Monday 16 de January de 2017

Mi delito... casarme con un celoso

Historia de vida

     29 Jan 2012 03:40:00

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Un hombre de 37 años se encuentra inmerso en dos procesos penales, uno por violencia familiar y otro por lesiones y tentativa de homicidio.
Al mismo tiempo lleva el trámite de divorcio necesario. Su esposa lo denunció luego de ser golpeada de manera despiadada cuando él creyó descubrir que había procreado una hija con otro hombre.

La voz de él
“He vivido nueve años cuidándola. Me la llevé de su casa y a los pocos días unos amigos me dijeron que ella había tenido que ver con varios hombres y que no era una mujer decente.
“Quise regresarla a su casa, pero su papá y sus hermanos me dijeron que me matarían y que me tenía que casar. Nos casaron a la fuerza.
“Yo tenía la duda porque ya me había dado cuenta que yo sí era el primero en su vida. Decidí seguirle, pero las dudas siempre me atormentaron.
“Sentía que me iba a engañar, cuando me iba a la labor, se me figuraba que ella metía hombres en la casa.
“Salió embarazada del primero, yo nomás le rogaba a Dios que se pareciera a mí. Dicen en el rancho que sacó toda mi carota. Cuando vi a mi hijo no había dudas de que era mío”.

Borracheras
“Uno es hombre y le da por la tomadera. Yo seguía con las dudas de mi mujer.
“Cuando me emborrachaba se me olvidaba por ratos, pero cuando llegaba al rancho, nomás de verla me daba mucho coraje y la agarraba en contra de ella, pero porque ella tenía la culpa.
“Se salía al mercado y se tardaba, ¡sabrá Dios con quién se vería! Yo le preguntaba y me decía que nomás había ido a las tortillas. Que se lo crea otro. Yo no voy a ser un cornudo. Primero la mato”.

Paranoia
“Comencé a vigilarla. Le decía que me iba a la labor, pero me escondía para ver quién iba a verla o con quién se veía la vieja esta.
“Esto empezó porque ya teníamos tres chamacos y el dinero empezó a escasear.
“Una vecina le dijo que había trabajo para ayudar en casa ajena.
“Y como nomás era un rato y en donde iba a trabajar nomás vivían unas señoras de edad, sí la dejé que fuera para que mantuviera a sus chamacos.
“Yo la notaba rarilla porque para salirse a cuidar a las señoras se ponía los pantalones muy apretados, yo no la dejaba que se pintara la cara.
“También le noté que se había comprado unas blusas, pero lo que sí ya me dio qué pensar fue cuando le vi unos calzones
nuevos.
“La seguía y me estaba afuera de la casa de las señoras y no se veía nada inusual. La seguía cuando salía de la casa de las señoras y se iba para la casa.
“Un día empecé a ver a un hombre que iba a la casa de las señoras a la misma hora que estaba ella, yo le dije que quién era ése, que de seguro las viejas alcahuetas la dejaban que se viera ahí con su amante.
“Me dijo que era el hijo de una de ellas, y que no tenía nada qué ver con él, eso que se lo crea otro menso”.

Una niña
“La vieja esta me quiso ver la cara. Salió un día embarazada y vino con el cuento de que era mío.
“Yo nomás la dejé para cuando naciera el chamaco, al cabo ya sabía que todos sacaban mi carota como decían en el rancho.
“Que me va saliendo que era una mocosa. Y que la veo y no se parecía nada a mí”.
“Yo sí me fui contra ella. Luego la cínica la registró con mis apellidos. Yo le pedí el divorcio y la vieja me metió al bote”.

La voz de ella
“Desde que nos casamos él empezó a celarme mucho. Cada sábado de raya se ponía borracho y era para tenerme sentada reclamándome muchas cosas.
“Me ofendía y de vieja de la calle no me bajaba, me decía que yo era peor que porque las otras siquiera cobraban y que yo lo hacía por gusto. Eso era cada sábado. Me daba miedo que llegara ese día.
“Luego de eso me hacía tener relaciones sexuales a fuerzas con él y me hacía cosas muy sucias y me decía que a las prostitutas como yo así se debían tratar”.
“Cada vez que me embarazaba era la misma. Siempre me reclamaba que seguro no era de él. Y todo el tiempo de estar preñada eran peores los insultos.
“Llegó a golpearme y cuando tenía ya al chamaquito nos dejaba encerrados bajo llave que según para que no llevara al niño a ver a mis amantes”.

