Sunday 22 de January de 2017

Los ex siguen ahí

     28 Feb 2012 03:20:00

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El 28 de febrero de 1912, Fernando Cabral, el jefe político de la capital de Zacatecas, firmó un oficio dirigido a José León García.
En el documento acusó la recepción de cinco caballos y le informó acerca de unas monturas que fueron prestadas a las autoridades el año anterior.
En el escrito, Cabral le dijo, sin más explicación: “se perdieron en la revolución pasada (la maderista, culminó en mayo de 1911).”
La relevancia de la información está en el receptor del texto. García era uno de los hombres más ricos del estado, tanto por ser dueño de la hacienda de Trancoso, como por las empresas comerciales emergentes de su peculio.
Agréguese más: era un exgobernador interino, diputado local en funciones, levemente opositor del gobernador J. Guadalupe González y presidente del Casino Zacatecano (el club social que congregaba a los individuos más ricos e influyentes de la capital estatal).
Un día antes, Antonio García remitió diez caballos al jefe político. Este García era primo del anterior y dueño de la hacienda de Tacoaleche.
En política está su dirigencia en el club reeleccionista de 1910. Desde él apoyaron la candidatura del general Díaz .
Los caballos, lo suponemos, son parte de la contribución para integrar el contingente defensor del estado.
Éste se formó para hacer frente a la amenazante depredación de los bandoleros sin plan político y de los nuevos rebeldes.
Pues desde mediados de febrero, en la región rondaban prosélitos de los exmaderistas Vázquez Gómez y de Pascual Orozco.
Añádanse los grupos levantiscos del maderista Francisco del Toro, provenientes de los Altos de Jalisco. Del Toro desconoció sólo al gobierno de Guadalajara.
Por cierto, Vicente Domínguez fue el encargado de recoger los caballos y monturas que José L. García prestó a la jefatura política de Zacatecas, en marzo de 1911.
Él era el encargado de perseguir a los primigenios “malhechores” maderistas; y tenía “las órdenes estrictas para proceder inmediatamente tras lograr su aprehensión”.
En febrero de 1912, Vicente Domínguez está en Pinos. Ahí, aunque otrora funcionario de seguridad porfirista, ahora debe prestar el auxilio necesario para defender a las autoridades maderistas.
Una de sus funciones es la instrucción militar a los cuerpos de voluntarios que enviaron a ese pueblo de Zacatecas. Pero, para desempeñar su trabajo, Domínguez exigió el aumento de su salario y el grado de teniente de artillería.
Negada la petición, el funcionario porfirista regresará a la capital del estado, en marzo de ese año.

*Historiador y profesor universitario




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