Thursday 23 de March de 2017

Medicina humanista

     15 Feb 2013 03:30:00

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Cuando la gente va al hospital porque tiene una enfermedad o la sufre algunos de sus seres queridos, se eleva el nivel de estrés, tanto por el padecimiento mismo, como por la sensación de penetrar en laberintos burocráticos, no excentos de indiferencia y frialdad médica.
De hecho, existe la vieja creencia de que los galenos deben mantener una significativa distancia de la aflicción, la congoja y la preocupación de sus pacientes, con el fin de no cargar con penas ajenas que perjudicarían su estado anímico.
Esta máxima médica ha pasado de generación en generación durante mucho tiempo. Así, no son pocos los médicos de la vieja guardia que se encargan de transmitirla a los jóvenes profesionistas como parte fundamental de su formación laboral.
También hay series televisivas que refuerzan esta idea. Es el caso, por ejemplo, de Dr. House, donde el protagonista responde con sarcasmo e ironía a las debilidades humanas que se hacen más notorias cuando hay una enfermedad de por medio.
Afortunadamente, poco a poco cobra fuerza una postura distinta que otorga gran importancia el vínculo entre médico y paciente desde una perspectiva humanista, la cual resulta benéfica no sólo para el doliente, sino para el galeno mismo: si un médico deja de ver a un enfermo como un organismo anónimo y genera lazos de solidaridad con él, es muy probable que obtenga más satisfacción cuando el paciente sane; también cargará con menos peso cuando la enfermedad no ceda, incluso si llegase la muerte.
Esta orientación parte de una cuestión fundamental: el cuerpo y la mente no están disociados, por lo que atender la mente es crucial para sanar el cuerpo. Asumir este precepto significa, por parte del médico, respetar los puntos de vista del paciente, tratarlo como un semejante que solicita ayuda para aliviar un mal, solidarizarse con su dolor, demostrar calidez y generar empatía. En síntesis, atenderlo con dignidad.
Algunas facultades de medicina han incluido cursos de humanismo con especial atención al quehacer médico, donde los estudiantes reflexionan sobre sus futuros pacientes a partir de sus propias experiencias, de sus debilidades y sus potencialidades, de sus miedos y sus capacidades, de ejercicios que demuestran la indivisible unidad de lo físico y lo mental.
El tema para mí no es lejano; no sólo porque en fechas recientes varios familiares han tenido que ser hospitalizados, sino también porque mi hermana, psicóloga ella, da estos cursos en la Facultad de Medicina de la UANL. Y, sí, me siento muy orgullosa de ella y espero que los estudiantes no olviden sus enseñanzas cuando ejerzan la profesión. Todos necesitamos un médico que sepa curar, pero también explicar, comprender y respetar el dolor ajeno.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
bethsang@hotmail.com




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