Wednesday 18 de January de 2017

Los inquilinos del yo

Cartas desde el exilio

     11 Jul 2011 04:00:00

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Despertaba en la madrugada con la perturbación de un niño, voces y escenarios improbables habían discurrido en su cabeza durante quién sabe cuánto tiempo. Apenas recordaba las formas indecibles de los rostros y las frases inaudibles de los cantos. Un conejo rabioso había profetizado la llegada del doble que en realidad era un cuarteto disonante.
¿Cuántos huéspedes más soportará mi yo?, se preguntaba Jean. ¡Jajajajaja!, reía el conejo arrogante, añadiendo una sentencia estremecedora: No son huéspedes, habitan desde siempre tu ser; perdón, ellos son tu ser mismo. Y, entonces, ¿quién soy yo?, inquiría Jean. Un habitante más y, por cierto, no eres el amo, escupía el irónico Oryctolagus.
¿Dónde han estado? Aquí, cuando te has ido, y allá, cuando apareces en el proscenio. Ahora sólo se escuchaban las voces de los dos. ¿Ellos son los que cantan, ríen, gritan, corren, hablan, mientras duermo? No, son los mismos que percibes cuando estás despierto. Los sueños que sueñas son los tuyos y los de ellos. ¿Cómo puede suceder esto? Eres músico, recuerda las propiedades de los arpegios bitonales. Sí, pertenecen simultáneamente a dos tonalidades diferentes. Así es, pero esto es aún más complejo.
Jean se dio cuenta que las palabras del conejo provenían de su propio interior, hablaba consigo mismo, pero los timbres eran distintos. Afuera volaba un zopilote carroñero, su canto ligero desmentía la pinta fúnebre suya. Agitaba sus alas siguiendo un extraño compás de cinco octavos. ¿Por qué me sigues?, le dije. No, tú eres el perseguidor. Yo estoy aquí y tú estás dando vueltas allá arriba. No, tú y yo estamos adentro jugando al infierno. ¿Adentro? Sí, dentro de eso que llamas yo.
Pero el conejo me dijo que soy un huésped más. Bueno, esa criatura siempre ha sido un diletante filosófico; es impreciso, falto de rigor, pero tiene un espléndido y macabro sentido del  humor. En realidad, todos los inquilinos habitamos el mismo cuerpo: tú, yo y los demás. Pertenecemos, entonces, al mismo condominio, le contesté sonriendo. Sí, tú, yo, los otros y el escritor. ¿Cómo? ¿Cuál escritor? Pues el que te hace decir estos disparates, me respondió el ave con esa sonrisa ignota que ya la he visto en alguna otra parte.
Al principio eras tercera persona con focalización interna, luego el narrador te cedió la voz y ahora tú eres él. ¿Qué? Olvidaba que eres músico, esto dificulta la explicación. No sabemos si tu nombre es Jean o así es llamado el escritor. Entonces, escribí perturbado, ¿todos somos creación de él, incluso él mismo y yo?

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 




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