Saturday 21 de January de 2017

Los pendientes del Congreso

Tren Parlamentario

     14 Jan 2013 03:20:00

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El Congreso de la Unión tiene dos funciones esenciales -la de control político y la de hacer leyes- que en tiempos de receso no las puede cumplir a cabalidad. Esto está sucediendo ahora, y, obvio, cada día que pasa se le acumulan al Poder Legislativo Federal más fierros en la lumbre.
Las dos funciones aquellas sólo pueden ser ejercidas en tiempos de periodo ordinario de sesiones, uno de los cuales comenzará el 1 de febrero. Ahora no, por supuesto, porque la Comisión Permanente -esa asamblea resumidísima de 37 legisladores que la integran: 19 diputados federales y 18 senadores- está tan acotada jurídicamente que da la impresión de que sólo está allí para trabajar a medio gas, y destinada desde hace años a sentarse a mirar cómo va y viene la República, sin ir más allá de las declaraciones y los posicionamientos políticos de los grupos parlamentarios.
La función que muchos estudiosos del derecho parlamentario en México y el mundo consideran como la más grave, la de mayor importancia, es la de control político. Es decir, la del ejercicio del contrapeso constitucional.
Esta, sin embargo, suele ser confundida muchas veces, porque la gente supone -y la clase política alienta esta creencia- que una declaración o un posicionamiento político cumplen a cabalidad con la función de control político. Y no es así.  
Hacerle un contrapeso real al Ejecutivo Federal -y, también, a los poderes fácticos legales e ilegales que desatados están por todo el país, de modo inédito, sin parangón- implicaría tener un Congreso General con instituciones absolutamente renovadas, fortalecidas y respaldadas por institutos apolíticos que se dedicaran a apoyar con estudios técnicos a cada una de las comisiones ordinarias, para que éstas, a la vez, confrontaran con la rendición de cuentas al Ejecutivo Federal en cada una de sus áreas administrativas.
Fortalecer al Congreso para hacerlo un verdadero contrapeso de quienes ejercer el poder público en México es una labor titánica, a la que no le han querido entrar realmente los partidos políticos que lo controlan. Y así la lleva: muchas veces simulando que es el contrapeso del poder político en México.
Al Congreso le hacen falta muchos cambios jurídicos, para otorgarle el poder necesario que le permita enfrentar las no pocas veces en que suele pasarse de listo con la República el Ejecutivo Federal.
He aquí algunos ejemplos: hacer más grandes los periodos ordinarios de sesiones. Quitar, ¿por qué no?, el receso de enero, nada menos el mes en que comienzan a aplicarse las planificaciones del gobierno federal, estatal y municipal, así como del mundo empresarial. En este enero, particularmente, se ha sentido con rigor la necesidad de que el Congreso estuviera pleno en sus ejercicios, tomando decisiones. Y no lo ha estado, evidentemente.  
Darle a las comisiones ordinarias un gran respaldo técnico, por parte de institutos con especialistas en los sectores fundamentales en que se mueve el país. Ya tiene unos, por cierto, en la materia económica y social, pero dichos institutos están para llorar por falta de presupuesto. La Facultad de Economía de la UNAM hace trabajos más consistentes en fines de semestre que el instituto de San Lázaro dedicado al análisis económico.
A las comisiones de investigación y especiales habría que darles la facultad resolutiva, y no esperar a que sus análisis los califiquen las comisiones ordinarias, que invariablemente están sujetas al control político que sobre ellas ejercen los grupos parlamentarios, a través de los presidentes de comisión.
Todos los trabajos en comisiones deberían ser públicos y no privados. Y más aún: que todo el cabildeo, negociación o discusiones sobre los procesos legislativos, realmente ocurran en los territorios del Congreso, y no fuera de éste, como han acostumbrado hacerlo en las legislaturas recientes.
Si se legislara para que estos trabajos de comisiones sucedieran dentro de las instalaciones del Congreso, se exorcizaría el riesgo que ahora temen los opositores que se presente: el de que los procesos legislativos sean cabildeados y construidos por la partidocracia y el Ejecutivo Federal. Esto es, entre los líderes nacionales de los principales partidos políticos, el PRI, PAN y PRD, y los hombres del gabinete de Enrique Peña Nieto. Claro, al amparo y justificación del Pacto por México.
La función legislativa no es otra que la de hacer leyes.
Hay un debate añoso sobre cuál es la función más importante en el Congreso: la de control político o la legislativa. Se resume en que los defensores de la primera afirman que permitir la supremacía de la segunda sería degradar al Congreso de la Unión a la función de mera oficialía de partes del Ejecutivo. O una suerte de departamento administrativo, sólo para justificar el ejercicio del poder y no para su contención. Además de centenario, el debate es universal, porque no sólo aquí el poder ha pretendido escapar de sí mismo.

vicentebello1@hotmail.com




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