Tuesday 24 de January de 2017

Mi delito... amar

Historia de vida

     16 Jan 2011 22:32:30

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En Guadalupe, Zacatecas, una mujer se vio obligada a denunciar a su esposo por violencia familiar. A pesar de las serias lesiones que presentaba, aseguraba amar tanto a ese hombre que prefería morir antes de verlo en la cárcel.

La carta que provocó todo
Después de todo lo ocurrido he pasado por varias sensaciones:
Ansiedad. De ver como te alejabas de mi, de sentir tu cambio, tu rechazo y tu desamor a pesar de que tú eras el centro de mi vida.
Dolor. De enterarme de tu recaída en las drogas y de tu amor escondido, al enterarme por terceros de que el hombre a quien entregué todo mi ser fue incapaz de ser honesto y me hizo víctima de su engaño.
Odio. De ver como albergabas en nuestro lecho a alguien más, después de haberme rechazado y prohibido la entrada a nuestro departamento, siendo que en muchas ocasiones tu pagaste los gastos de ese lugar con el fruto de mi trabajo.
Decepción. De saber cómo ayudabas a tu “nueva familia” al darles todos mi datos, a demandarme por algo que tu sabes perfectamente que nunca hice, olvidando todo el apoyo que recibiste de mí en todos y cada uno de los aspectos de tu vida.
Después de todo lo ocurrido, creo que me enamoré de un desconocido, quien siempre ha sido un cobarde que se disfraza de valiente.
Un pobre iluso que cree que pertenece a una familia de triunfadores.
Una vividor que se siente muy listo, pero al que finalmente todo le sale mal.
Una alcohólico que busca olvidarse de su triste realidad disfrazándola de fiesta y amigos falsos, iguales a él.
Yo aprendí la lección, al enamorarme de una idea, creando en mi mente una imagen de algo irreal que está forrado con una linda cara y un alma negra.
En realidad me hiciste creer que eras alguien especial, pero sólo me enamoré de algo falso como tus billetes.
Me he enterado que andas hablando mal de mí; sólo te pido que no hables de mí, ni bien ni mal. Borra de tu mente todo lo que tenga que ver conmigo, no vuelvas a buscarme bajo ninguna circunstancia ni pretexto. Después de todo me di cuenta que no te conozco.
Yo seguiré mi camino, seguiré siendo la misma que lucha por lo que quiere, seguiré cometiendo errores y seguiré aprendiendo de ellos, quizá es lo único que te agradezco, el haber aprendido a no idealizar a nadie.
Me mostraste un camino nuevo que no pienso dejar nunca y quiero recompensarte con un poco de aquello de lo que tanto hablabas y decías que se te antojaba para olvidar nuestros problemas (drogas).
Tenías razón, es lo único en lo que no mentiste, con ésto he podido olvidarte.

Su relación
Somos una pareja, yo sé que de esas tormentosas… pero es mi pareja.
Esta carta se la escribí la última vez que terminamos.
Yo me fui del departamento porque estaba embarazada, tenía apenas un mes y yo ya le había dicho que ya no se drogara. Él salía de parranda y seguro se metía cocaína, llegaba muy violento y en más de una ocasión me violaba con mucho coraje.
Yo le tenía miedo, pero yo creo que él lo hacía porque me quiere mucho y me desea también y no se podía contener. Es que es muy pasional.
Le dejé la carta en la cocina y me fui para con mis papás. Lo quería es que él se diera cuenta de que me iba a perder y fuera a suplicarme y prometerme que cambiaría.
Pensaba y me imaginaba una escena como de las novelas, en que él iba por mií y yo le decía que íbamos a tener un hijo y ya nos reconciliábamos para siempre.

La reacción
Ese día no fue a buscarme, se tardó una semana, llegó tomado, yo creo que hasta drogado, bueno sí iba drogado.
Mis papás no estaban en la casa y él estaba muy enojado.
Pateaba la puerta, yo le abrí y me aventó con mucha fuerza. Me dijo que iba a matar al hombre con el que me estaba acostando y que a mí me iba a hacer cachitos. Que a él ninguna vieja prostituta como yo lo dejaba.
Me jalaba de los cabellos y me decía muchos insultos muy feos, yo nada más atinaba a decirle que me perdonara que yo lo amaba mucho.
Le suplicaba que ya no me pegara pero él lo seguía haciendo.

