Monday 16 de January de 2017

Los intersticios de la red

     6 Aug 2012 03:30:00

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Cuando platico con colegas y amigos sobre los beneficios de la red de internet los ánimos bullen. Aquellos que están más vinculados a las actividades artísticas mantienen una posición mayormente positiva, mientas que los de perfil académico tienen reservas sobre el potencial suyo.
Los segundos son proclives a la instauración de procesos de filtración porque sostienen que la red aloja demasiada basura, debido a la inexistencia de una criba realizada por expertos. Los primeros rechazan cualquier mecanismo de censura o de control y prefieren que sean los internautas quienes libremente accedan a los contenidos disponibles en el laberinto informático.
Ambas partes reconocen que hay detritus, excrementos e inmundicia en la red, pero difieren en la manera de lidiar con éstos. Unos desean una limpieza semejante a la que presumen las publicaciones científicas y culturales “rigurosas”, otros conciben la búsqueda de materiales valiosos como parte del juego de la navegación electrónica.
He de confesar que simpatizo más con la idea de mis amigos artistas, quizá porque en el territorio estético y cultural los criterios de discriminación de procesos y obras son inestables y abiertos. Las épocas en las que un puñado de críticos, instituciones y poderes decidían sobre aquello que era arte y aquello que no lo era han sido derrumbadas por la pluralidad de manifestaciones y formas de creación.
Incluso tienen cabida los artistas que prefieren mantenerse fieles a determinados géneros o maneras de hacer arte. La red ha incentivado esta proliferación y diseminación cultural, golpeando a las industrias e instituciones culturales del capitalismo dedicadas a establecer patrones reiterativos y estandarizados de producción estética, en sintonía con la homologación masiva de los mercados del entretenimiento.
En tiempos pasados, los ingeniosos que gestaban obras marginales, respecto del canon de la uniformidad, sufrían lo suyo para comunicarse con los públicos, lectores y audiencias. Tenían que conformarse con exponer, tocar o exhibir sus creaciones en pequeñas galerías, bares underground, salas periféricas o pequeños espacios lejanos de los centros de poder. Hoy la red permite que todos los que tienen algo que decir o mostrar puedan hacerlo sin pasar por el embudo de zafios y mercenarios, como le ocurrió a los rockeros mexicanos de antaño y  a los jazzistas atrevidos de siempre.
La era del hielo está acabando, aunque las infames industrias culturales hacen hoy esfuerzos por mantener su predominio inundando el internet con sus productos chatarra. No subestimo la capacidad suya para intoxicar al personal, pero cuando menos las cosas son ahora un poco más complicadas y democráticas.
Recomiendo a nuestros lectores nadar en la red sin miedo, pero con las antenas bien dispuestas a encontrar verdaderas joyas artísticas.

*Miembro  del Sistema Nacional de Investigadores




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