Friday 24 de March de 2017

Mi delito… desenterrar mi pasado

Historia de vida

     26 Aug 2012 03:40:00

A- A A+

Compartir:

Una niña es llevada poco a poco a una relación incestuosa. Su inocencia fue quebrantada por un sujeto “solterón” de alrededor de 40 años, hermano de su papá.
Varios años después logra tener el valor de denunciarlo. Sin embrago, la deficiente salud de su tío lo postra, llenando de frustración a esta valiente mujer.

La historia
“Mi primer beso fue con el hermano de mi padre, un hombre que en ese entonces tenía más de 40 años.
“Me cargó para pararme sobre su cama para poder alcanzar mi boquita con la de él. En ese entonces yo tenía 9 años.
“Durante los dos años que seguirían a este desconcertante evento, él continuó abusando sexualmente de mí, despojándome de mi inocencia con actos cuyos recuerdos hasta el día de hoy me obsesionan y avergüenzan”.
“Juegos”
“Todo comenzó como un inocente ‘juego’ con caricias afectuosas, con regalos e invitaciones que cualquier niña de esa edad quisiera recibir.
“Y de hecho, en un comienzo, disfruté no sólo de la compañía y regalos de mi tío, sino que también de todos los novedosos ‘juegos’ que él ideaba.
“Era nuestro secreto, éramos cómplices de nuestros actos. Odio decir que cuando él no me buscaba, era yo quien andaba tras él.
“Aún no logro entender en qué momento estos juegos pasaron a ser ‘inapropiados’. Aún me pregunto qué tanta culpa tuve yo, considerando que nunca opuse ningún tipo de resistencia y que siempre accedí sin quejarme a todo lo que él me pedía y proponía.
“Sí tenía muy claro cuáles eran los ‘juegos’ de los que disfrutaba y cuáles eran los que sencillamente me desagradaban, pero nunca me negué a nada.
“Y hoy, mirando el pasado, no debiera haber disfrutado de ninguno de ellos”.

Culpa, asco y dolor
“Me he sentido tremendamente avergonzada y culpable por estos hechos durante toda mi vida. Yo era sólo una niña.
“Él me ultrajó, me violó, me despojó de toda dignidad y se aseguró de que uno de los recuerdos importantes de mi infancia fuera una cosa horrible y enorme en mi boca. Esa sensación que me provocaba ganas de vomitar y que no me dejaba no me dejaba respirar.
“Jamás voy a lograr olvidarme del día en que perdí mi virginidad. El día que aprovechaba mi tío para ‘jugar’ conmigo era el domingo en la casa de mis abuelos paternos.
“No logro comprender cómo es que si toda la familia nos reuníamos, nadie podía darse cuenta de nada, ni sospechar nada.
“Me he llegado a preguntar si sólo a mí me haría esas asquerosas cosas, o si a alguna de mis primas también.
“Ese día igual que otros domingos, mi tío no perdió la oportunidad de invitarme a su recámara. Recuerdo que me dijo: ‘nena ven a ver la tele conmigo, te pondré una película y luego jugamos’.
“Me compraba con eso, pero sobre todo con pinturitas y perfumes baratos que el compraba con el pretexto de tenerme algo para ‘jugar’”.
“Comenzó a tocarme sobre mi vestido y a frotarse contra mi cuerpo. Cuando ya estaba tendida sobre su cama con las piernas colgando, me bajó mi ropita interior.
“Recuerdo el dolor, la sensación de partirme en dos, las silenciosas lágrimas que intentaba esconder y el ardor que sentía entre mis piernas y que se prolongó durante varios días”.

Abuso constante
“Esa fue la primera vez en mi vida que me violó. Esa agonía se prolongaría semana tras semana, casi todos los domingos.
“Yo no quería ir ya a la casa de mis abuelos. Me acuerdo que le decía a mi mamá que si no podríamos hacer algo más como ir a la casa de mis otros abuelitos o irnos a un parque o simplemente quedarnos en casa.
“Ella me decía que así era la costumbre, que por eso íbamos los sábados con mis otros abuelitos. No logro comprender cómo es que mi madre no notó nada.
“Esa primera vez que me violó, sangré. Era la primera vez que me pasaba. Mi mamá asumió que ya me había bajado mi regla y me dijo toda una letanía sobre ser mujer.
“No me volvió a ‘bajar’ hasta un año y medio después. Mi madre me dijo que así era de irregular al principio”.

Madre indiferente
“Estoy segura de no querer ser madre. No me perdonaría ser tan indiferente. Pero sobre todo no podría estar tranquila, creo que me volvería una guardiana paranoica si llegara a tener una hija.
“Me duele mucho no haber tenido ni la confianza ni la buena comunicación con mi madre. Aún no la tengo.
“Ella estaba muy ocupada en quedar bien y platicar con sus cuñadas y concuñas. Siempre decía de mí que yo era diferente porque me aislaba y no quería salir.
“Yo vivía en un mundo en el que no era seguro contar mi historia. No tenía a nadie con quién desahogarme, nadie a quién recurrir”.

