Thursday 19 de January de 2017

Madres de migrantes, con el corazón al otro lado de la frontera

Entre la nostalgia y el recuerdo

     10 May 2012 03:20:00

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  • Rogelia Villareal tiene a cinco de sus seis hijos en Estados Unidos. (Iván López) Rogelia Villareal tiene a cinco de sus seis hijos en Estados Unidos. (Iván López)
  • Jacinta García mantiene comunicación telefónica con sus dos hijos. Jacinta García mantiene comunicación telefónica con sus dos hijos.
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Sus hijos no están, pero los lazos familiares siguen. Una visita o una llamada de ellos este 10 de mayo, Día de las Madres, es uno de los mejores regalos que esperan recibir.
Las familias se dividen desde hace años al buscar el sueño americano y pese a ello, las madres hacen un esfuerzo por mantener la unidad.

El mejor regalo
“Mi mejor regalo sería ver a mis hijos sentados en esta mesa comiendo juntos, pero está difícil”, considera Socorro González Luna.
Desde hace 29 años, su primogénito inició un viaje a los Estados Unidos que marcó su vida y la de sus hermanos.
“El primero en irse fue Armando. Estaba muy joven, tendría unos 14 años. Me dijo que iba de vacaciones con sus hermanos, pero ya no se quiso regresar”.
La mujer es originaria de Ábrego, una de las comunidades más alejadas de Fresnillo. Casada desde hace 52 años con José Juárez Reséndez, procrearon ocho hijos, Gloria, Arturo, Armando, José, Juan, Roberto, Margarito y Óscar.
“Siempre me dediqué a mi familia. Mi esposo es muy trabajador y nunca me ha faltado nada”, dice la mujer.
Sus hijos se fueron uno a uno a los Estados Unidos. Cuatro de ellos permanecen allá mientras que tres viven en Fresnillo. Uno más falleció hace algunos años.
“Nos fuimos a vivir a México y hubo un momento en que me quedé sola porque mis hijos se fueron todos al otro lado”.
A punto de las lágrimas, la mujer recuerda que su esposo se enfermó y en consecuencia, su salud se deterioró rápido.
“Mi hijo Armando me arregló mis papeles, a mi marido también porque estuvo muy enfermo y lo atendieron allá.
"Desde entonces, viajo por temporadas a los Estados Unidos y otras me quedo en Fresnillo, no puedo dejar a mi señor solo y se está atendiendo allá”, dice.
La señora Socorro tiene 32 nietos, uno de ellos sirve al ejército de los Estados Unidos. “Se fue a pelear a Irak y eso me da mucho pendiente. Yo veo a mi hijo triste por el camino que tomó mi nieto pero eso escogió y yo le digo que todo va a estar bien”.

La tristeza se siente menos con el tiempo
En Tlaltenango, como muchos municipios, la migración a los Estados Unidos es prácticamente una tradición que aún continúa.
Rogelia Villarreal Berumen, de 57 años de edad, recuerda conmovida la partida de cinco de sus seis hijos: Indalencio, Patricia, Manuel, Ricardo y Samuel, quienes están repartidos en California y Colorado.
“Se fueron uno por uno, apenas con 16 años y bien flaquitos. A veces regresaban, pero cada vez menos hasta que se quedaron allá”.
El mayor de sus hijos tiene 35 años, mientras que el menor que está allá tiene 26. Aquí se quedó Nelson, con apenas 15 y estudiante de la Preparatoria 7 de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Asegura que la tristeza ya se siente menos con el tiempo, pero que sufría mucho cada vez que un hijo partía hacía el extranjero.
“Ahora ya me impuse. En su momento fue un dolor muy grande; ya pasó todo”.
Comenta que habla con sus hijos de manera contínua, ya sea cada 15 días, un mes o dos meses.
El 10 de mayo todos sus hijos le llaman por teléfono a lo largo de todo el día, en la mañana, en la tarde o por la noche.
Asegura que no recibe ayuda económica de sus hijos, quienes ven la vida difícil en el otro lado, pues “rentan casa, tienen familia y todo está muy caro”.

Una historia como tantas
Jacinta García García, de 65 años, también recuerda la partida de dos de sus hijos, José del Rosario, y Carmela García García, de 41 y 36 años, respectivamente y quienes viven en California.
El mayor sólo lleva cuatro años allá, mientras que Mela, como le dicen de cariño, ya cumplió 19 años desde su partida.
Ambos mantienen comunicación telefónica cada semana o cada 15 días, con su hija como la más constante.
Asegura que siente tristeza por su partida, y ganas de ir a verlos, pero no puede. Se cura la tristeza disfrutando a sus nietos.
“Me dedico a mis nietos y me divierto con ellos. Trató de no pensar en cosas tristes”.
Durante el 10 de mayo los hijos le marcan para felicitarla y le envían dinero para hacerle una comida con la familia que sigue en Tlaltenango. Asegura que a veces le envían alguna ayuda, según las posibilidades.

Un recuerdo de la infancia
Como otras de las historias, María Bañuelos es una de las muchas mujeres jerezanas que viven solas, pues los hijos crecieron y se fueron para los Estados Unidos.
Este 10 de mayo será un día común de labores normales pues ninguno de sus seis hijos la acompañará en la celebración del Día de las Madres.
“Me siento muy decepcionada y abandonada. Este años vinieron dos de mis hijos pero ya se fueron, y el año pasado no llegó ninguno”, dice con tristeza Bañuelos.
Algunos de sus hijos partieron cuando solo tenían 11 años y no han vuelto pues en los Estados Unidos tienen sus familias y su trabajo, pera ellos su tierra natal sólo fue un recuerdo de su infancia".
"Ellos tiene sus propios compromisos, mientras yo trabajo para mi sustento", dice.




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