Thursday 23 de March de 2017

Los dones gratuitos

Cartas desde el exilio

     16 May 2011 04:00:00

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Cada día era más amargo para él. Soportar la estupidez reinante se había convertido en mortificación anaurente.
Es decir, la escala de tolerancia estaba fuera de control para cualquier ser humano medianamente intuitivo.
El perpetuo oscilar de las gomas no atenuaba el ruido de la estulticia: ¡que si a mami le extasiaban  los ojos del hijo crápula!; ¡que si la sonrisa involuntaria del crío le provocaba un sangunamem universal a doña Tubi!; ¡que si aquéllo y aquindi!; ¡que si blablablabla!; ¡que si el amor cósmico de los profetas del subsuelo y los blublublu de los acordeones oxidados!
Me da igual, el ovillo milenario del’ adreim sigue siendo lo mismo aquí y en China. El espejo nunca miente, discurre por sí mismo en las avenidas de lo improbable. Siempre dice la verdad sobre la realidad pero de manera invertida, sin la ayuda de Lewis.
Y el chacal ¿por qué habla y salta? Simplemente porque no sabe hacer otra cosa, es asesino y hocicón. Sus palabras no tienen escansión ni ritmo, desconoce las artes melódicas del cuerpo. Lleva estampada la inclinación suya por el ávida dólar en el color de sus orejas
En cambio, Tosi mueve la carne en particiones simultáneas con acordes aleatorios. El bit se expande desde dentro hacia fuera, contamina e intoxica con sensualidad todo lo viviente; le importa un pepino lo pensado por el pensamiento. Por cierto, el pensar no le parece insulso, sino polizonte impertinente, personaje fuera de escena, estorbo cuando el danzante oficia los rituales del tiempo.
¿Y los migrantes? Es oficio de señoras burguesas de mala conciencia. Lo trascendental son los dones gratuitos, aquéllos de los que comemos todos los días tú y yo, él y ella, ellos y el Divino.
 Un sorbo de café mal filtrado y manchado por una gotas marmóreas; una aspiración profunda del oxígeno que en la muerte no servirá; caminar, caminar, caminar sin detenerse, detenerse sin caminar; suspenderse en los hilos de la Eternidad, aunque sea un momento, con mis padres, la Maga, Randy y los hijos que nunca tuve; volver a mirar el mundo sin los velos del dólar, de los intereses expansivos, del vergonzoso power-right, power-left, power-center.
¡Quiero retornar a los ojos! Rompe, entonces, las conexiones de los parapetos, de las pantallas, de los conceptos, de los agravios. Vuelve a los ojos descarnados, míralos; deja que te vean sin caleidoscopios, deja que se ensanchen hasta fagocitarte.
Porque antes que ellos están el oído y el sonido, la levitación y el éxtasis indecible, las guitarras y las fugas. ¡Volver a la vida!, mientras el conejo regresa, ahora sí, preocupado por la pleura del tambor.
*Miembro del SNI




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