Tuesday 06 de December de 2016

Los medios, más problemas que solución

     8 Oct 2012 03:30:00

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A propósito de la tensión violenta provocada por unas caricaturas y un video sobre Mahoma, protagonizada por desinformadas masas musulmanas en varios países, los dirigentes políticos de Occidente han proclamado su irreductible compromiso con la libertad de expresión. Pero es mentira.
En Reino Unido, por ejemplo, recién se prohibió publicar fotos en topless de Kate Middleton y hace un par de años, también por ejemplo, Obama presionó todo y más para que la prensa no publicara unas fotografías de agresiones sexuales a mujeres iraquíes por soldados estadounidenses. Solo un par de ejemplos de que defienden la libertad de expresión cuando no perjudica sus intereses.
Conviene explicar qué es la libertad de expresión para no llamarse a engaño. La libertad de expresión (de toda la ciudadanía, no solo de los poderosos que pueden financiar un costoso medio) es una cara de un derecho. Pero en el reverso está el derecho a la información. Porque, si no hay información veraz, no hay democracia.
Además, la libertad de expresión es uno de los 38 o 40 derechos que salen de repasar con detalle la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sabiendo, como defienden las asociaciones y entidades pro derechos humanos (desde la ONU hasta Amnistía Internacional, el Consejo de Europa, Human Rights Watch o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos), que no hay derechos más importantes que otros. Todos tienen la misma importancia y obligatoriedad de ser respetados.
Desde los pagos controlados por la muy minoría rica se intoxica y adoctrina que los periodistas han de ser objetivos e imparciales. Pero, ¿cómo ser imparcial con verdugos y víctimas, explotadores y explotados, expoliadores y expoliados? Como dice Paulo Freire, en el conflicto entre el poderoso y el desposeído, ser neutral es ponerse del lado del poderoso. Porque la verdad no está a medio camino entre dos puntos de vista opuestos, como envenena la cultura calvinista de la “objetividad” y la “imparcialidad”. El periodismo no puede ser “objetivo” ni “imparcial”, sino plural, riguroso y, sobre todo, veraz. ¿Cuánta veracidad hay hoy en los medios? En este principio de siglo 21, la mentira, la manipulación y la ocultación mantienen a la ciudadanía desinformada, anestesiada e inerme.
A los periodistas hemos de exigirles que informen verazmente, tomando partido por la justicia, por las víctimas, porque si son “neutrales” se alinearán con los verdugos. Y la ciudadanía indignada ha de empezar a considerar a los medios como parte del problema.

*Centro de Colaboraciones Solidarias




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