Tuesday 17 de January de 2017

López Obrador: "es su naturaleza"

     14 Jun 2012 04:00:00

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Dice Giovanni Sartori que, aunque la democracia participativa puede fortalecer (complementándola) a la representativa, es falso que un sistema plebiscitario y de  asambleas sea más democrático que uno en el que el poder sea delegado y distribuido.

 

Sartori, es un requisito indispensable que en una democracia haya interacción y debate; es imposible, señala, concebirla como un juego de suma cero en el que tengamos que escoger siempre entre una opción (que lo gana todo) y otra (que lo pierde todo).

Hace poco menos de seis años, participé por convicción en las protestas postelectorales por, lo que muchos consideramos, un fraude político-electoral que se cometió contra Andrés Manuel López Obrador.

Para mí, las pruebas irrefutables de dicho fraude fueron el intervencionismo de los poderes fácticos en los medios de comunicación (bajo el logo del Consejo Coordinador Empresarial) y el activismo electoral de los gobernadores, pactado con Elba Esther Gordillo en conversaciones telefónicas que fueron públicas.

En medio de las protestas, López Obrador convocaba a asambleas en las que (de una forma no tan democrática) votábamos a mano alzada entre dos opciones, en un juego de suma cero.

Cuando menos, en dos ocasiones voté en contra de las propuestas oficiales de ese entonces.

La primera, cuando nos preguntó si la opción correcta era establecer un plantón en el que las delegaciones de los 31 estados ahí presentes ocupáramos el Zócalo capitalino, y la del Distrito Federal obstruyera el Paseo de la Reforma.

Yo voté en contra, y como perdí, me quedé a acampar por varias semanas en el Zócalo; muchos de los que votaron a favor, ese mismo día se regresaron a descansar a sus casas.

La segunda fue cuando preguntó si debía ser un dirigente social que se opusiera al  gobierno de facto, o debíamos proclamarlo “presidente legítimo”. Voté por la primera opción y también perdí ante la “línea” oficial.

En esos gestos, y otros que ya había conocido con anterioridad y fui conociendo con el tiempo, pude conocer uno de los defectos más graves de Andrés Manuel: su falta de compromiso con el debate y su falta de respeto a quienes, apoyándolo, disienten de su opinión.

La semana pasada hice una petición pública, como la que hicieron muchos ciudadanos de distintas filiaciones partidistas, para que Andrés Manuel se deslindara del grupo de empresarios que fueron grabados pidiendo, ilegalmente, 6 millones de dólares para su campaña. No hubo respuesta.

Tampoco ha decidido responder López Obrador a las acusaciones de opacidad en la Asociación Civil que administra los recursos públicos con los que ha hecho campaña en los últimos años: “Honestidad valiente”.

Yo puedo dar fe de que Andrés Manuel vive en la “justa medianía” juarista, de que no tiene ambiciones desproporcionadas y de que no ofrecería prebendas para enriquecerse. Pero los mexicanos tienen derecho a no “tener fe”, y a ser informados de quiénes han

financiado su organización política, saber si es lícito el origen de los recursos y cómo se han ejercido por él y sus colaboradores.

Su respuesta no puede seguir siendo la evasiva, en la que prácticamente nos ordena que, acríticamente, apostemos por su integridad personal como explicación única y absoluta para cada cuestionamiento.

Lo mismo sucede cuando se le exige explicar la desproporcionada cifra de ahorros por 300 mil millones de pesos que se tendrían (según él) reduciendo sueldos en la burocracia federal. Y también lo mismo sucede cuando descalifica todas las encuestas que no le favorecen y es cómplice de la tergiversación de resultados para favorecerlo.

(La manipulación de datos que John Ackerman hizo en días recientes es pavorosa)

Quedan dos semanas para la elección presidencial, y el tiempo para que López Obrador rectifique prácticamente se ha agotado.

Los cálculos políticos de Andrés Manuel tampoco le han permitido comprometerse con una agenda progresista (impuestos redistributivos, matrimonio igualitario, despenalización del aborto y sistemas de transparencia).

Pero lo peor es que ha guardado un silencio cómplice frente a la decisión de su equipo cercano de socavar su prestigio y autoridad moral, como lo hicieron con el spot en el que de forma cínica y descarada Marcelo Ebrard lo promociona.

(¿Con qué autoridad moral exigirán a los gobernadores del PRI imparcialidad en el proceso electoral?)

Tristemente, esta elección en que de forma inaudita AMLO dio la sorpresa para entrar en competencia (a pesar de los pronósticos que muchos hacíamos en su contra), nos recuerda la metáfora en la que el alacrán muere ahogado por matar a la rana que lo ayudaría a cruzar el charco: “es su naturaleza”.

*Diputado Local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com




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