Wednesday 18 de January de 2017

México

     21 Jan 2011 04:00:00

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La semana pasada hablé de la cultura de la muerte a raíz de las historias de terror que he leído en la prensa y que me han narrado personas cercanas a mí.

El padecer de los mexicanos por la crueldad del crimen organizado parece no tener límites.
Sin embargo, también es cierto que en el país no sólo existe violencia. Las familias intentan hacer sus actividades cotidianas y no son pocas las instituciones y las personas que buscan contribuir a la solución de los problemas que nos aquejan: asociaciones que denuncian los feminicidios y organizaciones que luchan contra la violencia intrafamiliar; padres que educan a sus hijos enseñándoles la ética de la responsabilidad, profesores que promueven con el ejemplo lo que en mis tiempos se llamaba civismo, artistas y escritores que intentan dar forma al dolor del presente y promover el pensamiento crítico.
En un noticiero nacional, conocí la historia de una señora poblana que semanalmente acondiciona en la calle una especia de biblioteca para niños pequeños.
Al verla cubrir la acera con plásticos y cobijas, los chavales del barrio llegan corriendo para tumbarse a leer los libros infantiles que ella les lleva. Algunas mamás también asisten a esas reuniones que liberan la imaginación y fomentan la fantasía.
Esas acciones poco se difunden porque no son redituables para los medios de comunicación que en su mayoría viven del morbo y de la nota roja. Prefieren dedicar tiempo, papel y pluma a reseñar el proceso que se le sigue a Kalimba por la supuesta violación sexual a una menor de edad o entrevistar al JJ, como si fuese un estrella del momento, por la agresión hacia un futbolista.
Lo mismo sucede con la reiterada difusión de imágenes de decapitados y de los mensajes que los narcos dejan junto a los cadáveres.
Todo eso existe, es cierto, no se puede tapar con el dedo al sol, pero esos hechos se presentan sin esclarecer los motivos de esta cruenta guerra, sin establecer quienes son los verdaderos responsables del mal padecido.
Acaso por conveniencia política, se pone en el mismo plano al Presidente de la República, al ejército y a los narcos, como causantes todos de la violencia generalizada. Que pena.
Lo peor del caso es la imagen que se proyecta a nivel internacional. Una alumna de doctorado que realiza una estancia de investigación en París, me dice que amigos venezolanos y brasileños le han comentado que en sus países los índices de violencia son alarmantes, pero sólo se habla del terror en México, acaso por culpa de los medios de comunicación que se han olvidado del México creativo y luminoso. Aquí lo haremos.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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