Me sentía confundida
“Cada vez que el hacía ‘eso’ conmigo me daba recompensas por haber sido una ‘niña buena’. A veces me regalaba un perfume, otras veces me llevaba a comprar un helado.
“Recuerdo que me lo comía sin disfrutarlo. Me sentía sucia y muy confundida. No sé si lo odiaba o lo quería.
“Eso me atormenta mucho porque después de las primeras veces de repente no me dolía y creo que hasta me gustaba. Yo tenía entre doce y trece años.
“Llegábamos a la casa y yo me ponía a llorar en mi cuarto.
“Quería preguntarles a mis compañeras de la escuela si a ellas les pasaba lo mismo, si eso era normal”.

Otro infierno
“Mala idea. El día que le dije a mi única amiga puso el grito en el cielo. Le dijo a la prefecta de la secundaria y mandaron llamar a mis papás.
“Ellos no creyeron y menos aún cuando les dije que desde que tenía 9 años él hacía ‘eso’ conmigo.
“Dijeron que él era un hombre intachable. Mi padre me acusó de que lo quería perjudicar, me dijeron que era una malagradecida porque mi tío se portaba muy bien conmigo. ¡Que me quería como una hija!
“Me castigaron. Encontré un poco de consuelo con la prefecta; ella me decía que le dijera a alguien más de mi familia, a alguna tía.
“Pero después de ver la reacción de mis papás la verdad no quería volver a sentirme la mala del cuento.
“La prefecta se fue, de hecho la cambiaron el siguiente año escolar. Siempre he creído que fue por mi culpa y por tratar de ayudarme”.

Depresión
“Cuando recién comencé a lidiar con el abuso, no sabía los estragos que me había causado emocionalmente.
“No fue hasta que examiné mi vida y mi niñez que empecé a darme cuenta que mi infancia no había sido ‘normal’.
“Ya estaba en la prepa. Al principio me sentí absolutamente sola con todo esto, pensaba que todo había sido mi culpa.
“Yo creo que de alguna manera me explicaba a mí misma que el abuso ‘realmente no importaba’ en el esquema de mi vida. Qué equivocada estaba.
“Tenía mi autoestima por el suelo, constantemente me culpaba y me degradaba, tenía pensamientos suicidas, luchaba contra una depresión terrible, tenía ansiedad y sufría de constantes dolores de cabeza.
“Un día se me ocurrió que si me veía gorda quizá el abuso terminaría. No fue así. Me decía que me estaba poniendo cada vez mejor. Entonces me dio por no comer”.

Enfermedad
“Entré a un coro de la iglesia. Ahí conocí a personas buenas que me hicieron tener un poco de fe.
“Poco tiempo después de eso mi tío tuvo una enfermedad muy grave, cáncer. El abuso para mí terminó.
“Para él, un infierno en vida le esperaría. Las gentes de la iglesia al principio me apoyaban para denunciarlo.
“Después de que le descubrieron el cáncer, he vivido con la culpa de que si lo denuncio y va a la cárcel no podrá tener su tratamiento. Y creo que con lo que está sufriendo de alguna manera está pagando el daño que me hizo.
“Seguiré en terapia. Y a él si llegara a leer esto, sólo le puedo decir que de mi parte solo hay rencor por haberme robado mi inocencia y por haber cambiado mi vida para siempre”.

Efectos a corto plazo
Según M. J. Horowitz, las niñas suelen presentar reacciones ansioso-depresivas (muy graves en los casos de las adolescentes) y los niños problemas de fracaso escolar y de socialización, siendo más proclives a presentar alteraciones de la conducta en forma de agresiones sexuales y conductas de tipo violento.
Propone cuatro variables como causas principales del trauma:
Sexualización traumática: el abuso sexual es una interferencia en el desarrollo sexual normal del niño, por cuanto aprende una vivencia de la sexualidad deformada (especialmente, cuando la agresión se ha producido en el hogar)
Pérdida de confianza: no sólo con el agresor sino con el resto de personas cercanas que no fueron capaces de impedir los abusos.
Indefensión: el haber sufrido los abusos lleva a la víctima a considerarse incapaz de defenderse ante los cambios de la vida en general, provocando en él actitudes pasivas y de retraimiento.
Estigmatización: sentimientos de culpa, vergüenza, etcétera, que minan su autoestima.
A largo plazo, el trauma no sólo no se resuelve, sino que suele transitar de una sintomatología a otra.
Los fenómenos más regulares son las alteraciones en el ámbito sexual, como inhibición erótica, disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, depresión, falta de control sobre la ira, hipervigilancia en el caso de tener hijos o adopción de conductas de abuso o de consentimiento del mismo y síntomas característicos de cualquier trastorno de estrés postraumático.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




Lo más leído
Muere un hombre al ser atropellado por un tráiler
Hallan cuerpo de hombre sin vida en Vialidad Siglo 21
Mujer denuncia haber sufrido violación y asalto
​Queman dos plantíos de droga en Zacatecas
Chocan dos Jettas en el eje vial metropolitano
Denuncian a aviadores y nepotismo en el ITSZN
Chocan por alcance; el saldo, dos menores lesionados
Emiten alerta sanitaria por la circulación de lote falso de Ampicilina
​Se apagará la ciudad por la Hora del Planeta
Pierde capital $15 millones por no presentar proyectos a tiempo
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 18.94
Venta 19.44
€uro
Compra 20.38
Venta 20.88

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad