daños que el agua nos causó, si ellos no nos ayudan no sabemos que va a ser de nosotros”, mencionó.
En un recorrido, Imagen corroboró la desolación de los campesinos afectados, no sólo perdieron sus cultivos, sino sus tierras, la erosión que el agua causó a los suelos es sumamente preocupante.
Tan sólo para retirar los escombros y las piedras que las corrientes arrastraron necesitarán de maquinaria pesada que ellos por falta de dinero no pueden contratar.
Además, la descapitalización que ya padecían a causa de la sequía se agudizará, pues se endeudaron para sembrar este año con la esperanza de obtener cosechas.
Los apoyos de gobierno, informó Guerrero fueron casi nulos, el único que él recibió fue una dotación de 60 kilos de semilla de frijol.
No obstante, tuvo que pagar 600 pesos por ella, de manera que adquirió a 20 pesos el kilo, “como si lo hubiera comprado en el tianguis”, dijo.
Las familias en las comunidades están desesperadas.




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