La escena
No sé cuánto tiempo pasó. Lo último que recuerdo es que me pateó en la cara y de ahí ya no supe de mí.
Desperté en el hospital civil.
Mi papá me dijo que ellos se asustaron mucho porque pensaron que se habían metido a robar y como me encontraron tirada en la sala y con sangre en la cara y en la ropa pensaron que estaba muerta.
Hablaron a una ambulancia y me llevaron al hospital, pero ahí preguntaron qué había pasado y mis papás dijeron que habían robado la casa y del mismo hospital llamaron al Ministerio Público (MP).

El daño
Me fracturó la mandíbula de una patada y del lado que me dio la patada me tumbó dos muelas y dos dientes con todo y raíz. Tirada, noqueada, él me siguió pateando.
No me dio oportunidad de decirle que estaba embarazada.
Mi bebé no soportó las patadas. Apenas tenía un mes. Y se me vino un aborto. Era el segundo aborto que tenía, pero el primero no fue porque me golpeara, yo me caí.
También me hizo un esguince cervical y múltiples contusiones y equimosis, bueno eso decía el escrito del doctor de la Procuraduría.

Tuve que denunciar
Yo no iba a hacer nada. ¿Cómo iba a meter a la cárcel a mi esposo?, pero como mi papá dijo lo del robo, llegó el MP.
No me creyeron porque en la  casa de mis papás no faltaba nada y una vecina vio a mi esposo salir.
Levanté un acta, pero las lesiones que yo tenía eran muy graves y dijeron que se iba a investigar de todas maneras; salió la orden de aprehensión contra mi esposo.
Ese día que lo agarraron los policías fue a la salida de su trabajo. Pobrecito, lo tiraron contra la banqueta, primero lo azotaron contra el cofre de la camioneta y luego lo pusieron de cara en la vil calle.
Él no se merecía que lo trataran así, qué no ven que él está enfermo por lo de la cocaína.

La súplica
Días después de la detención del sujeto, la mujer se presentó a suplicar que cambiara las conclusiones de mi peritaje.
Según ella, si yo concluía que ella no presentaba signos y síntomas psicológicos compatibles al síndrome de la mujer maltratada el juez podría dejar en libertad a su esposo.
Llorando me suplicó que lo hiciera porque ella necesitaba tener a su esposo. La primera vez que la valoré, el articular palabras se le dificultaba mucho por la fractura en la mandíbula.
Se encontraba agobiada por la pérdida del bebé que gestaba, sin embargo no asimilaba que la pérdida fuera producto de la golpiza que le propinó el marido. En todo momento lo justificaba, culpándose a sí misma de las agresiones sufridas.
En la ocasión que se dirigió a mi para pedirme ese favor había transcurrido poco más de un mes de la golpiza.
Por la lesión de la mandíbula babeaba constantemente. Me comentó que se le dificultaba mucho ingerir alimentos, que los dientes que perdió le habían sido arrancados con hueso parte de la mandíbula inferior.
También me dijo que le tenía mucho miedo a su esposo, pero que ella estaba segura de que ahora sí cambiaría porque estando en la cárcel le había pedido perdón sinceramente y que por eso ella quería retirar la denuncia.
Pero le dijeron que no se podía por el tipo de lesiones. Se mostraba muy desesperada, “¿qué no me entiende?, prefiero estar muerta antes de seguir viendolo en la cárcel, está sufriendo mucho, ayúdeme por favor, se lo suplico”.
El sujeto estuvo procesado penalmente durante un año, y recibió una sentencia condenatoria de cinco años.
La mujer buscó la manera de que le autorizaran visita conyugal; en todo momento se le negó.
Tampoco se sometió a terapia psicológica y vive en espera de que su esposo salga libre para rehacer su vida.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com
 




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