Thursday 23 de March de 2017

Mi delito… mi ignorancia

Historia de vida

     2 Sep 2012 03:40:00

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En una comunidad cercana a Sombrerete, una mujer de condición humilde y de escaso nivel académico, mantiene una relación de matrimonio con el padre de sus cinco hijas, desconociendo que abusaba de las niñas. Con amenazas de matarlas las sometía.
Para esta mujer su vida era “normal” sin la conciencia de que en esta familia, inclusive ella, eran víctimas de toda clase de abusos.

La voz de la vecina
“Ese viejo me daba miedo, tenía que pasar por su casa para llegar a la mía.
“El viejo yo creo que no trabajaba ni nada porque siempre estaba en su casa sentado en el patio. A la que veía que se iba a trabajar era a la señora.
“Ella llegaba como a las 6 de la tarde. En el rancho somos pocos y todos nos conocemos. Los que no están en el otro lado trabajamos en el campo.
“Seguido escuchaba mucha gritería en esa casa. Las mocosillas eran bien chillonas y se veían muy descuidadas, siempre andaban mugrosillas y sin peinar. Y con razón, pues su mamá se iba al campo a trabajar.
“Ese día escuché gritos más feos y más fuertotes. Salí a ver qué. Alcancé a ver al viejo que se salía de la casa subiéndose y acomodándose el pantalón.
“Pero escuchaba muchos gritos de una de las niñas. Me asomé al cuarto y vi a una de las chamaquitas con sangre en su ropa. Y las otras estaban ahí muy asustadas y llorando.
“Me asusté mucho y me salí para hablarle a mi comadre y ver qué hacíamos.
“Regresamos a la casa de las niñas y mi comadre dijo: ‘A esta niña la violaron'. Y yo supe que fue su papá porque lo vi salir como le dije.
“Nomás estaba manchadilla, no le brotaba la sangre y como ya sabíamos que la mamá llegaba hasta las 6, mejor le dijimos a uno de los muchachos de mi comadre que se fuera por el comisario.
“Le dije a mi comadre que limpiáramos a la niña y me dijo que no, que mejor nos esperáramos y sólo nos quedamos con las chamaquitas que estaban muy asustadas.
“Ahí en donde ellas viven es un cuartucho; tienen dos colchones en el piso y cocinan con leña.
“Pues así estamos la mayoría, pero ellos sí están más fregados porque el viejo no trabaja. La mujer lo mantiene y hasta le compra su alcohol”.

Se llevaron a las niñas
“El comisario llegó con una patrulla de preventivos y se llevaron a las niñas. Dijeron que al DIF.
“Yo le dije a mi comadre que le avisáramos a la mamá de las chamaquitas, pero ella dijo que mejor ya no se quería meter en problemas y yo no tenía forma de ir al potrero donde andaba ella en la labor.
“La esperé a que llegara, pero los policías ya la habían ido a buscar. Más tarde me fueron a buscar para que dijera lo que sabía”.

La voz de la mamá
“Yo no entiendo de lo que me dicen. No sabía que mi viejo les hacía groserías a las niñas. Fueron los policías por mí al barbecho. Me asusté mucho porque me dijeron que les había pasado algo a mis hijas y que los acompañara.
“Me dio mucha ansia porque no sabía ni qué. Yo les preguntaba y no me decían nada, sólo me decían que cuando llegáramos con los licenciados me dirían.
“Yo venía llorando y un policía me dijo que mejor hubiera llorado antes de dejarlas solas. Pos si no estaban solas, estaban con su papá.
“Cuando llegué con la licenciada no me dejaron ver a mis hijas, primero me hicieron muchas preguntas de quién vivía en mi casa y de en dónde estaba mi marido.
“Yo no sabía nada, les decía que en la casa. La licenciada me dijo que me habían violado a mis hijas y que ellas decían que había sido su papá.
“Sentí muy feo y me dijeron que tenía que autorizar que las viera una doctora y la psicóloga. Yo les dije que sí”.

La denuncia
“Somos muy pobres, yo me voy temprano para sacar para comer, me pagan 70 pesos diarios. Los patrones me dan el costal de frijol y como quiera me van ayudando.
“Mi marido no trabaja que porque está malo y siempre dice que está malo y que no puede trabajar. Pos dice que le dan los dolores muy fuertes y se acuesta y ahí se queda con mis hijas mientras yo me voy a trabajar.
“Tuvimos cinco hijas que Dios nos dio. La más grandecilla tiene 11, la que sigue, 9, luego la otra 7, la “pelusilla” 5 y la bebé 3. Mi marido no las quería por ser viejas. A él no le gustaba que lo molestáramos y nos golpea a todas. Primero a mí.
“Y es que él toma mezcal que para que se le quite el dolor. Luego se enoja porque se le acaba la botella o se enoja hasta porque le hablamos y empieza a gritar y nos pega con lo que haya.
“A mí me obliga a cumplirle como mujer. Yo no quiero, pero él me obliga. Siempre me amenaza con que si no me dejo, me va a matar a mis hijas y que si no le traigo el vino, me va a matar a mis hijas y así me tiene, a puro que las va a matar.
“De las niñas yo sí las veía tristecillas siempre. Pero pos así somos. Yo me iba temprano, amaneciendo, y llegaba a las 6. Les dejaba los frijoles y mija la más grande se encarga de darles de comer y de almorzar a sus hermanas y a su papá. Nunca me dijeron nada de eso”.

La niña más grande
“Mi papi siempre está muy enojado. Nos pega a mis hermanas y a mi mamá con un palo o con una reata. También nos agarra de los pelos y nos avienta. Es que a él no le gusta que hagamos ruido o que mis hermanitas lloren y se enoja si no le hago rápido la comida.
“Siempre me decía que como mi mamá no estaba, yo le tenía que cumplir. Me ponía a hacerle cosas sin ropa. Y también a mis hermanas.
“Y si no queríamos, nos decía que nos iba a matar y que a la más chica le iba a romper el gañote como pollo y que nos iba a descuartizar como puercos. Yo no quería que les hiciera nada a mis hermanas y le decía que nomás a mí. Pero también a mis hermanas se las agarraba.
“Ese día que nos llevaron los policías, agarró a mi hermana la de cinco años. Yo estaba muy asustada porque pensaba que la iba a matar y a nosotras también.
“Yo mejor agarré un palo y le pegué porque mi hermana estaba gritando muy feo y yo sé que era del dolor. Y por eso me animé a pegarle y pensé que no le hacía que lo matara, pero que ya no lastimara a mi hermanita.
“Sí se quitó de con ella. En eso llegó una señora y nos dio agua y le habló a otra señora y luego llegaron los policías.
“Yo pienso que eso que nos hacía era muy malo porque a mí no me gustaba y yo lo hacía porque él me decía que nos mataría con el cuchillo. Yo no le decía a mi mamá porque yo no quería que la matara”.

El sujeto
“No es cierto nada de lo que dicen. Yo no les hacía nada. Yo ya no funciono como hombre, qué les iba a hacer.
“Me acusan de eso porque mi vieja quiere andar de güila. Porque dice que ya no le funciono como hombre.
“Y de eso que dicen que yo les pego, pues sí es cierto porque esas chamacas ni se portan bien, no quieren ir a la escuela y también quieren andar como su madre de güilas.
“Todas salieron igual. Son unas inútiles, no sirven para nada. Ahora a ver qué hacen, seguro harán su congal”.

Las niñas presentaban signos y síntomas clínicos y psicológicos de abuso de tipo sexual, además de presentar el síndrome del niño maltratado.
La madre de los niños. Una mujer de 30 años, pero en apariencia de 45, también presentaba signos y síntomas de haber sido víctima de violencia conyugal.
La mujer lo soportaba porque ella pensaba que esa forma de vida era normal. Y a su decir, nunca sospechó que sus hijas fueran víctimas de su padre.
Las niñas no decían nada por miedo y porque estaban acostumbradas a esa forma de vida y carentes de educación no poseían una referencia de que lo que vivían no era normal.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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