Me puse a trabajar
“Cada vez que nacía un chamaco nomás iba a vernos para verle la cara al niño y que se pareciera a él.
“Los tres primeros me salieron igualitos a él. Se ponía borracho, que según del gusto, y duraba una semana o más tomando.
“De repente dejó de darme dinero, ya no le alcanzaba para los tres chamacos y un día me dijo que a ver cómo le hacía yo, pero que él ya no me iba a mantener ni a mí ni a mis bastardos.
“Le dije a una vecina que si no sabía de un trabajo y sí me ayudó. Comencé a trabajar en la casa de unas señoras grandes de edad.
“Sí me dejó ir ahí que porque no había hombres”.

Me espiaba
“Un día que fui a hacer un mandado de las señoras como que me pareció verlo escondido.
“Me seguí y no le di importancia. Para esos mismos días un hijo de las señoras fue de visita con su mamá ahí donde yo trabajaba y yo volví a salir embarazada de mi marido.
“Él decía que no era suyo, que esas viejas alcahuetas me dejaban verme con mi amante ahí.
“Me quemó toda mi ropa, yo me había comprado unas blusas y unas pantaletas en el mercado y también me las quemó.
“Me decía que para que se me quitara lo prostituta con peores palabras”.

Casi me mata
“Cuando nació la niña, él dijo que eso no era de él porque fue a vernos y dijo que esa escuincla ni se parecía a él.
“Se volvió a poner borracho, pero esta vez duró desaparecido como un mes.
“Cuando volvió, iba desconocido, no dijo nada, sólo llegó directo a golpearme.
“Me agarró con una cuarta y a patadas. Me daba de trompadas en la cara y mis hijos estaban muy asustados le gritaban que no me pegara y el más grandecillo agarró una escoba y le pegó, pero también lo golpeó.
“Todos estábamos muy asustados. Otro de mis hijos se salió del cuarto por una ventana y fue a decirles a los hermanos de mi esposo.
“Llegaron rápido y me lo quitaron de encima. Ya me había fracturado la nariz y unas costillas a patadas.
“Yo me estaba defendiendo porque ya había agarrado un cuchillo y me lo quería encajar.
“Mi hijo el más grande también tenía cortadas sus manos de que entre los dos se lo queríamos quitar. Si no llegan mis cuñados, yo creo que nos mata a todos”.

Celotipia
La celotipia hace imposible el poder controlar los celos, generando sentimientos negativos, impulsos, reaccionando en ocasiones con agresividad o ira.
La celotipia hace que el celoso se mantenga alerta de desbaratar el supuesto engaño.
Se mantiene en un estado de vigilancia constante que puede ir desde revisar las propiedades personales de su pareja, controlar llamadas telefónicas, sospechas ante una llegada tarde, un gesto o una mirada, o hasta visitas inesperadas.
En definitiva, se trata de hechos cotidianos que son percibidos e interpretados en función de sus celos enfermizos generando a la vez en quien la padece ira, enojo por el supuesto engaño y malestar en su pareja.
En la celotipia el celoso vivencia una situación imaginaria como real.
Su vida gira en torno a acusaciones, a generar pruebas de la supuesta infidelidad, interpreta erróneamente hechos cotidianos de manera de constatar y fundamentar sospechas
En ese sentido es que en la situación de celotipia hay un trastorno del pensamiento, pobre control de los impulsos y puede haber falsas percepciones.
En ocasiones también se producen falsos recuerdos.
No todo lo que percibe mediante sus sentidos es lo que él/ella cree que es.
Sin entrar aquí en discusiones filosóficas que dejaremos para otro momento, en los celos enfermizos, el celoso siempre percibe e interpreta la realidad de una sola forma como tema recurrente: del posible
engaño.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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