Wednesday 18 de January de 2017

Los testigos de la resurrección de Cristo junto al mar de Galilea

El Día del Señor

     14 Apr 2013 03:30:00

A- A A+

Compartir:
Jesucristo multiplicó los peces para que tuvieran qué comer.
Jesucristo multiplicó los peces para que tuvieran qué comer.

INTRODUCCIÓN
Estamos ya en el tercer domingo de pascua, en el cual, la lectura de San Juan evangelista, nos da una narración muy hermosa de la tercera vez que Cristo resucitado se apareció a sus discípulos.
Nos cuenta que siete discípulos estaban tratando de pescar en el mar de Galilea.
Este evangelio incluye tres escenas, a saber: el encuentro con Jesús y la pesca milagrosa; la comida con el resucitado y el diálogo de Jesús con Pedro.
Tratemos de contemplar y aplicar en nuestras vidas, las enseñanzas que este evangelio nos trasmite, aumentando con esto, el gozo de la Pascua que estamos celebrando durante los días de la cincuentena pascual.

EL ENCUENTRO DE LOS DISCÍPULOS CON CRISTO Y LA PESCA MILAGROSA
Nos damos cuenta en primer lugar, que los discípulos del Señor, después de su resurrección, habían vuelto a sus ocupaciones diarias. Eran pescadores y era necesario seguir con su trabajo para obtener su sustento.
Habían tratado de pescar toda la noche y no habían conseguido nada. Cristo se les aparece a la orilla del mar y les pregunta si han pescado algo.
Ante la negativa de sus discípulos, les indica que tiren sus redes a la derecha de las barcas. Al momento consiguieron una abundante pesca de 153 peces grandes.
Juan inmediatamente se da cuenta de la presencia de Jesús y exclamó: “¡Es el Señor!”. Al punto Pedro se amarró su túnica y se lanzó a las aguas para nadar y llegar junto a Jesús. Los otros discípulos llevaron hacia la orilla la barca con los peces abundantes que habían pescado.
Los discípulos constataron una vez más, que sin Jesús no es fácil llevar adelante sus vidas.
También para nosotros en el litoral de nuestras existencias, con fe y confianza en el Señor, podremos descubrirlo como el Salvador que vive entre nosotros para darnos vida terrena y también eterna.
Él ha dicho que sin su presencia y poder, los hombres nada podemos hacer. Jesús nunca nos deja solos, siempre está con sus hermanos a quienes ha venido a liberar de las ataduras de la caducidad y de la muerte. Permanece en medio de los suyos a quienes ama y dignifica en la realización de una vida nueva.

LA COMIDA CON EL RESUCITADO
Cuando los discípulos han acercado su barca, les pide que trajeran algunos de los peces que habían pescado. El ya les tenía preparado el desayuno con un bracero encendido y pescado que se estaba asando y un pan.
Cristo sabe de los afanes humanos para subsistir. Por eso nos ha traído vida en abundancia. Esta escena nos recuerda la Eucaristía en la cual Jesús nos da su alma, su cuerpo, su sangre y divinidad de Hijo de Dios.
La Eucaristía es fuente de vida para el camino de peregrinos, pero también es prenda y arras de la vida eterna que Cristo nos ha conquistado con su Pascua dolorosa y luego gozosa y esplendente.

EL DIÁLOGO DE JESÚS CON PEDRO
Para seguir a Jesús se necesita el amor que el hombre tenga a él y a los hermanos. Ámense como yo los he amado, nos ha dicho Jesús y en eso conocerán los demás que son discípulos míos.
Cristo pide a Pedro la triple protesta del amor y le interroga dándole oportunidad de reparar la triple negación que hizo de su persona y que se llevó a cabo durante el juicio y pasión del Señor.
Con la triple protesta del amor a Jesús, Él le confirió la misión de apacentar a sus ovejas, anunciándole el misterio de su muerte con la cual glorificaría a su Señor y alcanzar así el premio de la vida eterna y dichosa.
Jesús no recriminó a Pedro sus infidelidades, nacidas de la limitación y flaqueza de la naturaleza humana.
Dios por Cristo, sabe que estamos hechos de barro y miseria; sabe de nuestros pecados y nos hace ver la necesidad de reconocerlos para que arrepentidos y con su gracia, caminemos por los senderos de una vida resucitada.
Para Pedro esta vida resucitada fue la misión que Cristo le confió: apacentar a sus ovejas, cuidar de su rebaño, dando testimonio del evangelio hasta morir por la causa de Jesús, Salvador de los hombres y del cosmos asociado a la suerte de ellos.

EXHORTACIÓN FINAL
¡Haz, Señor Jesús, que nos entreguemos a la apasionante tarea de amarte, queriendo sin medida a los demás con el amor con que tú nos amas.
Danos la fuerza de tu Espíritu, para ser  testigos de tu Resurrección, ahora y siempre y obedecerte sin temor a nada ni a nadie, porque tú eres nuestra roca firme y tu poder nos librará de todo mal, hasta llegar a la casa de tu Padre y vivir allí con la plenitud de una vida perfecta que jamás morirá!...

*Obispo emérito de Zacatecas




Lo más leído
Estudiante dispara a compañeros y maestra en colegio de Nuevo León
Autor de tiroteo en colegio de Monterrey padecía depresión
Dejo gubernatura y busco candidatura al 100: Moreno Valle
Confirman elenco para la Feria de Carnaval Río Grande 2017
Fallece don Raúl Muñoz Popoca, destacado fresnillense
Bad Bull Rodeo premia a lo mejor de su Tour 2016
Muere estudiante que disparó en colegio de Monterrey
Zacatecas estará presente en la Espartaqueada 2017
Comisión de Salud exige informe sobre quimioterapias falsas
Pesa nueva acusación contra Rodrigo Medina por incremento patrimonial
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.77
Venta 22.27
€uro
Compra 23.02
Venta 23.52

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad