Friday 20 de January de 2017

Mi delito… ser adicta

Historia de vida

     4 Mar 2012 03:20:00

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Poco a poco una mujer fue destruyendo su vida y marcando negativamente el rumbo de la de sus hijos.
Por una seria dependencia hacia las drogas y el alcohol, sus pequeños han vivido con familiares, han estado en la casa cuna y ella perdió hasta la dignidad por no reconocer su enfermedad.

Quién es ella
Es una mujer joven de escasos 21 años de edad y bajita de estatura, apenas alcanzará 1.50 metros. Tiene complexión delgada, tez morena, nariz chata y el cabello negro y lacio.
Generalmente usa sombreros y boinas; su vestimenta es de tipo militar o completamente negra.
Es madre de dos niños varones de 5 y 6 años, que no viven con ella.
Trabajó durante algún tiempo como dependiente de una tienda de autoservicio, sin embargo a la fecha de la entrevista no tenía un trabajo estable.
La familia de su exesposo refirió que ella se prostituye a cambio de drogas y alcohol.

Su relato
“Yo no conocí a mi padre. Soy hija natural y eso me ha marcado porque los vecinos y los parientes siempre han dicho que mi mamá era muy loca.
“A mí me han hecho menos, me han tratado como si no valiera nada. Mis primos me decían que no tenía padre, que había nacido de la tierra.
“Cuando era niña me la pasaba solilla porque mi mamá dormía todo el día y se iba a trabajar en las noches.
“Ella trabajaba como mesera en Las Láminas. En las mañanas la cuidaba porque ella se enfermaba mucho. Le daba vómito y le dolía la cabeza.
“Yo no fui a la escuela porque no había dinero y me daba miedo dejarla sola en las mañanas”.
Llegaba acompañada
“Había noches que mi mamá llegaba acompañada de hombres. A veces se le olvidaba sacarme a la calle.
“La mayoría de las veces ahí me dejaba dormida en el cuarto. Nunca se me va olvidar lo que escuchaba.
“Al principio me daba mucho miedo porque pensaba que la estaban lastimando esos hombres, pero luego me fui dando cuenta de que no”.

Empecé a tomar
“Tenía 10 años la primera vez que tomé. Esa vez uno de los hombres de mi mamá había dejado una botella en la casa.
“Yo me levanté y le tomé. Nunca había dormido tan bien, por primera vez no me di cuenta de lo que pasaba con mi mamá y eso me gustó.
“Escondí la botella y a la noche siguiente hice lo mismo, volví a dormir muy profundamente.
“Muchas noches hice lo mismo. Le robaba dinero a mi mamá y compraba anforitas o de plano me esperaba a que mi mamá se durmiera para robarles vino de las botellas que casi siempre llevaba”.

Drogas
“Al barrio de por mi casa llegaron unos chavalos nuevos y nos hicimos amiguillos. Ellos me enseñaron a meterle al chemo.
“Yo les platicaba todo lo que pasaba con mi mamá y ellos también tenían sus broncas con su familia y con eso se les hacía leve.
“Le empecé a poner al chemo y me sentía mareada y se me olvidaban las cosas de con mi mamá.
“No era muy seguido. A veces cada viernes o sábado. Mi mamá no se daba cuenta porque casi no la veía”.

Me cuidaba
“Conocí al padre de mis hijos cuando tenía como trece años. Él me cuidaba, me daba consejos y me decía que ya no me juntara con los chemos.
“Sí le empecé a hacer caso. La mamá de él puso una tiendita ahí en el barrio y me iba a ayudarlos.
“Me daban dinero y su mamá me motivó a meterme a la escuela. Acabé la primaria y me metí a la secundaria abierta.
“Yo me sentía muy a gusto ayudándoles en la tiendita y sentía que ellos me querían.
“Me fui enamorando de él. Supongo que él también de mí porque un día me dijo que ya no me fuera, que me quedara con él”.

Conflictos
“Mi mamá dijo que mejor me casara con él. Yo estoy segura de que su familia no quería. Cuando me di cuenta ya estaba embarazada.
“Empezamos a tener muchos problemas porque él se desbalagaba mucho. No llegaba en veces hasta la mañana.
“Yo hablaba con su mamá para que le dijera que no estaba bien, que ya era un hombre casado y que tenía que estar en la casa.
“Su mamá me tiraba de loca y me decía que así eran los hombres, que me tenía que acostumbrar.
“Discutíamos mucho, eran problemas y problemas. Durábamos tres días bien y los demás de pleitos.
“En la tiendita vendían cervezas. Regresé a tomar para olvidar. Como él se salía, yo empecé a hacer lo mismo y buscaba a los chemillos.
“Cuando llegaba él iba a buscarme y me llevaba borracha a la casa”.

Drogas otra vez
“Entre esos problemas resulté embarazada otra vez. Cada vez teníamos más problemas y todos eran por celos.
“Yo tenía mucho miedo de que me dejara por otra porque yo me sentía muy fea y él está muy guapo.
“Como él tenía muchas amigas, luego se iba con ellas o había unas que les valía e iban a la casa a buscarlo y él se salía con ellas.
“Yo me empecé a meter mota porque eso me hacía sentir relajada. Empezaba a sentir muchos nervios, me daban ganas de tomar y luego sentía las ganas de meterme mota.
“Empezaba a pistear en la tardecilla, a veces desde la mañana, y ya para la noche estaba bien perdidota.
“Me llevaba a los niños porque mi suegra ya me había dicho que me los llevara. Se le figuraba que si me llevaba a los niños, me iba a contener”.

Los perdí
“Las cosas empezaron a ir muy mal porque un día de mis borracheras perdí a los niños.
“Me fui con los camaradas del barrio y estábamos pisteando en la casa de uno de ellos.
“Yo no supe de mí y lo último que me acordaba era que la hermana de uno de ellos se los había llevado. Pero al día siguiente no los encontraba.
“La gente de mi marido nos ayudó a buscarlos, pero como le avisaron a la preventiva me echaron a los del DIF. Encontramos a los niños los habían llevado a la casa de mi mamá. Pero de ahí me pidieron el divorcio porque los del DIF nos recogieron a los niños mientras se hacían las investigaciones”.

Perdí todo
“Yo he vivido en mucho dolor. Los niños cuando yo los tenía estaban flacos y maltratados. Yo no les tenía nada de paciencia.
“Y sé que no puedo ser su madre porque los pongo en mucho peligro. Les pegaba mucho y no me levantaba a atenderlos.
“Mi suegra era la que los andaba procurando. Cada vez que yo me iba a poner borracha y a drogarme los abandonaba.
“Me los llevaba y los dejaba o con mi mamá o con alguna vecina. Una vez duré tres días perdida y los niños también estuvieron perdidos”.

Entregué a mis hijos
“Yo no quería divorciarme y tampoco quería ser una mala mujer. El dolor y la soledad me llevaron a meterme en las drogas, el alcohol y las malas compañías.
“Sé que por un 'churro' de mota me prostituí y eso me costó mi matrimonio. De nada vale arrepentirse, ya hice mucho daño.
“Cuando entregué a mis hijos a su papá, sentí que entregaba la vida misma. Me dieron la oportunidad de rehabilitarme y dejar de tomar y drogarme.
“Busqué un trabajo, pero este vicio ha sido más fuerte que yo.
“Sólo puedo ver un día a la semana a mis hijos y a veces ni los veo porque amanezco todavía borracha. O de plano no tengo dinero ni para el camión.
“Estoy yendo al psiquiatra y a rehabilitación para curarme y estar bien con mis hijos. Quisiera recuperar a mi marido y tener otra vez mi familia”.

*Perito en Psicología Forense
azul.iv@hotmail.com




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